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Capítulo 59

Author: Yamila Rivera
Jimena volteó a ver a Julieta, se acercó, la ayudó a ponerse de pie y le colocó el abrigo.

Héctor estaba en el estudio del segundo piso.

Julieta subió en el elevador, llegó a la puerta del estudio y llamó antes de entrar.

Héctor estaba atendiendo una llamada de trabajo.

Julieta se sostuvo la cintura y avanzó despacio hacia el interior.

Héctor dijo un par de frases más a la otra parte y colgó.

Julieta se quedó de pie frente a él.

Héctor preguntó:

—¿Qué relación tienes con Carlos?

Julieta se que
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    Julieta llevaba un vestido largo de seda con los hombros descubiertos y el cabello recogido sin apretar. Sin maquillaje, descansaba en el sofá mientras la brisa movía ligeramente la falda. La luz del sol suavizaba aún más sus facciones.Miraba las fotos del viaje que le había mandado Mariana. Si las cosas seguían así, seguramente no tardarían en casarse.Estaba platicando con ella cuando sintió un cosquilleo junto al oído y percibió aquel conocido aroma a madera.Julieta levantó una mano para apartar a Héctor.—¿Qué haces?Él se sentó a su lado y la atrajo hacia su pecho.—¿De qué hablan que estás tan entretenida?—Jairo llevó a Mariana a pasear.—Qué bueno. Ojalá tome un poco más la iniciativa. Aunque tampoco importa si es lento para estas cosas. Tarde o temprano, Mariana va a atraparlo como un gato a un ratón.—Si Jairo es el ratón, ¿tú qué eres?—Otro gato.—Tú eres un zorro.La sonrisa de Héctor se acentuó.—También me sirve. Y este zorro tiene hambre.Enterró el rostro en su cue

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    Mariana asintió y dejó el tema.—¿Cuándo va a llegar el desayuno? De verdad tengo hambre.—Voy a preguntar.Jairo acababa de tomar el celular cuando sonó el timbre.Puso el desayuno sobre la mesa y, al ver que Mariana salía de la recámara, la llamó:—Ven a comer.Dentro de los recipientes había varios tamales de elote, un pan y dos huevos. Todo seguía caliente.Mariana se sentó.—¿Por qué compraste tanto? ¿Crees que como por tres?Él sonrió.—Yo también puedo comer un poco.***Ninguno salió aquel día. Jairo trabajó desde el hotel y, para la tarde, a Mariana ya le había bajado la fiebre.Cuando Verónica llegó con unos documentos, Mariana fue quien abrió la puerta.Verónica mantuvo una expresión tranquila al verla.—Mariana.Ella se hizo a un lado.—Pasa. Jairo está en el despacho.Verónica entró con los documentos y Mariana no la siguió para no interrumpir.Diez minutos después, Verónica salió del despacho. Mariana estaba en el sofá, viendo la televisión.Las dos se despidieron con

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    Cuando Jairo salió de bañarse, escuchó vibrar el celular. Se acercó al sofá, vio que era Héctor y contestó.—¿Qué pasa?La voz de Héctor sonó divertida.—Muy bonitas las flores.Jairo se sentó.—Veo que tienes tiempo de sobra si llamas solo para comentar eso.—Solo quería saber de ti.—Mejor preocúpate por Julieta y deja de estar pendiente de los demás.Héctor soltó una risa y después le hizo unas preguntas de trabajo.Al terminar la llamada, Jairo abrió WhatsApp. Tenía varios mensajes, uno de ellos de Mauricio.Su carácter reservado hacía que tuviera pocos amigos de verdad.Con la mayoría solo mantenía una relación cordial.Primero le respondió a Mauricio y después contestó brevemente los demás mensajes.Todos fueron prudentes y dejaron de hacer preguntas. Solo le pidieron que les avisara cuando tuviera buenas noticias.Él respondió: “Claro.”A la mañana siguiente, Jairo se levantó, se arregló y pidió que les subieran el desayuno. Cuando llegó la comida, todavía no se escuchaba ni

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    Hasta ahora, Jairo seguía sin darle demasiadas respuestas claras, y aun así ella había vuelto a su lado.Tal vez de verdad era incapaz de alejarse de él. Además de ella, ¿quién más podría soportar ese carácter tan frío?Jairo la escuchaba con la mirada baja y una expresión tranquila que no dejaba ver lo que pensaba.Mariana lo observó con resignación. No tenía sentido seguir hablando del pasado. Era mejor mirar hacia adelante.Estaba por cambiar de tema cuando lo escuchó decir:—Perdón.Se quedó inmóvil.Jairo alzó la vista y la miró con absoluta seriedad.—De verdad siento mucho todo lo que pasó antes.Mariana respondió:—Ya que me lo estás pidiendo, te perdono.—¿Qué regalo quieres?—¿Qué?—¿Qué quieres que te regale por Año Nuevo?Ella sonrió y lo pensó un momento.—Escógelo tú. Si viene de ti, me va a gustar.Jairo asintió y bebió otro sorbo de agua con limón.Bajo la luz del restaurante, Mariana notó que Jairo tenía las orejas un poco rojas. Seguía sonrojándose con facilidad.

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    Jairo miró las rosas que Mariana le ofrecía y las recibió.—¿Así de tranquilo? ¿No te emociona ni un poquito?Jairo volvió a mirar el ramo.—Las flores están muy bonitas.Ante aquella respuesta tan seca, Mariana no supo qué más decir.Le entregó el regalo que llevaba en la mano.—Ya casi es Año Nuevo. Como no puedes volver, vine a pasarlo contigo. No iba a dejarte solo. Te preparé este regalo con anticipación. Toma.Jairo lo recibió.—¿Qué es?—Ábrelo al rato y lo verás.Él estaba a punto de darle las gracias, pero Mariana le cubrió la boca con una mano. Jairo abrió los ojos, sorprendido.Ella lo miró.—No quiero que me des las gracias.Jairo le apartó la mano con suavidad.—¿Ya cenaste?—No. He estado aquí esperándote.—Entonces vamos a cenar.—Está bien.Jairo le dijo a Verónica que se fuera a descansar. Ella asintió y se retiró.Después le preguntó a Mariana:—¿Reservaste una habitación?Ella alzó las cejas, sin responder.Jairo la miró y al final cedió con resignación:—Primero v

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    Julieta le acarició la cabeza.—Todavía faltan unos dos meses. ¿Tantas ganas tienes de conocerlo?—Quiero ver cómo es.—Cuando nazca, lo vas a saber.En ese momento, sintió un pequeño movimiento en el vientre.—Se movió.Sofía puso la mano enseguida y el bebé volvió a patear.—Mamá, ¿qué está haciendo?—Se está moviendo de un lado a otro. Anda de travieso.Sofía se quedó mirando el vientre de Julieta y habló con una voz que pretendía sonar severa:—No molestes a mamá o te voy a dar unas nalgadas.Julieta no pudo evitar reírse.Por casualidad, en cuanto Sofía terminó de hablar, el bebé dejó de moverse.—Parece que de verdad voy a tener que dejar que tú lo pongas en orden.***Durante los días siguientes, Héctor invitó a un diseñador de anillos de boda y a un equipo de diseño de vestidos de novia para que le presentaran a Julieta varias propuestas iniciales.Todavía no habían fijado la fecha exacta de la boda, solo tenían una idea de cuándo sería. En cuanto aprobaran los diseños, comenz

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