FAZER LOGINMi esposa, Norma Estévez, presidenta de la compañía, se enteró de que yo le había cedido a Manuel Anaya, su asistente favorito, un proyecto valuado en diez millones de dólares. Creyó que esos tres meses de ley del hielo por fin habían funcionado. Feliz de la vida, fue ella quien me propuso irnos al extranjero de luna de miel. Pero, en cuanto Manuel se enteró, se llenó de celos y armó un escándalo diciendo que iba a renunciar. Norma, que siempre lo consentía, entró en pánico. Después de pasarse tres días y tres noches consintiéndolo, volvió a cancelar nuestra luna de miel con la excusa de un viaje de negocios y le dio a él el otro boleto. Más tarde, me explicó con total indiferencia: —El amor es lo de menos. El trabajo es lo más importante. Como presidenta, debo poner la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposo, deberías entenderlo, ¿no? Miré la publicación que Manuel acababa de subir a sus redes, junto con una foto de ellos dos con las cabezas juntas, haciendo un corazón con los dedos. No dije nada, solo asentí. Norma creyó que me había vuelto más generoso y comprensivo, y pareció quedar muy satisfecha. Incluso aseguró que, cuando regresara al país, me lo compensaría con una luna de miel aún más romántica. Pero ella no sabía que yo ya había presentado mi renuncia. Y tampoco sabía que el acuerdo de divorcio ya llevaba estampada su firma. Entre ella y yo, ya no habría ningún después.
Ver maisEn ese llanto había arrepentimiento y desesperación.Pero yo sabía que no lloraba porque de verdad estuviera arrepentida. Lloraba porque nunca imaginó que recibiría un castigo así.Aunque pudiera volver a empezar, ella elegiría el mismo camino de antes.Como era de esperarse, Norma perdió el caso. La contraparte le exigió pagar el triple del anticipo, y la suma total casi llegó al millón de dólares.La empresa no tenía suficiente flujo de efectivo. Norma sacó todos sus ahorros, vendió todo lo que tenía de valor, y aun así le faltaban cientos de miles de dólares. Al final, no tuvo más remedio que disponerse a vender la pequeña casa que había comprado a escondidas.Pero cuando fue a venderla, descubrió que el nombre en la escritura ya había cambiado. Era el de Manuel.Cuando se supo la noticia, nadie se sorprendió.Con lo mucho que Norma confiaba en él, poner una casa a su nombre era algo demasiado fácil.—Tú misma dijiste al principio que ibas a regalarme esta casa. Así que la puse a mi
El día que le llegó la notificación del juzgado, Norma volvió a buscarme para pedirme ayuda.La lluvia caía a cántaros entre truenos. Ella estaba de pie bajo el aguacero, llorando hasta quedarse sin voz, disculpándose una y otra vez conmigo, pidiéndome que le diera otra oportunidad y jurándome que nunca volvería a cometer un error así.Cerré las cortinas, me puse tapones en los oídos y me acosté en mi cama mullida.No sentí la menor compasión.Ella solo había pasado una noche bajo la lluvia, pero mis cinco años de matrimonio habían sido una humedad que me caló hasta los huesos.Creí que, si yo no salía, Norma terminaría yéndose por su cuenta. Pero quién iba a decir que, cuando amaneció al día siguiente, seguía parada frente al edificio.La lluvia le había empapado el cabello, dejándoselo pegado a las mejillas. Su rostro pálido no tenía ni rastro de color.Nunca la había visto tan destrozada.No quería verla, pero tenía que ir a trabajar.Tal como esperaba, apenas salí de casa, Norma ca
En ese momento, Norma por fin encontró mi solicitud de renuncia.Al ver mi nombre en la solicitud, abrió los ojos como platos y retrocedió tambaleándose.Luego soltó una maldición.—¿Quién aprobó tu renuncia? ¿Acaso no saben cuál es tu relación conmigo?Norma llamó a la empresa como si hubiera perdido la razón.Del otro lado contestaron pronto.Pero antes de que la otra persona pudiera hablar, Norma empezó a insultarla.—¿Lo consultaste conmigo? ¿Quién te autorizó a actuar por tu cuenta?—Pero, señora Estévez, usted antes dijo que…—¿Qué dije? ¿Dije que lo dejaras ir? ¿No sabes que es mi esposo? ¿Cómo haces tu trabajo? ¿Ya ni siquiera sabes quién manda aquí?—¡Ahora mismo te vas de la empresa! ¡No quiero volver a verte!Norma la reprendió con furia. Después, me miró con una expresión conciliadora, casi como si quisiera congraciarse conmigo.—De verdad no pensé que ella fuera a tratarte así. Vuelve, ¿sí?Parecía que estaba fingiendo defenderme. Pero si no hubiera sido por su consentimie
—¿No revisaste ese proyecto?Al parecer, ella también se había acordado de eso.Antes, cuando ella me quitaba los proyectos y se los entregaba a Manuel, yo siempre me quedaba intranquilo. Cada vez terminaba corrigiendo por él documentos plagados de errores, hasta dejar el proyecto listo.Pero cada vez, Norma sonreía y me reprochaba que me metiera donde no me llamaban. Decía que Manuel podía hacerlo solo.Y cuando algo salía mal, Norma también me echaba la culpa a mí. Me reprochaba no haber revisado con suficiente cuidado, como si errores tan evidentes fueran responsabilidad mía.Así que esta vez ni siquiera lo miré.Ella decía que Manuel podía hacerlo solo, entonces yo le di la oportunidad de llevarse ese mérito.—No —respondí, negando con la cabeza.Norma frunció el ceño con fuerza.Al ver que estaba a punto de estallar, dije con calma:—Ese es el trabajo de Manuel, no mi responsabilidad. No tengo derecho ni obligación de meterme en eso.—Pero eres mi esposo.—¿Y eso qué cambia?Solté












Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.