—¿Pero cómo se te ocurre llamarlo «capullo» así tan a la ligera, sofia? Seguí mirando el techo como si este fuera interesantísimo, armándome de paciencia porque llevaba una hora escuchando la misma cantinela. —paola, basta. Ya te he dicho que eso se nota a leguas, ¿es que no has visto esa sonrisa de gilipollas que tiene? —inquirí cogiendo uno de los pasteles que había traído y llevándomelo a la boca. Necesitaba azúcar para aguantar aquella perorata. —¡Fuiste súper borde, sofia! —me reprochó negando con la cabeza. —Niña, ¿cómo se te ocurre insultar a un muchacho que acabas de conocer? —metió baza mi querida abuela, a pesar de que supuestamente estaba ocupada en su tarea de meterle el bajo a los vaqueros de una vecina. —Abuela, no metas cizaña, haz el favor—me quejé dándole un sorbo a mi taza de té. —Es que tienes unas cosas, sofia, hija... —Bueno, ¿vais a dejar de regañarme ya o qué? —Es que te has pasado, sofia. Ni siquiera le has dado una oportunidad a Juan matias —siguió en
Terakhir Diperbarui : 2026-09-20 Baca selengkapnya