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Como un Disparo Borré el Contador del Don

Como un Disparo Borré el Contador del Don

By:  EternityCompleted
Language: Spanish
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Podía ver una cuenta regresiva sobre la cabeza de las personas cuando ya habían decidido dejar a su pareja. El día que la cuenta regresiva de mi padre llegó a cero, plantó sobre la mesa del desayuno una carta de un abogado y nos abandonó a mi madre y a mí. El día que la cuenta regresiva de mi mejor amiga llegó a cero, por fin echó de su departamento a ese parásito de novio y cambió las cerraduras antes del anochecer. Por eso siempre me había aterrado ver una cuenta regresiva sobre la cabeza de mi prometido, Lucian Bellandi. Por suerte, en los siete años que llevaba a su lado, el espacio sobre su cabeza había permanecido vacío. Lucian era el Don más joven en la historia de la familia Bellandi. Era dueño de los muelles, los casinos y la mitad del dinero sucio de la zona sur, pero reservaba toda su ternura para mí. Eso cambió el mes pasado, cuando pasó a buscarme después de una subasta de los Bellandi. Levanté la mirada y unos números rojos como la sangre me hirieron los ojos. “702 días, 14 horas y 22 minutos”. Menos de dos años. Sentí que se me helaba la sangre. Busqué una explicación con desesperación. ¿Había hecho algo mal? Después, durante una tormenta de nieve junto al lago, nos encontramos con Mia Crane en la entrada trasera del Hotel Bellandi. Lucian acababa de contratarla como nueva asistente de su fundación benéfica. Tenía nieve en el cabello y las pestañas. Tiritaba de pies a cabeza, pero su sonrisa era radiante y de una inocencia conmovedora. Lucian sacó un pañuelo de seda negro del bolsillo interior de su saco y se lo entregó. Tenía una actitud tranquila. No había nada abiertamente inapropiado en ese gesto. Pero en ese momento, la cuenta regresiva sobre su cabeza cambió. “327 días, 4 horas y 47 minutos”. Más de trescientos días desaparecieron. Y entonces supe que había encontrado el motivo.

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Chapter 1

Capítulo 1

—Señor Bellandi, señorita Vale, lo siento mucho. El Muelle Sur está bloqueado y no conseguí un auto por ningún lado.

Mia subió al asiento trasero empapada por la nieve. Los hombros de su blusa de satén estaban mojados y tenía mechones pegados a la cara, pero aun así le dedicó a Lucian una sonrisa radiante.

Él sacó un pañuelo de seda negro del bolsillo de su traje y se lo tendió por encima de mi hombro.

—Sécate los ojos. No dejes que el hielo te queme la piel.

Mia tomó el pañuelo. Sus dedos rozaron el dorso de la mano de Lucian con la ligereza de un susurro, y sonrió con la mirada fija en él a través de sus pestañas húmedas.

—Gracias, señor Bellandi. Sabía que no dejaría a uno de los suyos bajo la nieve.

Él retiró la mano y frotó el volante con el pulgar.

—Una chica que hace recados para la fundación en los muelles ya la tiene bastante difícil.

En el segundo en que esas palabras salieron de su boca, los números rojos sobre su cabeza se distorsionaron. Un destello de luz carmesí parpadeó y la cifra cambió.

“289 días, 10 horas, 12 minutos”.

Una frase de lástima pronunciada sin pensar le restó más de un mes al tiempo que permanecería conmigo. Cerré los ojos. Sentí una punzada en el estómago.

—¿Hace demasiado frío aquí? —preguntó Lucian.

Pensé que me hablaba a mí y estuve a punto de decirle que estaba bien, pero Mia aspiró con fuerza desde el asiento trasero.

—Un poco. Tengo la ropa empapada. Es como tener hielo contra la piel.

Subió la calefacción y se fijó en la estola de visón gris plateado que descansaba sobre mis rodillas. La compró para mí en una subasta en Milán el año anterior. Esta noche celebrábamos el séptimo aniversario de nuestro noviazgo. Me la había puesto para la cena privada en el teatro de ópera subterráneo que reservó meses atrás.

—Elena, préstale la estola a Mia. Se va a congelar si sigue así.

Volteé a mirarlo. Las luces de la calle le cruzaban la cara en franjas irregulares. Se veía atractivo, tranquilo y franco, casi como si actuara por principios.

No dije nada. Quité la estola de mis rodillas y la pasé hacia atrás.

—Gracias, señorita Vale —dijo Mia mientras se envolvía en la prenda con una sonrisa cada vez más dulce—. El señor Bellandi tiene suerte de tenerla.

Alcé la mirada hacia la cuenta regresiva de Lucian.

“260 días, 5 horas, 8 minutos”.

Otros veintinueve días se esfumaron. El silencio se apoderó del auto, roto únicamente por la nieve que golpeaba los cristales blindados en ráfagas sordas y constantes.

Más adelante, la intersección dividía el camino en dos. Si doblábamos a la derecha, llegaríamos al teatro de ópera subterráneo, donde nos esperaban nuestros asientos. Si seguíamos de frente, iríamos hacia el antiguo edificio de apartamentos de Mia, cerca del Muelle Sur.

Lucian encendió la direccional para seguir de frente.

—¿No vamos a ir a cenar? —pregunté en voz baja. La nieve casi ahogó mi voz.

Frenó y me miró como para disculparse.

—Hay problemas en el Muelle Sur esta noche. No me parece bien dejarla allí sola. Primero la llevaremos a su casa; no nos va a pasar nada por llegar un poco tarde.

—Nos van a guardar los asientos hasta las ocho —le recordé—. Ya son las siete y media.

Lucian apretó la mandíbula y el gesto de disculpa dio paso a la impaciencia.

—Elena, Mia trabaja para mi fundación. Ahora es una Bellandi. No dejo abandonada a mi propia gente. Es solo una cena. Si nos la perdemos, mañana te lo compensaré.

—Señor Bellandi, puedo bajarme cerca de ese bar que se ve más adelante. Por favor, no arruine su cena por mi culpa.

Lo dijo con sinceridad. Pero ese tramo estaba en la zona gris entre el territorio Bellandi y el de nuestros rivales. Ninguna mujer en su sano juicio lo recorrería sola después del anochecer.

Como era de esperar, Lucian la miró con dureza.

—No seas ridícula. Esta calle no es segura esta noche.

Cuando el semáforo cambió a verde, quitó el pie del freno y siguió de frente por la intersección. A cada segundo nos alejábamos más del teatro de ópera.

Sobre su cabeza, los números volvieron a cambiar.

“201 días, 2 horas, 30 minutos”.

Desde el asiento trasero, Mia susurró:

—Muchas gracias, señor Bellandi.

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MaFer Díaz
MaFer Díaz
Empezó interesante, lo del contador en la cabeza no lo habia leido antes, por eso me animé, pero todo ocurrió muy rápido, que ni siquiera me dio tiempo de sentir algo por alguno de los 2 protagonistas.
2026-08-22 07:05:35
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