FAZER LOGINJuan matias
sofia llevaba el mismo vestido que la noche que nos conocimos. Negro, corto y ajustado. Le quedaba como un guante, y sus ojos parecían más azules por el contraste con el negro.
sofia llevaba media hora bailando con paola en la pista de baile, y yo llevaba media hora mirándola como un acosador. Recordando la primera vez que la vi. La mirada insinuante que cruzamos. Su media sonrisa seductora. Cómo bailó pegadita a mí cuando me acerqué a ella y le rodeé la cintura desde atrás. Sus labios, sus condenados labios rojos, contra mi cuello. Su mano agarrando la mía y tirando de mí hacia los baños.
—Juan matias. —Sacudí la cabeza y miré a Diego, que me observaba con suspicacia recién llegado de la pista de baile. Ni siquiera me había dado cuenta de que ya no estaba con las chicas—. ¿Te vas a quedar aquí toda la noche mirando cómo bailamos, o te vas a unir a nosotros?
—No me gusta bailar, ya lo sabes, tío. —Me encogí de hombros.
—Venga, Juan matias, con Cinthia siempre bailabas.
Hice una mueca ante la mención de mi traicionera ex.
—No menciones al diablo, por favor.
Diego se rio.
—Ni siquiera estabas enamorado de ella, Juan matias.
—Joder, ¡y menos mal! —exclamé dándole un trago a mi cubata.
—Venga, tío, vente a bailar —dijo cambiando de tema.
Mis ojos volvieron a sofia, que ahora pegaba saltos con paola al ritmo del tecno que sonaba a todo volumen.
—¿Vas a dejar de comerte con los ojos a la mejor amiga de mi novia de una vez o qué? —se mofó Diego—. La discoteca está llena de tías, Juan matias.
—Y sofia es la más guapa —se me escapó sin siquiera pensarlo.
Diego me miró sorprendido.
—Tío, no decías eso ni de Cinthia.
—Mierda, Diego, no sé por qué, pero esa chica se me está metiendo en la cabeza a saco. —Tragué saliva con fuerza y me terminé el cubata de un solo trago.
—Pero si la acabas de conocer. —Lo miré con cara de circunstancias y Diego abrió mucho los ojos—. No me digas que me has mentido, Juan matias.
—Eh...
¿Para qué negarlo, si ya me había pillado?
—Nicholas Hamilton, la madre que te parió. ¿Cuándo?
—¿Cuándo qué? —pregunté confuso.
—Que cuándo la conociste.
—¡Diego! ¡Venid a bailar! —paola apareció arrastrando con ella a sofia.
Nuestros ojos conectaron como si de dos imanes se trataran.
—¿Qué pasa, Nicholas? ¿No sabes bailar? —inquirió en tono burlón.
Los labios se me curvaron solos hacia arriba. Miré de reojo a la pareja, que estaba perdida en su propio mundo ajeno a nosotros.
—¿Quieres que te recuerde lo bien que se me da, ojazos? —susurré inclinándome hacia ella para asegurarme de que no me escuchaban nuestros amigos.
sofia soltó una carcajada.
—Juan matias, siento ser yo la que tenga que decírtelo, pero no se te da bien.
—¿Qué? De eso nada, si se me da genial.
—¿Y por qué estás aquí parado entonces? —inquirió alzando las cejas.
Sonreí con todos los dientes y la tomé de la mano, pillándola desprevenida.
—¿Qué haces?
—Demostrarte que te equivocas. —Le guiñé un ojo y ella se rio.
La llevé hasta la pista de baile y le rodeé la cintura para movernos al compás de la canción popera que sonaba.
—¡Me alegro de que te hayas animado, Juan matias! —exclamó paola, que nos había seguido con Diego hasta el centro de la discoteca donde toda la gente bailaba.
Los cuatro nos pusimos a bailar al ritmo de la música, haciendo gestos tontos, dando vueltas y pegando saltos. sofia estaba más animada que las otras veces que la había visto, supuse que el par de cubatas que se había bebido tendrían algo que ver. Se reía de mis pasos de baile y dejaba que la tomara de la mano para hacerla girar de vez en cuando.
—¿Qué? ¿Retiras lo dicho? —le dije por encima de la música.
—Juan matias, ¡no bailas bien! —exclamó entre risas mientras yo me dedicaba a pegar saltos al ritmo del tecno.
—¡Eres cruel, ojazos! —exclamé de vuelta, haciéndola reír.
La tomé de la mano y la hice girar sobre sí misma y, cuando estuvo de espaldas a mí, rodeé su cintura desde atrás y ella se estremeció.
—sofia...
—¿Sí? —preguntó bajito, sin apartarse de mí.
Cerré los ojos y me deleité con el olor de su champú afrutado. El mismo olor que recordaba de nuestro primer encuentro.
—¿Alguna vez recuerdas esa noche?
Como si se hubiera roto un hechizo, sofia se separó de mí y me miró con los ojos muy abiertos.
—Juan matias, solo fue una noche más —espetó en un susurro, mirando de reojo a nuestros amigos, que se estaban comiendo la boca ajenos a nosotros.
—Aquella noche te fuiste sin despedirte...
—Juan matias, basta. No quiero hablar de eso —me cortó ceñuda.
—¿Por qué?
—Porque no hay nada de lo que hablar. Fuimos un polvo de una noche y punto. Olvídalo —dijo entre dientes mirando con intención a nuestros amigos, que seguían en su burbuja de amor.
—¿Y si no quiero olvidarlo?
—Joder, Juan matias, no lo entiendo —dijo frustrada—. ¿Por qué?
—Esa noche... yo estaba en la m****a.
—Juan matias...
—Y cuando estuve contigo... no lo sé. Me sentí menos en la m****a.
sofia frunció el ceño.
—Suele pasar cuando echas un polvo.
Se me escapó una risa.
—¿De qué habláis vosotros dos? —intervino paola rodeándonos a ambos con sus brazos.
sofia y yo cruzamos una mirada nerviosa.
—De que ya me he terminado el cubata y voy a pedir otro —respondió sofia sonriéndole a su mejor amiga antes de escabullirse y salir pitando hacia la barra.
—¿Va todo bien entre vosotros? —preguntó paola ladeando la cabeza.
Me forcé a sonreírle y asentir.
—Tranqui, todo va de maravilla. —Le guiñé un ojo y ella sonrió encantada, volviéndose para seguir bailando con Diego, que me estaba observando con los ojos entrecerrados antes de centrarse por completo en su novia de nuevo.
Me quedé quieto en mi sitio, rodeado de gente que bailaba, bebía y se enrollaba con otra gente. Mis ojos estaban fijos en aquella melena oscura a varios metros de distancia.
sofia no volvió a dirigirme la palabra en toda la noche.
A la mañana siguiente, el seco «Ok» de sofia en el chat grupal me sacó una sonrisa demasiado tonta. Diego me vio sonriéndole al móvil mientras desayunábamos antes de irnos a clase. Inclinó la cabeza hacia la pantalla para ver qué estaba mirando y alzó ambas cejas, sorprendido. —Juan matias , ¿tienes algo que contarme? —Apagué el móvil y me metí la tostada en la boca para no tener que responder—. Juan matias —repitió Diego mirándome con fijeza. —Miauuu. —Noche se subió de un salto a la silla que había a mi lado y me miró con sus grandes ojos verdes, como si ella también quisiera intimidarme. —Buenos días a ti también, princesa. —Le rasqué detrás de las orejas y ella cerró los ojos, gustosa. —Nicholas Hamilton, ¿te gusta la mejor amiga de mi novia? Se me escapó una risa nerviosa y Diego me miró de forma acusadora. —Ya te dije que está buenísima, tío. —Me encogí de hombros para quitarle importancia a mis palabras. —Juan matias , sabes perfectamente que no me refiero a eso. —Uy,
paola, joder, que no quiero quedar todos los viernes con tu novio y su mejor amigo —ese tío con el que me había acostado ya dos veces. —Jo, sofia, pensé que ya te caían bien ahora que los conoces un poco mejor. —paola hizo un puchero a través de la pantalla. Si ella supiera cómo de bien conocía a Juan matias ... —A mí solo me caes bien tú, Bell. Ella torció el gesto. —Yo también te quiero, sofia. Muchísimo. Pero es que ahora también quiero pasar más tiempo con Diego... Pensé que la forma perfecta de combinarnos a todos era convirtiéndonos en un grupo de cuatro... Yo me sentí mal porque paola era mi mejor amiga desde que tenía uso de razón y nunca le había ocultado nada. Entonces decidí que ya no quería ocultarle lo de Juan matias más tiempo. —Tengo que contarte algo, Bell... Ella frunció el ceño. —¿El qué? —Me he acostado con Juan matias —solté del tirón. No me gustaba andarme con rodeos—. Dos veces. Sus cejas se dispararon hacia arriba y su mandíbula hacia abajo. —¿¡Q
Estás muy callado desde ayer. Pestañeé un par de veces y aparté la mirada con cara de pánfilo de mi plato de salmón para observar a mi mejor amigo, que me miraba con curiosidad. —¿Yo? Estoy como siempre —mentí descaradamente. Diego negó con la cabeza. —No, no. Llevas raro desde ayer. ¿Es porque cenaste con tus padres y tu hermano? —Joder, ni me lo recuerdes. Las dos horas de mayor tortura de mi vida —exageré de broma, aunque realmente la cena sí que había sido una mierda como siempre. El día anterior después de mi encuentro con sofia había tenido que volver a la casa de mis padres para cenar con ellos, mi hermano mayor Joe y su novia Ashley, ambos cinco años mayores que yo y ya respetados abogados que trabajan junto a mis padres en el bufete familiar de los Hamilton. —¿Qué te contaron? —No me contaron nada nuevo, ya sabes, tío, la misma mierda de siempre. Que cómo me van los estudios y que si lo he arreglado con Cinthia —dije poniendo los ojos en blanco, fastidiado. Los padr
sofia Hicimos todo el trayecto en coche hasta su piso en silencio. Juan matias puso la radio porque parecía ser una de esas personas que no soportan que no haya ruido de fondo. Llegamos a la puerta de su edificio echándonos miraditas y nos subimos en el ascensor mirándonos aún más. Solté una risa y me apoyé en una de las paredes mientras él le daba al botón del quinto piso. —Esto no tiene por qué ser raro, Juan matias —comenté divertida. Me parecía graciosísimo lo nervioso que se había puesto con mi propuesta en la cafetería, como si no nos hubiéramos acostado ya en aquel baño minúsculo. —Lo sé. ¿Tú lo ves raro? Yo no lo veo raro —respondió con esa sonrisilla engreída que llevaba persiguiéndome desde aquella noche. —Es que pareces... tenso. —¿Qué? De eso nada. —Dio dos pasos hacia mí para acortar la distancia que nos separaba, haciendo que la anticipación me recorriera de los pies a la cabeza. Pero entonces el ascensor se abrió en el segundo piso y entró una ancianita que nos saludó
Juan matias Tuve que releer el «vale» de sofia cinco veces para cerciorarme de que lo estaba leyendo bien y de que no era producto de mi imaginación. Quedamos una hora después en una cafetería cerca de su casa. A mí me pillaba un poco más lejos, pero fui con el coche y llegué diez minutos antes de tiempo. Nervioso, escogí una mesa cerca de la puerta —«por si hay que salir corriendo» como dijo sofia el día anterior— y cuando el camarero vino a tomarme nota le dije que estaba esperando a alguien. Abrí la cámara de mi móvil y me observé en ella como el idiota que era, despeinándome el pelo con una mano. Cuando me di cuenta de lo patético que tenía que parecer, me salí de la cámara y me puse a ver reels en Instagram para hacer tiempo. Puntual como un reloj, sofia entró por la puerta a las once justas. No llevaba ni una gota de maquillaje e iba en chándal, pero me seguía pareciendo la chica más guapa que había visto nunca. Qué jodido estaba... Llegó a mi lado enseguida y se sentó frente a
sofia Era mi primer fin de semana libre completo desde hacía más de un mes, y había pasado más de la mitad con gente que ni siquiera me caía bien. A ver, que no tenía nada en contra del novio de paola, me parecía un buen chaval, pero no lo consideraba mi amigo ni de lejos. Para considerar amigo a alguien tenía que llevar años en mi vida. De hecho, la única persona a la que consideraba mi amiga era paola. ¿Triste? Puede. ¿Me importaba? En absoluto. Me consideraba una persona solitaria a la que además no le gustaban las personas, y me iba bien así. Cuando trabajas seis días a la semana, por la mañana y a veces también por la tarde, no te queda mucho tiempo para pasar con amistades, así que poder pasar tiempo con paola ya era todo un lujo. No tenía tiempo para más relaciones, ya fueran amistosas o mucho menos románticas. Cuando me apetecía un poco de placer físico, salía de fiesta a alguna discoteca de la zona y me iba a los baños con la primera cara atractiva que me encontraba. Hacía un







