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Capítulo 4

مؤلف: Hugo Rico
Antes, cada vez que decía que estaba enojada, yo obedecía sin protestar. Pero al parecer ella nunca entendió que yo no le tenía miedo a su enojo.

Solo pensaba que ya estaba bastante cansada ocupándose de la empresa, y no quería darle más preocupaciones.

Ahora por fin entendía que yo hacía todo lo posible por aliviarle la carga, pero sus problemas siempre se los buscaba ella misma.

Si era así, ¿para qué iba a seguir metiéndome donde no me llamaban?

Le escribí:

—Si saliste sin llevar tarjeta, puedes pedirle ayuda a tu asistente. También puedes pedirle a Manuel que pague primero. Al final, este viaje de negocios es por su proyecto. No tiene nada de malo que él cubra el gasto por ahora.

Después de enviarle el mensaje, apagué el celular y conduje directo a casa para empacar mis cosas.

El departamento lo había comprado yo de contado. Era el tipo de departamento que a ella le gustaba, en el piso que siempre había querido. En aquel entonces, incluso quise poner su nombre en la escritura. Pero, por alguna razón, se me cruzó un pensamiento por la mente y terminé dejándolo solo a mi nombre.

Ahora que lo pienso, me alegra haberme dejado una salida.

Después de empacar, puse el departamento a la venta con una agencia inmobiliaria.

Al día siguiente, fui al Registro Civil y entregué el acuerdo de divorcio ya firmado por los dos.

Cuando le pedí que firmara el acuerdo, todavía estaba pensando en cómo explicárselo. Pero en ese momento ella tenía prisa por bajar con su equipaje. Ni siquiera lo leyó. Solo pasó las páginas hasta la última y firmó su nombre.

—Léelo —le dije entonces, aferrándome a una última esperanza.

—No hace falta. Eres mi esposo. ¿Acaso no puedo confiar en ti?

Sonreí con amargura.

Antes, la confianza que tenía en mí ni siquiera se comparaba con la que le tenía a Manuel.

Esa supuesta confianza no era más que una forma de despacharme rápido, porque tenía prisa por tomar el vuelo y acompañar a Manuel en el viaje que debía ser nuestra luna de miel.

Pero también me ahorró muchas explicaciones.

Sin embargo, cuando entregué los documentos, la funcionaria me dijo que todavía necesitaban confirmar con la otra parte que la relación estaba irremediablemente rota para poder iniciar el trámite de divorcio.

Saqué las fotos cariñosas que Norma y Manuel se habían tomado. También mostré la foto de nuestra boda que ella había destruido por culpa de Manuel.

Aun así, la funcionaria negó con la cabeza.

—Ella tiene que confirmarlo directamente.

No tuve opción. Encendí el celular.

Apenas lo hice, aparecieron muchas llamadas perdidas y mensajes sin leer de Norma.

Como no desbloqueé la tarjeta, primero intentó convencerme por las buenas, luego por las malas, y su último mensaje era una sarta de insultos. También decía que quería divorciarse de mí.

Le mostré el mensaje a la funcionaria, pero aun así negó con la cabeza.

No tuve alternativa y marqué su número.

Tardó bastante en contestar.

—Norma, nuestra relación…

—¿Qué relación? Digas lo que digas ahora, ya no sirve de nada. ¡Me voy a divorciar de ti!

Norma creyó que, como siempre, yo la estaba llamando para contentarla, así que me interrumpió con frialdad y luego colgó.

La funcionaria por fin creyó mis palabras. Me miró con cierta compasión, recibió los documentos y me dijo que el acta de divorcio estaría lista en un mes.

Yo sabía que el divorcio del que hablaba Norma no era sincero. Solo era una amenaza.

Antes, cada vez que la hacía enojar, ella decía lo mismo.

Y siempre era yo quien no podía soportarlo, quien terminaba disculpándose una y otra vez y aceptando todas sus exigencias para que dejara de hablar de divorcio.

Ella estaba segura de que yo no quería divorciarme.

Por eso, esa se había convertido en su carta bajo la manga. Creía que, usando el divorcio como amenaza, podría conseguir todo lo que quisiera de mí.

Pero al parecer había olvidado algo: el amor es como una alcancía; si solo sacas y nunca pones nada, tarde o temprano se queda vacía.
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  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 12

    En ese llanto había arrepentimiento y desesperación.Pero yo sabía que no lloraba porque de verdad estuviera arrepentida. Lloraba porque nunca imaginó que recibiría un castigo así.Aunque pudiera volver a empezar, ella elegiría el mismo camino de antes.Como era de esperarse, Norma perdió el caso. La contraparte le exigió pagar el triple del anticipo, y la suma total casi llegó al millón de dólares.La empresa no tenía suficiente flujo de efectivo. Norma sacó todos sus ahorros, vendió todo lo que tenía de valor, y aun así le faltaban cientos de miles de dólares. Al final, no tuvo más remedio que disponerse a vender la pequeña casa que había comprado a escondidas.Pero cuando fue a venderla, descubrió que el nombre en la escritura ya había cambiado. Era el de Manuel.Cuando se supo la noticia, nadie se sorprendió.Con lo mucho que Norma confiaba en él, poner una casa a su nombre era algo demasiado fácil.—Tú misma dijiste al principio que ibas a regalarme esta casa. Así que la puse a mi

  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 11

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  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 10

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  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 9

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  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 8

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  • Le Dio Mi Luna de Miel a Otro   Capítulo 7

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