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Capítulo 959

Author: Yamila Rivera
Después de aquellas palabras, el departamento quedó completamente en silencio.

Justo en ese momento, una fuerte ráfaga de viento abrió de golpe una ventana que no había quedado bien asegurada y el marco chocó con fuerza.

Los dos gatos se asustaron y corrieron a esconderse debajo del sofá.

La lluvia también empezó a entrar empujada por el viento.

Aunque era agosto, dentro del departamento la temperatura pareció bajar de repente.

Julieta estaba justo a punto de entrar y también se sobresaltó por
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  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 960

    En la sala, Héctor sacó el celular e hizo una llamada.Carlos permaneció sentado al otro lado, escuchando en silencio.Cuando Héctor terminó, levantó la mirada hacia él y dijo con voz fría y tajante:—Mientras yo no la haya dejado ir, ni lo sueñes.Carlos no respondió.La sala volvió a quedar en silencio.Esa noche, Julieta casi no durmió.No fue sino hasta poco antes del amanecer cuando logró conciliar el sueño durante apenas unas tres horas.Al despertar, permaneció mucho tiempo recargada en la cabecera, mirando al vacío. Se veía completamente agotada.Dejó una mano sobre su vientre, pero todavía era demasiado pronto para sentir algún cambio.No sabía cuánto tiempo había pasado cuando escuchó que tocaban a la puerta.Ximena preguntó desde afuera:—Señora Julieta, ¿ya despertó?Julieta volvió en sí, se levantó y abrió.Al ver su rostro, Ximena preguntó preocupada:—¿No durmió bien anoche?—Estoy bien. ¿Ya está listo el desayuno?—Sí. ¿Quiere que se lo traiga aquí o va a comer en el co

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    Después de aquellas palabras, el departamento quedó completamente en silencio.Justo en ese momento, una fuerte ráfaga de viento abrió de golpe una ventana que no había quedado bien asegurada y el marco chocó con fuerza.Los dos gatos se asustaron y corrieron a esconderse debajo del sofá. La lluvia también empezó a entrar empujada por el viento.Aunque era agosto, dentro del departamento la temperatura pareció bajar de repente.Julieta estaba justo a punto de entrar y también se sobresaltó por el fuerte golpe.Se quedó afuera durante bastante tiempo sin atreverse a pasar. Solo cuando empezó a sentir las piernas adoloridas por estar de pie, respiró profundamente y entró cargando las cosas que había comprado.Junto a la mesa, los dos hombres seguían sentados frente a frente.En cuanto Héctor la vio, fijó la mirada en ella.Carlos, en cambio, se levantó y caminó hacia Julieta.—Compré varios sabores. No son muchas latas. Primero veamos cuáles les gustan.Julieta asintió y guardó la comi

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 958

    Julieta mantuvo la mirada baja y asintió ligeramente.Carlos tomó un par de servilletas para limpiarse las manos.Después agarró unos cubiertos limpios, se sirvió un poco de comida y comenzó a comer con total naturalidad.—La próxima vez puedes decirle a Ximena que prepare menos.A simple vista, la comida sobre la mesa parecía intacta.Julieta seguía sentada muy derecha. Sin levantar la mirada, asintió.Podía sentir claramente que Héctor no dejaba de observarla.De pronto, una silla rechinó contra el piso.Héctor se sentó frente a ella, con una expresión sombría.Julieta apretaba una y otra vez las manos entre las piernas.Carlos preguntó de repente:—¿Dónde están los dos gatos?Julieta se sorprendió un poco y volteó a mirar.—Deben estar escondidos debajo del sofá.Como si hubieran escuchado que los llamaban, Canela y Tigre salieron enseguida de debajo del sofá y fueron directamente hacia los pies de Carlos, maullando sin parar como si estuvieran quejándose.Carlos bajó la mirada hac

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 957

    Después de más de un mes sin verlo, Héctor había adelgazado bastante.Sus facciones se veían más marcadas, todavía tenía algo de barba en el mentón y unas ojeras evidentes que delataban el cansancio.Siempre había sido muy cuidadoso con su apariencia. Julieta nunca lo había visto tan descuidado.Ella se sentó frente a él y comenzó a comer en silencio.Héctor, en cambio, permaneció recargado en el respaldo de la silla sin probar bocado, mirándola fijamente.Julieta aguantó un rato hasta que finalmente levantó la cabeza.—¿Ya comiste?La voz de Héctor llevaba un evidente tono de molestia.—De todos modos, esto no lo prepararon para mí.Julieta respondió con paciencia:—Entonces, ¿qué quieres comer? Le digo a Ximena que te prepare otra cosa.Héctor la miró fijamente.—Quiero comerte a ti.La mano de Julieta se detuvo.Dicho por él, aquello no sonó especialmente insinuante. Más bien parecía una amenaza.Ella apretó los cubiertos y respondió con frialdad:—Comerse a una persona es ilegal.

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 956

    Héctor estaba vestido completamente de negro y permanecía de pie frente a la puerta, con una expresión tan fría que resultaba intimidante.Julieta todavía llevaba una ligera sonrisa en el rostro, pero en cuanto lo vio, su expresión se apagó.—¿A quién estabas esperando?Su voz era muy baja, pero bastó para que Julieta se pusiera tensa.Apretó la tela de su ropa a un costado y trató de mantener la calma.—¿Qué haces aquí?Héctor la miró fijamente y avanzó un paso.Julieta retrocedió por instinto.Al notar su evidente rechazo, el rostro de Héctor se volvió todavía más frío.—¿Qué pasa? ¿Hay algo ahí adentro que no quieres que vea?Julieta ni siquiera alcanzó a responder cuando Héctor pasó junto a ella y entró.Apenas llegó a la entrada, vio un par de pantuflas de hombre y se detuvo en seco.El ambiente se volvió tenso al instante.Canela y Tigre corrieron hacia la entrada, pero apenas se acercaron a Héctor comenzaron a maullar con fuerza.Héctor bajó la mirada hacia ellos y los dos gatit

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    Jairo estaba a punto de seguir caminando cuando, al escuchar eso, volvió a detenerse.—Sí, están bonitas.Mariana miró su rostro inexpresivo y enseguida se sintió un poco molesta.—Aprendí a envolverlas yo misma y ¿lo único que vas a decir es que están bonitas?Jairo volvió a mirar el ramo y luego la expresión claramente decepcionada de Mariana, sin entender en absoluto cuál era el problema.—¿No acabo de decir que me gustan?Mariana estuvo a punto de poner los ojos en blanco.—Olvídalo. Con que a ti te parezcan bonitas, basta.Se dio la vuelta y caminó hacia el Rolls-Royce estacionado junto a la acera. Era el carro que había ido a recoger a Jairo, así que, por supuesto, lo reconocía.Después de avanzar unos pasos, volteó.—¿No vienes?Solo entonces Jairo la siguió.Mariana subió al carro con él como si fuera lo más natural.—Pensé que irías directo a Sombrales a ver a Julieta.—Iré en unos días.—¿Héctor ya sabe que él y Julieta están divorciados?—Todavía no.Mariana estaba a punto

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