LOGINPunto de vista de IslaDiego estaba en su uniforme de gala, y estaba de pie muy erguido, y su mandíbula estaba apretada, y no miraba a nadie más que a Camila.Camila caminó por el pasillo sola, y no necesitaba que nadie la entregara. Su barbilla estaba en alto, y sus hombros hacia atrás, y no disminuyó la velocidad, porque caminaba de la manera en que caminaba hacia un salón que pretendía poseer.Se detuvieron frente a mí, y sus manos estaban cálidas, y tomé ambas manos."Camila," dije, y nadie se movió, y mi voz llevó a través del salón. "Has sido mi hermana desde que éramos niñas. Fuiste la primera loba que alguna vez creyó que no maté a mi madre, y fuiste la primera loba que vino a buscarme cuando regresé."La barbilla de Diego se levantó. "Diego. Eres callado, y eres firme, y nunca has pedido nada que no hayas ganado."El salón estaba en silencio mientras los miraba a ambos."El amor no es un reclamo," dije. "No es un contrato, y no es una jaula. Es una elección que dos lobos hace
Punto de vista de IslaSofía despertó sabiendo que algo estaba pasando y no sabía qué era. Su cabello estaba plano de un lado por la almohada.Estaba de pie en medio de la suite del Alfa con su pequeño camisón con los puños en las caderas y su cabeza inclinada, y escuchaba el ruido que subía del patio. La ventana estaba abierta, y el olor a pino y carne asada entraba con el ruido, y arrugó su nariz dos veces, para asegurarse.Cruzó hacia la ventana, y su aliento empañó el cristal, y presionó sus manos planas contra el alféizar y miró hacia abajo."¿Qué es eso?" preguntó Sofía."Una boda," respondí. Giró su cabeza hacia mí."¿De quién?" preguntó."Dos bodas," dije. "Camila y Diego, y Sebastián y Ellie." Los contó con sus dedos.Sofía lo pensó por un largo momento. Su barbilla se levantó."¿Puedo tener una boda?" preguntó."Algún día," respondí. Asintió una vez, como si el asunto estuviera resuelto.Mateo estaba en la ventana con sus manos detrás de su espalda, y sus hombros estaban rel
Punto de vista de IslaSebastián estaba en la mesa del consejo, y estaba haciendo su trabajo, y estaba presente en cada manera que importaba. Su silla estaba en su lugar habitual.Leía los informes de la frontera, y respondía las preguntas de Mateo, y escribía sus notas en los márgenes con su letra pequeña. La punta de su pluma raspaba en el papel. Cuando la reunión terminó, recogió sus papeles y salió del salón solo mientras el resto de nosotros íbamos a las mesas.Los demás salieron hacia el salón, y yo me quedé en la mesa por un momento. Lo noté.Lo vi irse, y la puerta del salón se cerró detrás de él. El pestillo se trabó, y nadie más en la mesa pareció notarlo.Esa noche se lo mencioné a Mateo. El fuego se había consumido hasta un resplandor bajo y constante."Tomó la patrulla nocturna otra vez." Me senté en el borde de la cama con mis botas en la mano."La ha tomado cada noche durante un mes," respondió Mateo, y estaba desatando las suyas. La habitación olía a humo y aire frío d
Punto de vista de CamilaRevisé mi reflejo en la plata pulida sobre el recipiente tres veces antes de salir de mis aposentos.La primera vez, mis trenzas estaban desiguales. La segunda vez, mi cuello estaba torcido. La tercera vez, todo estaba donde debía estar, y aún así no salí, porque mis manos temblaban y no quería que nadie las viera.El fuego en mis aposentos se había consumido hasta nada mientras me vestía, y la habitación estaba fría, y no me importó.'Has luchado contra lobos del doble de tu tamaño,' me dije a mi reflejo. 'Has sostenido una hoja en la garganta de un hombre moribundo, y has enterrado amigos. Puedes entrar a un salón.'Recogí mi capa y salí. El corredor estaba en silencio, y los guardias de la guardia matutina asintieron cuando pasé, y les asentí de vuelta.La cabalgata a Sierra Luna tomó dos días.Isla cabalgó a la cabeza de la columna con Mateo a su lado, y yo cabalgué detrás de ellos con la guardia, y el camino corría hacia el sur y luego hacia el este. En l
Punto de vista de IslaLa colina donde estaba enterrada mi madre estaba sobre el asentamiento, y el camino hacia arriba era empinado, y Sofía lo caminó ella misma y no pidió que la cargaran.La piedra estaba limpia, y alguien había mantenido la maleza a raya, y había un pequeño ramo de flores secas en ella que había estado allí por un tiempo."Esta es tu abuela," dije. "Se llamaba Sofía, como tú."Sofía miró la piedra."Está muerta," dijo, y no era una pregunta."Está muerta," respondí."¿La amabas?" preguntó Sofía."La amaba mucho," dije.Sofía lo pensó por un momento. Entonces se agachó y recogió una pequeña flor de la hierba junto a la tumba y la puso en la piedra.Retrocedió y la miró, y puso sus manos detrás de su espalda de la manera en que lo hacía cuando estaba orgullosa de sí misma."Ahí está," dijo.No lloré. No necesitaba hacerlo.La primera carta llegó en la segunda noche, y la segunda carta llegó en la tercera, y para el final de la primera semana, había una pila de ellas
Punto de vista de IslaSofía decidió que iba a ponerse sus propios zapatos, y no iba a ser ayudada.Estaba sentada en el suelo de la suite del Alfa con su espalda contra la cama y un zapato en su mano, y estaba tratando muy duro de hacer que la hebilla funcionara. Su cara estaba roja de esfuerzo, y su lengua estaba entre sus dientes, y no iba a ser ayudada.La alfombra estaba cálida por el fuego, y sus zapatos eran los pequeños de cuero que Marisol le había hecho para el invierno, y eran demasiado grandes para ella y no lo sabía."Puedo hacerlo," dijo Sofía."Sé que puedes," respondí, y me senté en el suelo a su lado, y no alcancé el zapato.Mateo estaba en la puerta con sus brazos cruzados."Tiene dos años," dijo."Tiene dos años, y puede ponerse sus propios zapatos," respondí."No puede," dijo."Puede," dije, y vi a Sofía pasar la hebilla por el ojal.Levantó la mirada hacia mí con toda su cara iluminada, y no dijo nada, y no necesitaba hacerlo.Mateo nos acompañó a la puerta.La ma







