INICIAR SESIÓNMark llevó a Anabella detrás de unas telas y palmas de decoración, era un lugar bastante privado sin estar lejos de todos, un rinconcito para amantes.
—Habla rápido —espetó Anabella con los brazos cruzados—, y me vas explicando ¿cómo debo interpretar el mensaje que me enviaste?
—Lo interpretarás como lo que es, Lizzie y tú son mías y eso no cambiará nunca.
—Ah sí…, pues no entiendo cómo es eso posible si ya estamos divorciados.
Mark pasó sus manos por el cabello y se acercó mucho a ella, Anabella vio sus lindos ojos azules tristes.
—Te dije que me equivoqué, Laila arruinó mi vida en más de un sentido, aún no sabes la historia.
—No es mi problema, supongo que si te dejó con problemas ahora los has solucionado.
Mark miró hacia atrás temiendo que pudieran verlos.
—Tenía muchas deudas que me dejó Laila, iba a ir preso a una cárcel latinoamericana, no me tocó de otra que llamar a mi padre. Mi papá es amigo de Harry Wells y me puso entre la espada y la pared.
—Aceptaste que tu padre te vendiera como accesorio matrimonial de Irina Wells.
—Acepté por Lizzie y por nosotros, lo que menos imaginé fue encontrarte aquí con ese tipo.
Anabella chasqueó la lengua y rodó los ojos.
—¿Qué nos has dado a Lizzie y a mí?, hablas de sacrificarte por nosotras, yo solo te veo bien vestido en autos de lujos y comprometido con una millonaria que para que sepas es gay…
Mark pasó las manos por su cabello.
—No es gay, es bisexual y una verdadera degenerada, ten cuidado de que alguien te escuche hablar de esa mujer, Irina es peligrosa, una verdadera psicópata, ninfómana, desquiciada.
—Pues debes estar gozando de lo lindo, era lo que querías: atención y sexo desmedido con alguien que te diera toda su atención —nombró Anabella enumerando con los dedos—, ahora puedes tenerlo.
—Anabella te dije que me arrepentía, pero no puedo devolver el tiempo, no puedo deshacer mi error con Laila que fue quien arruino mi vida, cosa que tú tuviste la culpa al meterla en nuestras vidas.
Anabella exhaló aire y mantuvo la boca abierta sin poder creer el descaro de ese hombre.
—No recuerdo haberte dicho que te metieras entre sus piernas, ni que te enamoraras de ella, porque me dijiste que la amabas.
—Yo estaba solo, luchando en trabajos mediocres donde solo recibía humillaciones, llegaba a casa y tú no estabas, pero para tus amigas sí tenías tiempo; le contabas de nuestras cosas y luego ella me las decía en el peor sentido, me envenenó en tu contra y todo porque creía que mi padre me daría fortuna sin ti, pero ya él tenía planeado que yo me uniera a Irina Wells y tampoco quiso saber nada de mí aunque me había divorciado de ti.
—Pues obviamente siempre fui tu piedra de tranca, no me dirás que pensaste que solo con liberarte de mí obtendrías la gracia de tu padre o no lo hubieras buscado cuando nos divorciamos.
Mark negó con la cabeza.
—Estás determinada a odiarme, igual que mi familia —Anabella pudo ver como una lágrima recorrió su mejilla—, para mi padre solo soy una pieza de ajedrez, jamás supe lo que era amor hasta que lo tuve contigo y Lizzie, ella es parte de ambos, la prueba de que nuestro amor fue real y que podemos recuperarlo.
Anabella desvió la mirada, las palabras de Mark eran las que quería escuchar, como si él hubiera podido entrar a sus deseos ocultos y ahora los utilizara contra ella.
—Siento que no te lleves bien con tu familia, sé que son gente que no te enseñaron lo que era el amor y con tu dinámica familiar no puedo hacer nada, solo pedirte que te alejes de mí.
—Por favor Anabella, si pudieras esperar por mí, este matrimonio no será eterno, yo no la amo y ella lo sabe, esto es un negocio.
—Me dirás que tienen un contrato —dijo Anabella poniendo los ojos en blanco.
—No puedo hablar de eso Anabella, tengo un contrato de confidencialidad.
—De verdad nunca creí que llegaría el día en que me arrepentiría de haberte amado.
Anabella quiso pasarle por un lado, se sentía realmente asqueada con todo esto, pero Mark la sujetó de un brazo.
—No quiero que lo digas en pasado Anabella; no quiero verte al lado de ese hombre, tú eres mía.
Anabella se deshizo de su agarre.
—No tienes derecho sobre mi vida y ni siquiera a la vida de Lizzie. A tu hija no le falta nada, ella cuenta conmigo, si quieres una mujer tienes a tu prometida y si quieres más hijos tenlos con ella.
Mark no le permitió que se alejara y la haló hacia él y pegó sus labios a los de ella, incluso lastimándola por la desesperación.
Anabella lo dejó hacer, se quedó quieta esperando sentir la electricidad recorrer su cuerpo como cuando John la besa, pero la rabia, el dolor eran más grande, entendió que lo que sentía por Mark seguía siendo enorme, pero estaba destruido, como un edificio que se cae y ahora ocupa más espacio, pero todo es escombros y no habitable, ella no podía vivir con el amor de Mark, tampoco quería quedarse y esperar que una vez más le rompieran el corazón, así que lo empujó con todas sus fuerzas para que se separara de ella.
—Por favor Anabella —pronunció Mark con voz estrangulada por el dolor y la pena—, sé que tienes derecho a sentir rabia y odiarme, sé que metí la pata y me odio por ello; en toda mi inútil vida gobernada por los designios de mi padre tú has sido lo único que yo elegí, tú y yo somos familia, sabemos lo que es el rechazo de nuestros padres, tú que ni siquiera conociste al tuyo, y yo que desearía que no existiera el mío.
—Nuestro error fue empecinarnos en seguir juntos cuando todo nos mostraba que era mala idea, aunque agradezco a Dios por mi hija, lamento haberte conocido.
—No, por favor no me digas eso —rogó Mark—, siempre escuchamos que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y yo siento que me ahogo sin ti, quisiera que tú y yo tuviéramos de nuevo la oportunidad de luchar juntos y aún podemos hacerlo Anabella.
Anabella lo vio tan desesperado, jamás lo vio así, Mark era orgulloso, detestaba mostrar inseguridad y ahora le rogaba con sus ojos anegados de lágrimas.
—Debiste pensarlo antes, Mark.
—Ya atravieso un calvario sin ustedes, créeme Anabella.
Anabella achicó los ojos y se irguió en toda su altura y lo miró a los ojos.
—Vámonos —dijo Anabella determinada—, mudémonos de New York, tengo un trabajo que estoy segura puedo tener en Anaheim, tú puedes empezar de nuevo allá, Lizzie estará mejor con el clima, incluso hay un lugar que podemos rentar para vivir, pero debemos luchar juntos por sacar adelante a nuestra hija y nuestras vidas ¿qué me dices? —Anabella lo retó y Mark hizo lo que ella esperaba, dio un paso atrás.
—No puedo darle la espalda a mi padre y quedarme sin nada, mucho menos ser tu mantenido, yo soy un hombre.
Anabella afirmó con la cabeza, segura de su respuesta, e incluso comprensiva hacía él que era un pobre niño rico.
—Te entiendo, toda tu niñez la viviste sin conocer lo que era el sacrificio y el trabajo arduo…
—Trabajo arduo dices —aguantar a Irina Wells es un trabajo arduo, solo puedo tolerar acostarme con ella imaginando que eres tú.
Con eso Anabella enfureció.
—¡¿Estás seguro de que es a mí a quién imaginas?! No será a Laila que amabas tanto —inquirió furiosa.
—Anabella…
—No… Te di una salida y no la tomaste, ahora déjame en paz.
—Anabella tú y yo aún podemos estar juntos, al menos hasta que pueda divorciarme, porque lo haré, entonces tendremos recursos para vivir. Tú siempre hablas de sacrificios, este sería el nuestro.
—¿Quieres que sea tu amante? —le preguntó Anabella en voz baja y sonriendo.
—¡Mark! —Ambos escucharon la voz femenina y Mark se separó de Anabella como si fuera infecciosa—, querido te estaba buscando por todas partes, mi padre anunciará nuestro compromiso para las fotos de la prensa.
—Claro cariño ahora voy —contestó Mark con voz entrecortada.
—¿Acaso conoces a esta secretaria? —preguntó Irina viendo a Anabella de forma despectiva, pero Anabella estaba furiosa y harta de Mark y la actitud de la jactanciosa Irina.
—Por desgracia es mi exmarido, pero no se preocupe, quédese con él; y que lastima que no tengo un moño para colocarle en su lindo cabello.
John bebía un whisky ensimismado con los antebrazos en la barra y la mirada baja.
—¿Cuales eran las posibilidades de que yo conociera a la amiga tu chica imposible? —le preguntó Jeremy sentándose a su lado
John no contestó, miró de soslayo a su primo.
—¿Qué te pasa? —replicó Jeremy sin comprender la cara de funeral de John.
—Conseguí la manera de lograr que Irina no se case —musitó John.
—Salud por eso —dijo su primo chocando los vasos—, es motivo para celebrar.
John lo hizo, pero su expresión seguía siendo seria.
—¿Pero qué te pasa hombre?, ¿tienes que hervir cachorros acaso?, ¿Por qué tu cara de pena?
John se quedó callado un instante mirando el hielo de su bebida.
—Siempre me has dicho que soy bueno para lograr que las personas hagan lo que yo quiero.
—Así es, tienes un carisma impresionante, puedes ser un titiritero de vivos, por eso eres buen abogado.
John tomó de un solo trago el contenido de su vaso.
—Entonces comenzará la función, atento a cuando suba el telón, pronto comenzará el show de títeres…
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







