LOGINViola salió del restaurante con paso calmado. El aire de la noche en la ciudad era húmedo y cargado del olor a asfalto caliente y escape de autos. Se detuvo bajo la marquesina de cristal mientras esperaba al chofer. Sacó el teléfono para avisarle que ya estaba afuera, pero antes de que pudiera marcar, una sombra se acercó por su izquierda.Era uno de los hombres de la mesa. El de cabello oscuro y mandíbula marcada. Se detuvo a una distancia respetuosa, pero su mirada no lo era.—Disculpe… ¿tiene algo que hacer?Viola lo miró de arriba abajo con lentitud. Luego alzó una ceja.—¿Por qué? ¿Qué tiene para ofrecer?El hombre sonrió apenas. Detrás de él, el segundo —el más rubio— se acercó también. No hicieron falta muchas más palabras. Diez minutos después, el tres estaban subiendo al ascensor de un hotel de lujo a tres cuadras de allí. Viola no preguntó nombres. Ellos tampoco.La habitación era amplia, con luces bajas y una cama king-size en el centro. Apenas cerraron la puerta, Viola se
En el pasillo se cruzó con el médico joven. Él sonrió apenas al verla, con esa confianza que todavía cargaba del encuentro en el cuarto de servicio.—¿Ya te vas? —preguntó—. ¿O tienes un tiempo libre?El doble sentido era evidente. Viola lo miró con expresión neutra, aunque una pequeña sonrisa amenazó con aparecer en sus labios. Aquel hombre tenía una seguridad que rozaba la insolencia, pero debía reconocer que resultaba entretenido. Después de pasar horas rodeada de médicos, enfermeras y conversaciones sobre el estado de Lionel, no le molestaba encontrarse con alguien que no la tratara como si fuera a romperse en cualquier momento.—Tengo cosas que hacer. Luego nos vemos.El médico mantuvo la sonrisa mientras ella pasaba junto a él. Viola no necesitó darse vuelta para saber que seguía mirándola. Mientras se alejaba pensó, con frialdad absoluta: *Que sueñe si cree que vamos a acostarnos de nuevo cuando ni siquiera logró hacerme correr, JA.*La idea le provocó una pequeña sonrisa. Al m
—Nunca te busqué porque pensé que era lo mejor. Para ti. Te fue… tan mal no te fue. Te casaste con un hombre mayor que te dejó una gran fortuna.La voz le llegó casi lejana aunque estaba muy cerca.Viola giró la cabeza y lo miró en silencio un segundo. Luego soltó una risa baja, sarcástica, y cruzó una pierna sobre la otra. La forma en que Lionel había dicho aquello casi parecía una justificación. Como si una fortuna pudiera compensar los años que habían pasado, como si saber que ella había terminado casándose con un hombre rico significara automáticamente que había tenido una buena vida. Para Viola, sin embargo, las cosas habían sido mucho más complicadas que eso. Había tenido que aprender a desenvolverse sola, a tomar decisiones difíciles y a construir una identidad que no dependiera de lo que había ocurrido en su pasado.—No me casé solo por la fortuna. Mi marido tenía una verga enorme y era excepcional en la cama.Lionel se sonrojó de inmediato. El color le subió por el cuello ha
A la mañana siguiente Viola bajó las escaleras.Margaret la esperaba cerca de la puerta.—Le preparé un bolso al señor —dijo—. Ropa limpia, su cepillo, crema para las manos… esas cosas. El señor siempre se quejaba del jabón del hospital.Viola asintió.—Gracias, Margaret.La mujer la observó durante unos segundos antes de abrirle la puerta.—¿Va a quedarse mucho tiempo aquí?Viola se detuvo.—No lo sé.Era la respuesta más sincera que podía darle.Había llegado a la mansión pensando que solo tendría que resolver algunos asuntos, comprobar el estado de Lionel y regresar a su vida. No había contado con que él despertaría mirándola de aquella manera. Tampoco había contado con descubrir que, durante los años en que ella había estado lejos, él había llevado una vida mucho más complicada de lo que imaginaba.El trayecto hasta el hospital fue silencioso. La ciudad comenzaba a despertar cuando el automóvil avanzaba entre el tráfico. Viola observaba por la ventanilla sin prestar demasiada aten
El pasillo del hospital quedó en silencio apenas se cerró la puerta de la habitación. Diana no esperó ni dos pasos. Se giró hacia Viola con el rostro tenso y los ojos todavía húmedos.—Eres fría —escupió—. Apareces de la nada después de años y te crees con derecho a mandar. Solo viniste por el dinero. ¿Verdad? Por el testamento.Viola se detuvo. La miró con calma, sin alterar la expresión. Ajustó el bolso sobre el hombro con un gesto elegante y habló con voz baja, casi conversacional:—Créeme, preferiría estarme follando a un joven musculoso, o tomando sol en Saint Tropez, o estar en mi villa en Nueva York… incluso en una reunión con tiburones de negocios antes que estar aquí. Pero te guste o no, soy la persona a cargo. La hija de Lionel Grant.Diana soltó una risa corta, amarga.—Adoptiva. Eres la hija adoptiva.Viola inclinó ligeramente la cabeza, como si evaluara la corrección.—Adoptiva o no, soy la persona a cargo. Te guste o no te guste. Aparte, se necesita a alguien con la cabe
Lionel tragó saliva con dificultad. La garganta le ardía, pero forzó las palabras. Salieron rotas, apenas un hilo ronco, pero claras:—Estoy… feliz de verte aquí.Viola lo miró sin cambiar de expresión. Permaneció sentada en el sillón, las piernas cruzadas, una mano apoyada con elegancia sobre la rodilla. Cuando habló, la voz le salió calmada, casi indiferente.—Pues yo hubiera sido más feliz si no volvía a verte.El silencio que siguió fue denso. Lionel no apartó la mirada. Ella sostuvo la de él unos segundos y luego respiró despacio, como si se obligara a precisar.—Eso no significa que quisiera que murieras —aclaró—. Solo que no quería…Se detuvo. La frase quedó incompleta en el aire. No la terminó. No explicó qué era exactamente lo que no quería. El músculo de su mandíbula se tensó apenas, lo único que delató que esas palabras le costaban más de lo que mostraba.Lionel asintió con lentitud. La voz le salió todavía más baja:—Lo entiendo.Otro silencio. Este fue más incómodo. Ningu







