LOGINUna noche, sin promesas y sin nombres. Y un reencuentro que ninguno pidió... pero ninguno puede ignorar. Sofia tiene una regla muy sencilla: nada de relaciones serias. Y menos con pijos ricachones que tienen una gata adorable y una sonrisa engreída. Juan Matias también tiene una regla: nada de obsesionarse con nadie. Y menos con chicas bordes, que tienen unos ojazos y una lengua afilada. Sofia y Juan Matias no parecen tener nada en común, excepto que sus mejores amigos se han enamorado y quieren que los cuatro formen un grupo de amigos. ¿El problema? Que Sofia y Juan Matias ya se conocen. O, bueno, al menos en el sentido más físico de la palabra.
View Morepaola , te he dicho mil veces que no quiero conocer al mejor amigo de tu novio. Solo quise conocer a tu novio porque necesitaba hacerle saber lo que le pasaría si se atreve a hacerte daño, pero ¿para qué narices voy a querer conocer a su mejor amigo? —repetí por milésima vez en lo que iba de semana.
—¿Para tener más amigos? —preguntó la rubia con una sonrisa inocente.
Puse los ojos en blanco al instante.
—Bell, te lo he repetido tantas veces que debería tatuártelo en la frente: no quiero más amigos.
—¡Pero solo me tienes a mí!
—¡Exacto! Tú, con lo mucho que hablas, vales por diez.
—¡Oye! —protestó mi mejor amiga frunciendo el ceño.
Solté una carcajada y terminé de servirle el té negro que acababa de preparar para ambas. Le tendí su taza y la sonrisa le floreció de nuevo como si nunca le hubiera desaparecido. paola era como un pequeño e irritante rayo de sol de verano.
—¡Abuela! ¿Quieres un poco de té? —pregunté asomando la cabeza por la puerta de la cocina hacia el salón, donde mi abuela veía la tele a un volumen escandalosamente alto.
—¡Sí!
—¡Vale!
En nuestra casa éramos mucho de comunicarnos a gritos porque teníamos la mala costumbre de tener siempre la tele o el Spotify a todo volumen.
Serví una tercera taza de té, vaciando así el hervidor de agua que dejé de nuevo en su sitio, y me encaminé hacia el salón cargada con mi taza y la de mi abuela.
—Gracias, niña —me dijo sin apartar la vista de su telenovela de media tarde.
—De nada, abu —respondí tomando asiento en el sofá que había junto a su viejo sillón marrón.
—Entonces, ¿le digo a Diego que mañana a las cuatro te viene bien? —volvió a la carga paola .
—Joder, Bell, es mi único día libre —me quejé haciendo una mueca.
—¿Qué mejor forma de pasarlo que con tu mejor amiga conociendo gente nueva? —inquirió con una sonrisa brillante.
Suspiré rendida y cedí, como siempre acababa consiguiendo la condenada a la que llamaba mejor amiga.
—Está bien.
—¡Genial! Verás como Juan Matias te cae fenomenal, es un chico muy majo.
Arrugué la nariz solo de pensarlo.
—¿Es otro niño rico como Diego?
—¡Sofia! —exclamó en tono de regañina.
—¿Qué pasa? Ni que fuera mentira. —Me encogí de hombros con simpleza—. Bell, tu novio está forrado.
—¿Y qué? Sabes que no estoy enamorada de él por eso —respondió ofendida.
—Ey, ya lo sé. No estaba diciendo eso —le aseguré posando mi mano sobre su brazo.
Ella se relajó visiblemente.
—Ya, ya lo sé, lo siento. Es que... Sus padres no parecieron muy contentos de conocerme cuando les conté que mi familia es bastante normal, y no adinerada como la suya —me contó afligida.
—¡Qué les den a esos pijos! Diego tiene una suerte que ni él mismo se la cree, porque ninguna chica podría compararse contigo ni aunque tuviera todo el dinero del mundo, Bell —dije muy segura de mis palabras, apretándole el brazo para reconfortarla.
Su sonrisa iluminó la habitación y me calentó el corazón. No soportaba verla triste, pues era algo casi antinatural.
—Gracias, Kei. Eres la mejor —me respondió antes de lanzarse a abrazarme en uno de sus arrebatos de cariño.
Correspondí su abrazo dándole unas palmaditas en la espalda, pues yo no era muy dada a las muestras de cariño, al contrario que ella.
—Tonterías. Ahora bébete el té antes de que se enfríe —le ordené separándome de ella y dándole un sorbo a mi taza.
paola me dedicó su flamante sonrisa antes de hacerme caso y, acto seguido, empezó a parlotear incansablemente sobre Juan Matias, el mejor amigo de su novio Diego. Yo me limité a asentir y a hacer muecas, poco entusiasmada ante la idea de conocer a aquel chico que, por lo que me estaba contando, parecía no tener nada que ver conmigo. Si en ese momento hubiera sabido cómo ese tal Juan Matias iba a cambiar mi mundo... Probablemente habría salido corriendo despavorida.
sofia Hicimos todo el trayecto en coche hasta su piso en silencio. Juan matias puso la radio porque parecía ser una de esas personas que no soportan que no haya ruido de fondo. Llegamos a la puerta de su edificio echándonos miraditas y nos subimos en el ascensor mirándonos aún más. Solté una risa y me apoyé en una de las paredes mientras él le daba al botón del quinto piso. —Esto no tiene por qué ser raro, Juan matias —comenté divertida. Me parecía graciosísimo lo nervioso que se había puesto con mi propuesta en la cafetería, como si no nos hubiéramos acostado ya en aquel baño minúsculo. —Lo sé. ¿Tú lo ves raro? Yo no lo veo raro —respondió con esa sonrisilla engreída que llevaba persiguiéndome desde aquella noche. —Es que pareces... tenso. —¿Qué? De eso nada. —Dio dos pasos hacia mí para acortar la distancia que nos separaba, haciendo que la anticipación me recorriera de los pies a la cabeza. Pero entonces el ascensor se abrió en el segundo piso y entró una ancianita que nos saludó
Juan matias Tuve que releer el «vale» de sofia cinco veces para cerciorarme de que lo estaba leyendo bien y de que no era producto de mi imaginación. Quedamos una hora después en una cafetería cerca de su casa. A mí me pillaba un poco más lejos, pero fui con el coche y llegué diez minutos antes de tiempo. Nervioso, escogí una mesa cerca de la puerta —«por si hay que salir corriendo» como dijo sofia el día anterior— y cuando el camarero vino a tomarme nota le dije que estaba esperando a alguien. Abrí la cámara de mi móvil y me observé en ella como el idiota que era, despeinándome el pelo con una mano. Cuando me di cuenta de lo patético que tenía que parecer, me salí de la cámara y me puse a ver reels en Instagram para hacer tiempo. Puntual como un reloj, sofia entró por la puerta a las once justas. No llevaba ni una gota de maquillaje e iba en chándal, pero me seguía pareciendo la chica más guapa que había visto nunca. Qué jodido estaba... Llegó a mi lado enseguida y se sentó frente a
sofia Era mi primer fin de semana libre completo desde hacía más de un mes, y había pasado más de la mitad con gente que ni siquiera me caía bien. A ver, que no tenía nada en contra del novio de paola, me parecía un buen chaval, pero no lo consideraba mi amigo ni de lejos. Para considerar amigo a alguien tenía que llevar años en mi vida. De hecho, la única persona a la que consideraba mi amiga era paola. ¿Triste? Puede. ¿Me importaba? En absoluto. Me consideraba una persona solitaria a la que además no le gustaban las personas, y me iba bien así. Cuando trabajas seis días a la semana, por la mañana y a veces también por la tarde, no te queda mucho tiempo para pasar con amistades, así que poder pasar tiempo con paola ya era todo un lujo. No tenía tiempo para más relaciones, ya fueran amistosas o mucho menos románticas. Cuando me apetecía un poco de placer físico, salía de fiesta a alguna discoteca de la zona y me iba a los baños con la primera cara atractiva que me encontraba. Hacía un
Juan matias Que no quería salir conmigo, decía. Y yo sin poder sacármela de la cabeza, joder... —¿No me vas a contar de qué os conocéis, Juan matias? —Diego, para con el interrogatorio de una vez. —Miauuu. —¿A que estás de acuerdo conmigo, cielo? ¿A que el tío Diego debería dejar de hacer la misma pregunta que lleva repitiéndome la última media hora? —le pregunté a Noche acariciándole la cabecita. Habíamos llegado de almorzar con las chicas hacía un rato, y en ese rato Diego no había parado de interrogarme sobre de qué conocía a sofia. Estaba a punto de confesárselo todo solo por dejar de escucharlo. —Diego, tío, estoy intentando estudiar, y Derecho Civil no es precisamente una asignatura sencillita, así que te ruego que te calles de una puta vez. Abrió la boca para responder, pero su móvil sonó con un mensaje que lo hizo apartar la vista de mí por fin. Aleluya. —Es paola. Dice que si nos apetece ver una peli en casa esta noche. —¿Pero vosotros es que no sabéis vivir separados ni medi












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