Mag-log in
Me detuve al escuchar mi nombre. Clara me miró durante unos segundos sin decir nada, como si estuviera buscando por dónde empezar.—Antes sí te menospreciaba —admitió Clara con voz seria—. Creía que eras débil, que no podías despegarte de él y que no pensabas por ti misma. Roman va a heredar la familia y yo creía que no podía casarse con una mujer así y convertirla en su Donna. Pero luego me di cuenta de que yo tampoco era mejor que tú. Fingía que nada me daba miedo, pero solo quería demostrar que la que merecía estar a su lado era yo. —Sonrió con un gesto de burla hacia sí misma, aunque se le notaba algo de tristeza, y continuó—: Ahora que lo pienso, fue una gran estupidez. —Me quedé callada, pero ella siguió hablando—. Aquel día, en la gasolinera, no le recordé que faltabas tú. Lo hice a propósito. —Alcé la vista y Clara me miró a los ojos antes de continuar—: Vi con mis propios ojos cómo abrías la puerta de la camioneta y entrabas en aquella tienda de conveniencia de mierda. Cuando
Esa noche, ya era tarde cuando mi madre me llamó. Me preguntó con cariño si me estaba adaptando a vivir sola en aquel pueblo. Le respondí tranquila que todo iba bien. Ella guardó silencio al otro lado de la línea, luego suspiró y bajó la voz.—Cariño, llevaba tiempo queriendo decirte algo —confesó mi madre en voz baja—. Cada vez que volvías de un viaje con Roman, te veía con la mirada apagada. Pero tú lo querías y me daba miedo decírtelo porque no quería hacerte sentir mal.Me ardieron los ojos al escucharla y apreté el teléfono contra la oreja.—Mamá, ¿de verdad fui tan tonta? —le pregunté con un nudo en la garganta.—No, hija. No fuiste tonta —me aseguró tras una risa suave al otro lado de la línea—. Cuando somos jóvenes, nos empeñamos en perseguir lo que creemos que nos tiene reservado el destino. Si al final encuentras la manera de salir de ahí, todo habrá valido la pena.Le di la razón con un murmullo. Después de colgar, apoyé los brazos en el borde de la ventana de mi depart
Roman se empeñó en quedarse en aquel pueblo costero durante cinco días enteros. El heredero que se creía por encima de todos aparecía cada día, a la misma hora, en la esquina de mi calle.A veces mandaba a sus guardaespaldas con agua con gas importada, de la más cara. Otras veces me llevaba él mismo comida italiana de un restaurante de lujo. Hasta mandaba traer en avión unos postres franceses que yo solo había mencionado una vez, de pasada, mientras estábamos en la cama.Si hubiera hecho todo aquello seis meses atrás, me habría emocionado tanto que no habría podido dormir. Ahora, en cambio, ese cariño que llegaba tan tarde me parecía absurdo.Al quinto día, Clara no aguantó más y vino a buscarme. Esta vez llegó sola. Se quedó al principio de la cuadra. Tenía las facciones delicadas de siempre, pero la cara se le veía más demacrada de lo habitual.—Blair, supongo que ganaste —me dijo sin dejar de mirarme. La miré, confundida. Durante unos segundos no entendí por qué hablaba de ganar
Roman no terminó la frase. Ni siquiera él pudo inventar otra excusa que lo hiciera quedar bien, así que la terminé por él.—Solo disfrutabas de que yo te cuidara, pero te daba vergüenza que fuera tan precavida —le reproché mientras lo miraba a los ojos—. Te acostumbraste a que siempre estuviera ahí para sacarte de apuros, pero me despreciabas por no seguirte el ritmo cuando buscabas emociones fuertes. Para ti yo no era más que una niñera que debía ocuparse de las cosas aburridas, y en el fondo no valorabas nada de lo que hacía por ti.Las lágrimas empezaron a deslizarse por las mejillas de Roman. Era la primera vez que lo veía llorar. Siempre había sido tan orgulloso y arrogante, tan seguro de que controlaba todo. Ese orgullo le venía de la familia mafiosa en la que había nacido, como si el mundo entero tuviera que apartarse para dejarlo pasar. Ahora, de pie en aquel callejón húmedo junto al mar, tenía los ojos rojos y parecía un adolescente que acababa de causar un desastre.En otr
Clara llegó al anochecer, unas horas después de Roman. Se bajó del auto y caminó hacia mí a paso firme. Sus tacones golpeaban el suelo y no se detuvo hasta que me tuvo enfrente.—Blair, ¿todavía vas a seguir con esto? —me reclamó nada más ponerse delante de mí—. Roman dejó todo por venir a buscarte. Las negociaciones del cañón están paradas y hasta dejó plantadas a las familias aliadas con las que iba a reunirse. ¿Tienes idea de que llevamos seis meses preparando esos planes de expansión?La miré con frialdad. Estaba furiosa y parecía convencida de que yo tenía que darle explicaciones.—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —le pregunté sin sentir nada.Clara se quedó con la boca entreabierta. No esperaba esa respuesta. Luego apretó los labios y se acercó un poco más.—¡¿Cómo que no tiene nada que ver contigo?! —me reprochó al alzar la voz—. ¡Sabías que este viaje también incluía una reunión importante con los líderes de otras organizaciones! ¡Pero apenas cancelaste los hoteles y te h
El corazón me latió con tanta fuerza que me llevé una mano al pecho. Todo lo que organizaba con tanto cuidado no era aburrido, aunque ellos lo hubieran despreciado. Ser precavida y prever todo lo que podía salir mal tampoco me convertía en una aguafiestas. Solo había dedicado ese esfuerzo a la persona equivocada.Esa tarde fotografié un atardecer impresionante sobre la costa. Publiqué la foto en mis redes sociales sin escribir nada, solo la imagen. Diez minutos después, Roman le dio «me gusta» y enseguida me llegó un mensaje suyo por privado:«Voy a buscarte».No le respondí. Cerré la notificación y seguí con lo mío.La tarde del día siguiente apareció abajo, frente al edificio del estudio. Se notaba que había manejado toda la noche. El cabello corto, que siempre llevaba bien peinado, estaba revuelto. Bajo los ojos hundidos se le marcaban unas ojeras oscuras de cansancio. Tenía el cuello de la camisa abierto y se le veía la vieja cicatriz de la clavícula que yo conocía tan bien. Al







