Share

Capítulo 2

Penulis: Hyacinth
Los sollozos de Ivy me trajeron de vuelta a la azotea. Adrian ya la había puesto a salvo de este lado de la barandilla.

Ella se aferraba a él con todo el cuerpo, con los brazos enlazados alrededor de su cuello y las piernas desnudas pegadas a las de él. Al verlos, sentí que las náuseas me subían por la garganta.

Adrian parecía conmocionado de verdad. Le temblaban las manos, antes siempre firmes, mientras le sostenía la nuca. Le besaba el cabello varias veces, y el miedo había hecho pedazos toda su compostura de Alfa.

—Gracias a la Diosa que estás a salvo.

Ivy se estremecía sin control en sus brazos.

—¿Vas a marcar a Serena? —gritó entre lágrimas—. Porque si vas a hacerlo, debiste dejarme saltar.

Él le secó las lágrimas de las mejillas y luego me miró. La ternura desapareció de su expresión y dio paso a la autoridad severa que hacía que todos los lobos de la manada Blackwood bajaran la cabeza por instinto.

—Es solo una ceremonia de marca —le dijo a Ivy—. No importa qué título reciba Serena, tú siempre estarás primero.

Los lobos a nuestro alrededor se quedaron callados. Adrian suspiró, como si fuera él a quien obligaban a hacer un sacrificio imposible.

—Serena lleva muchos años conmigo. Ya no la amo como antes, pero cuando estuve a punto de ahogarme, ella me salvó la vida.

Siguió hablando sin apartar el brazo de la cintura de Ivy.

—Desde entonces, me siguió a todas partes. Se ocupaba de mis comidas, me curaba las heridas y se hacía cargo, sin quejarse, de todas las tareas pesadas que yo le dejaba. Le debo mucho por todos esos años.

El asombro se reflejó en los rostros de los presentes.

Sabían que yo había sacado a Adrian del río. Así fue como nos conocimos.

Pero de eso hacía ya mucho tiempo.

Él siempre había creído que yo usaba esa vieja deuda para exigirle cosas.

Si hubiera sabido que el chico brillante y cautivador que salvé se convertiría en alguien capaz de rebajar mi amor a la categoría de trabajo no remunerado, jamás me habría metido al agua. Y hoy, mucho menos habría recibido esa hoja de plata en su lugar.

Las miradas de lástima que me dirigían se volvieron insoportables. Me reí con sarcasmo.

—Adrian, estoy cansada. ¿Cuándo vas a cumplir tu promesa?

Pareció comprender de inmediato. Sonrió, satisfecho y arrogante.

—¿Así que te mueres por que te marque?

Le acarició la oreja a Ivy para calmarla antes de volver a prestarme atención.

—Está bien. Dime en qué luna llena quieres la ceremonia.

Él estaba de pie bajo la luz de la luna, con Ivy envuelta en su abrigo, y era en todo sentido el Alfa poderoso que la manada admiraba. Hasta su condescendencia tenía un encanto peligroso, la seguridad de un macho al que nunca le habían negado nada importante.

—Si te tomaste tantas molestias para convertirte en mi Luna —continuó—, entonces yo...

—Libérame de tu reclamo de compañera.

Se interrumpió.

La mano de Adrian se detuvo sobre la mejilla de Ivy. Levantó la mirada bruscamente, y la incredulidad dio paso a un enojo paulatino.

—¿Quieres que te libere?

No hice caso de la alegría de Ivy.

—Sí.

Adrian me observó como si yo fuera un acertijo que no merecía su atención.

—¿Qué se supone que vas a lograr con esto?

Su voz seguía tranquila, pero la presión de Alfa se extendió por la azotea.

—Estás enojada porque salvé a Ivy antes de consolarte, ¿y ahora amenazas con irte? Serena, si quieres mi atención, hay formas menos vergonzosas de pedirla.

—No estoy pidiendo tu atención.

Sonrió, pero sin humor.

—Todos en la manada Blackwood saben que me sigues desde los quince años. Aunque lo intentara, no podría alejarte.

Bajó la mirada hacia mi vientre.

—Ahora llevas a mi primer cachorro. Tienes al heredero que siempre creíste que te aseguraría un lugar a mi lado, ¿y esperas que crea que quieres disolver mi reclamo?

Sus palabras eran crueles, pero apretó la mano que tenía al costado cuando mencionó a nuestro cachorro. Adrian deseaba este cachorro.

Ya había escogido el roble más resistente para la cuna. Había ordenado trasladar la habitación del cachorro junto a su suite privada y había mandado llamar al mejor sanador prenatal de la región.

Le hablaba todas las noches a nuestro cachorro aún no nacido. Hasta le había elegido nombre sin preguntarme.

Rowan Blackwood.

Anhelaba a su heredero con la misma certeza con la que deseaba todo lo demás, convencido de que la madre que lo gestaba no podía tener anhelos distintos a los suyos. Desvió la mirada hacia mi mano izquierda.

—Por lo menos quítate mi anillo antes de mentirme.

Lo dijo en tono triunfal. Creía haber encontrado la falla en mi actuación. Adrian había comprado ese anillo con el primer pago que recibió como representante subalterno en el Consejo de la manada. Tenía nuestras iniciales grabadas por dentro. Hacía años, un accidente de auto me dejó inconsciente dos días. Cuando los sanadores me encontraron, todavía apretaba el anillo entre los dedos.

Adrian sabía cuánto significaba esa joya para mí. Sabía cuánto significaba él para mí. Por eso estaba tan seguro de que yo jamás podría irme.

Me saqué el anillo del dedo y lo tiré por el borde de la azotea.

—Se me había olvidado. Gracias por recordármelo.

A Adrian se le contrajeron las pupilas. Giró la cabeza hacia donde había desaparecido el anillo y, por primera vez esa noche, su confianza impecable se quebró. A nuestro alrededor, los lobos enmudecieron. Me miré el dedo desnudo.

Antes, perder ese anillo me habría dolido como si me arrancaran el corazón. Ahora no sentía nada. El peor dolor ya lo había vivido en mi vida anterior, cuando estaba tirada bajo tierra, sangrando, y escuché cómo se apagaba el latido de nuestro cachorro.

Él apretó la mandíbula. Aun así, se negaba a creerme.

—No sé a qué estás jugando, Serena, pero te daré una sola oportunidad de acabar con esto.

Hablaba con voz contenida, la de un Alfa que le concedía clemencia a alguien lo bastante insensato como para desafiarlo.

—Discúlpate ahora y haré como si nada de esto hubiera pasado. El título de Luna seguirá siendo tuyo. La habitación de nuestro cachorro está lista, y él nacerá bajo la protección de toda la manada Blackwood.

Dicho por él, sonaba magnífico. Para cualquier otra loba, lo habría sido.

Adrian era poderoso, guapo y estaba destinado a liderar una de las manadas más fuertes de la región. Convertirme en su Luna era el futuro que alguna vez le supliqué a la Diosa que me concediera.

Pero ni siquiera ahora me estaba pidiendo que me quedara. Solo me informaba que aún se me permitía aceptar la vida que él había planeado.

Sonreí.

—Adrian, espero que los dos consigamos lo que queremos.

Me di la vuelta y me alejé. A mis espaldas, Ivy habló en un susurro:

—¿No vas a ir tras ella?

Adrian se rio con desprecio.

—No.

Ya había recuperado la confianza.

—Regresará sola.

Ivy dudó.

—Pero tiró tu anillo.

—Lleva a mi heredero. —Al hablar del cachorro, la voz se le llenó de orgullo—. Serena deseaba este cachorro más que nada. Pasó años haciendo todo lo posible por darme un cachorro macho.

Hizo una pausa.

—Jamás le negaría a Rowan una familia completa solo para castigarme.

Su certeza me siguió hasta la escalera.

—No soportaría dejarme.

No miré atrás. En mi vida anterior, Adrian había tenido razón. Por el bien de nuestro cachorro, soporté su desprecio, su control y la celda subterránea hasta que Rowan y yo morimos. Esta vez, Adrian se equivocaba.

No soportaría perder otra vez a mi cachorro. Precisamente por eso tenía que llevármelo e irme.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 10

    Un año después de la muerte de Rowan, mi vida se había vuelto común y corriente. En el archivo, organizaba registros de lobos que habían dejado sus viejas manadas para empezar de nuevo. Los entendía mejor de lo que ellos imaginaban.Helena venía a cenar dos veces al mes. Mis platos amarillos se quedaron en la alacena, y maté tres plantas del balcón antes de aprender cuáles sobrevivían al invierno.Algunas noches todavía soñaba con el pulso de Rowan y me despertaba con la mano sobre el vientre. El duelo seguía ahí, pero ya no tomaba todas las decisiones por mí.La manada Blackwood también cambió.Cuando Adrian cedió el control de la reserva de sangre de emergencia, los sabios hicieron permanente ese cambio. Los sanadores ya no necesitaban permiso del Alfa para liberar sangre compatible en una emergencia. El decreto no llevaba el nombre de Rowan. Era mi cachorro, no una advertencia que la manada pudiera exhibir después de haber aprendido demasiado tarde.Adrian seguía siendo un Alfa capa

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 9

    La audiencia de Ivy se celebró seis meses después del ataque. Regresé al territorio Blackwood por primera vez desde el entierro de Rowan. Helena me recibió afuera del salón del Consejo.—No tienes que entrar —dijo—. Tu declaración por escrito es suficiente.—Quiero escuchar el veredicto por mí misma.Asintió y caminó a mi lado. Los lobos que antes bajaban la cabeza porque yo era la futura Luna de Adrian ahora me miraban con culpa y curiosidad. Los ignoré.Ivy estaba sentada frente a los sabios, con dos guardias detrás. En cuanto me vio, se le llenaron los ojos de lágrimas.—Serena, no quería que el cachorro muriera.El sabio mayor golpeó el piso con la punta de su bastón.—Solo hablará cuando se le pregunte.Ella bajó la cabeza.Las pruebas eran contundentes: incluían los mensajes robados, las invitaciones, el acónito y los videos que mostraban la agresión y la última patada, cuando yo ya había empezado a sangrar. Los dos lobos que me sujetaron fueron recluidos y expulsados. Los demás

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 8

    No regresé a la manada Blackwood. Al salir de la enfermería, me mudé a una casita en territorio neutral con vista a unas colinas cubiertas de pinos. Adrian no eligió nada de lo que había adentro. Yo escogí una vajilla amarilla y acomodé los muebles por mi cuenta.La liberación formal de su reclamo seguía guardada bajo llave en el último cajón de mi escritorio. El anillo del vínculo ya no estaba. Lo había tirado desde la azotea y nunca le pedí a nadie que lo buscara.Mi cuerpo sanó despacio. La herida del brazo cerró después de que me la cosieran por segunda vez, y los moretones se desvanecieron. Algunas mañanas me despertaba con la mano sobre el vientre y solo lo recordaba cuando el pulso de Rowan no respondía.Tres días después de que salí de la enfermería, Helena me trajo una caja de madera oscura que contenía la placa con el nombre de Rowan. Quedaba una mancha tenue donde la había tocado la sangre de Adrian.—Él dice que tú deberías decidir qué hacer con ella —dijo Helena.Rowan nun

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 7

    La ceremonia de liberación se celebró dos semanas después en una cámara privada del Consejo. Ya podía caminar distancias cortas, aunque seguía con el brazo vendado y mi loba aún estaba débil.Helena me acompañó hasta el salón principal, pero al llegar al umbral de la estancia me detuve.—Quiero entrar sola.Se le notó la preocupación, pero no discutió.—Estaré aquí afuera.Asentí y entré. Adrian esperaba con el abrigo negro de gala del Alfa de Blackwood. Su control solo se debilitó cuando vio la curva vacía de mi vientre. Desde el aborto, el vínculo se había debilitado y solo me dejaba unas pulsaciones breves y dolorosas debajo de las costillas.Entre nosotros aguardaba una anciana, una sabia que acumulaba más de cuarenta años supervisando los reclamos de compañeros en el territorio.—Los documentos ya han sido firmados —declaró ella—. En la ceremonia de hoy se liberará formalmente a Serena del reclamo de Adrian.Nos advirtió que la ruptura sería dolorosa y rompería para siempre el vín

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 6

    Volví a despertar a la mañana siguiente, con Helena dormida en la silla junto a mí. Me dolía todo el cuerpo. Los sanadores me habían vuelto a coser el brazo donde la herida se había abierto. Unas vendas gruesas lo cubrían de la muñeca al codo.Todavía tenía un calambre sordo en lo profundo del vientre. Puse la mano izquierda sobre el lugar donde antes latía el pulso lobuno de Rowan. Nada respondió. Al principio, la pena no se manifestó de forma aguda. Era un vacío inmenso para asimilarse como simple dolor, una ausencia que parecía llenar cada rincón de la habitación.Helena se despertó cuando me moví.—¿Serena? —Se levantó deprisa y tomó el vaso que estaba junto a mi cama—. ¿Necesitas agua? ¿Llamo al sanador?—Rowan —susurré.Se le detuvo la mano y el rostro se le descompuso.—Lo siento.Cerré los ojos. Adrian había elegido el nombre sin preguntarme. Al principio, me había molestado oírselo decir. Era una parte más de mi futuro que él había decidido sin creer que yo mereciera opinar. S

  • Loba Renacida para Enterrar el Pasado   Capítulo 5

    Adrian no reaccionó.—El informe decía que Rowan todavía tenía pulso.—Lo tenía cuando te avisaron.—Entonces que liberen el plasma ya.—Es demasiado tarde. —A Helena se le quebró la voz—. Serena perdió al cachorro. Rowan está muerto.—No —dijo él.Su madre le soltó la camisa. Adrian bajó la mirada hacia la placa de madera oscura que tenía en la mano: ROWAN BLACKWOOD. Cerró los dedos sobre el relieve.Adrian no levantó la mirada.—Cuando te llevaron el formulario de autorización, Rowan todavía estaba vivo —dijo Helena—. Lo rompiste.Cada palabra lo golpeó con más fuerza que la cachetada que ella le había dado.—Si lo hubieras firmado cuando te lo pidieron, el plasma de Alfa podría haberlo estabilizado. Pero te negaste. Para cuando la enfermería recibió el permiso para liberar la reserva de emergencia, Rowan ya no tenía pulso.Adrian se volteó hacia las puertas del quirófano.—Serena sigue viva.—Por ahora.—Mi sangre es compatible. Tomen toda la que Serena todavía necesite. —Se arreman

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status