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3: Mujeres interesadas

Author: Isa92
last update publish date: 2026-10-07 05:55:53

Sentí como si el corazón se fuera a salir de mi pecho; pensaba en aquel hombre que me había salvado justo el día de hoy. Pero la voz era muy delicada y también la mano; fue entonces que me di cuenta de que no estaba delante de un hombre, sino de una mujer.     

—Por suerte pude encontrarte caminando en la calle. —Jean me miró con reproche—. Las personas se han vuelto locas; no puedes venir a salir cuando no dejan de hablar de ti en redes sociales.

—No me puedo quedar encerrada toda la vida; sabes bien que debo cubrir gastos y, hasta el momento, nadie me ha dicho que me va a mantener.

—Entonces yo te mantengo, pero no vas a exponerte a las burlas de esos idiotas. En serio que la humanidad cada día está más perdida; mira que hacer burla a una persona que se cae es de retrasados mentales.

—No, te equivocas y tengo que corregirte. —Me solté del agarre de Jean y la quedé mirando directamente a sus ojos en medio de aquella oscuridad—. Es una gorda la que ha caído; todo hubiera sido diferente si tú hubieras caído. Eres una modelo delgada al final de cuentas y ten por seguro que manos que te ayudarían te hubieran sobrado en caso de que te cayeras.

—No te denigres como persona, no dejas de ser un ser humano que merece respeto.

—No, si es que no soy yo la que se denigra como persona; son los demás con esos comentarios tan llenos de odio. En serio, te juro que jamás de mi parte me he maltratado; ese trabajo se lo dejo a los demás y no a mí.

—Bueno, hay que dejar de hablar y mejor vamos a tu apartamento. —Jean se asomó hacia la calle—. Ya no hay nadie; uno de mis carros lo tengo estacionado aquí cerca.

Por suerte, el carro que Jean había llevado en esta ocasión era polarizado; había algunas personas que me buscaban en los alrededores, así que al final ella terminó por llevarme a su edificio.

—Creo que es una buena idea que te quedes conmigo en estos días, al menos hasta que todo este escándalo se vaya al demonio.

—Está bien —bajé del carro con total rendición—. Supongo que no tengo más opción que esta.

Al llegar al edificio fuimos recibidos por el portero, en el momento en que él me miró fue que saludó respetuosamente y agradecí por ello.

—Gracias por no decir nada del vídeo, Tom —lo abracé con fuerzas y él me dió palmaditas en la espalda —eres un buen amigo.

—Señorita Kensy —él me miró con una sonrisa y sus arrugas se notaron más —es una alegría volver a verla, por lo otro ni se preocupe que aquí vamos a estar para cuidarla en todo momento.

—Tom —la voz amable de Jean hizo girar a aquel hombre —Kensy se va a quedar con nosotros por unos días, necesito que mientras ella se encuentra aquí le ayudes en todo lo que necesite y especialmente no la dejes salir del edificio bajo ninguna circunstancia, las personas se han vuelto locas y ahora andan acosando a mi amiga.

—No se preocupe que todo se va a hacer como lo está solicitando.

Luego de agradecerle a Tom, nos fuimos al apartamento de Jean. Aquel sitio tenía una calidez que era una especie de caricia para los tormentos que estaba pasando.

—¿Qué es lo que haces? —Jean puso un vaso con leche a mi lado —deja ese periódico de lado y toma esto, te va a ayudar a calmarte.

—Necesito buscar trabajo —respondí mientras tomaba un sorbo de la leche tibia que ella me había servido —puedo hacer ambas cosas sin problema alguno, así que no te preocupes por ello.

—En serio tienes que dejar de pensar en conseguir trabajo en estos momentos, debes de esperar que las cosas se calmen un poco porque si llegas a poner tu trasero gordo y redondo de este edificio pues ya sabemos que las personas te van a comenzar a perseguir.

—Voy a correr el riesgo, no tengo mucho dinero ahorrado y no me puedo dar el lujo de quedarme sentada esperando que las cosas se arreglen. Hay cosas por hacer y gastos que cubrir, así que vamos resolviendo los problemas más importantes en estos momentos.

—¿Y si te doy trabajo? —Jean ofreció totalmente emocionada —podrías ser mi asistente personal.

—No me encuentro interesada, sabes bien que al ser tu asistente personal estaría bajo los reflectores siempre y es algo que me pone nerviosa.

—No entiendo tu terquedad de vivir lejos de los reflectores cuando es todo tan emocionante, esto te ayudaría mucho a conocer personas importantes que te pueden sacar de muchos apuros e incluso ir progresando en la ciudad.

—No me encuentro interesada —encerré en un círculo un anuncio —pero de igual manera te agradezco las cosas, en serio que sí.

Miré varias ofertas de trabajo y luego dejé de lado el periódico, fui a sentarme al ventanal que daba justo a la ciudad, Jean no me dejó sola y se sentó frente a mí con ambos pies encima de aquel sofá.

—Deja de pensar tanto en las cosas, créeme que va a llegar un momento en el que todo esto se vaya al demonio y te dejen en paz. Mira que sé bien lo que digo, al final de cuentas he pasado por varios escándalos y ya todos ellos se han olvidado por completo.

—Lo sé, pero lo que espero es encontrar un trabajo igual de tranquilo que el de la biblioteca. En serio que me gustaba ese puesto, era demasiado emocionante.

—¿Es emocionante trabajar en una biblioteca? —Jean me preguntó con una ceja alzada —tiene que ser una broma, yo no miro lo emocionante.

—Lo es, al menos para mí lo era. Leer todos esos libros donde las parejas eran felices después de pasar por tantas dificultades era una especie de cura para mi corazón tan maltratado por estos asuntos del amor, creo firmemente que mi media naranja no existe o si existe ya me la comí y por eso no la encuentro —me reí y miré como Jean le daba vuelta a sus ojos hasta dejarlos en blanco —¿Qué? Es verdad, al final de cuentas las personas que han llegado a mi vida solo me hacen creer que estoy mejor sola y no con ellos.

—Es porque no has encontrado a la persona que se encuentra deparada para ti, pero nada más. Tienes un corazón tan grande que no te cabe en el pecho.

—Eso es un problema cardíaco muy serio —respondí con ironía y comencé a reír ante la mirada de enojo de Jean —ya, ya, en serio no tienes que enfadarte conmigo. Me cansé de esperar algo que probablemente no va a pasar nunca y creo que lo mejor es resignarme a que nací para estar en soledad total y no tiene nada de malo porque al final de cuentas esto no me ha hecho daño, en cambio las demás personas sí.

—Va a llegar el hombre a tu vida que se va a enamorar de cada parte de ti.

—¿Sabes? —me reí al escuchar a Jean decir esto —no me imagino a nadie enamorándose de cada parte de mí. No cuando hay tantas que a mí no me gustan.

—Si te vieras con mis ojos las cosas serían totalmente diferentes, eres una mujer muy hermosa. Pero te has descuidado demasiado, no eres femenina —ella se acercó a mí y acarició mi rostro —tu piel es privilegiada, ni siquiera sigues una rutina de cuidado de piel y la tienes totalmente lisa; sin ninguna imperfección.

—Por favor, tengo los cachetes rojos y cada vez que me encuentro molesta o muy avergonzada se ponen peor. Quisiera no tener esto, en serio que sí.

—¿Acaso quieres tener anemia? —Jean me miró como si estuviera desquiciada —¿Te has vuelto loca? Tienes las mejillas sonrosadas y tu piel es totalmente blanca, muchos quisieran tener esto.

—¿En serio? Pensé por un momento que esto no era nada especial.

—Claro que lo es, entiendo que las demás personas te vengan a menospreciar, pero tú no tienes que hacer lo mismo. Sinceramente no entiendo cómo es que se atreven a tratarte de la manera que lo hacen cuando ni siquiera te conocen.

—La moral tiene criterios estéticos, es por eso —sonreí con suficiencia —si matas a una cucaracha, eres un héroe. Si matas a una hermosa mariposa, eres malo. Lo mismo sucede conmigo, al ser de un físico diferente vienen a condenarme, no entro en los estándares de belleza de la sociedad y aunque antes no me afectaba tanto tengo que reconocer que ahora pesa demasiado.

—Dime qué es lo que ha cambiado.

—Al querer conocer a las personas para ver si de alguna manera me aceptan como su pareja me he dado cuenta que hay demasiadas mujeres que cometen errores que hacen que nos generalicen. Por ejemplo me he topado con hombres que creen que voy a estar pagando compañía, los peores son los que comienzan a salir con problemas en cuanto me conocen diciendo que necesitan dinero y que si les puedo hacer un préstamo; en serio que me pregunto si esos seres se pueden llamar hombres —le di la vuelta a mis ojos hasta dejarlos en blanco —un hombre que no puede tener dinero, simplemente no sirve para nada. Pero ve a ver, si yo pido que me inviten a comer, me dicen que soy una interesada…

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