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Capítulo 3

Author: Lilly Saucedo
last update publish date: 2025-03-18 02:50:52

Ellis terminó de vendarle la herida, y aunque su actitud seguía siendo fría, en su interior se debatía entre el instinto de salvar a una persona herida y la creciente irritación que le provocaba la presencia de Alessandro. No era fácil para ella controlar su desconfianza, especialmente cuando él parecía tan cómodo en su peligroso papel. Pero, finalmente, se alejó un poco, evaluando su trabajo con una mirada clínica.

—Listo, ya está. —Dijo con tono firme, sin mirarlo, intentando dejar claro que su parte en esto había terminado.

Alessandro, a pesar del dolor que le debía estar provocando la herida, se mantenía erguido. Sus ojos la observaban con una mezcla de admiración y diversión, como si todo esto fuera un juego. Ellis no se lo tomaba a la ligera. Para ella, no era más que un recordatorio de lo que había dejado atrás, lo que había intentado olvidar. Pero, en un segundo, esa sensación se desvaneció cuando Alessandro rompió el silencio.

—Sabes, no es mala idea que te lo agradezca… —dijo con una sonrisa irónica, mientras se reajustaba la chaqueta de su traje, como si fuera una cortesía de buena voluntad—. Podríamos vernos una vez, solo para agradecerte por tu… ayuda, doctora.

Ellis lo miró como si le estuviera hablando en otro idioma, con los ojos entrecerrados, claramente sorprendida por la audacia de la propuesta. La situación no era ni un poco cómica, pero Alessandro parecía disfrutarla. Sabía que no estaba intimidada, pero algo en su actitud la irritaba aún más.

—¿De verdad estás sugiriendo que me vea contigo después de todo esto? —preguntó, su voz cargada de incredulidad, mientras le daba una mirada fulminante—. ¿Te crees tan importante que piensas que tengo interés en ti, más allá de curarte esa herida?

Él no hizo más que sonreír con arrogancia, esa sonrisa mordaz que no podía esconder. En su mente, todo esto era solo una distracción, un pequeño juego para entretenerse. Sabía que la mujer frente a él no era de las que se dejaban impresionar fácilmente, pero eso solo lo hacía más intrigante.

—¿Acaso no te gustaría ver qué tan interesante puedo llegar a ser? —dijo, recargando el peso de su cuerpo en una pierna, como si la conversación fuera lo más natural del mundo. Estaba herido, pero su actitud no lo reflejaba en lo más mínimo.

Ellis lo observó en silencio por un momento, su mente procesando lo absurdo de la situación. Su paciencia se estaba agotando, pero lo que más la molestaba era lo familiar que todo esto le resultaba. El tipo estaba en el mismo nivel de arrogancia que los hombres con los que había crecido. Alessandro no solo estaba herido físicamente; su ego parecía ser aún más grande que la herida en su costado.

—Escúchame bien —dijo, con una calma tensa, mientras se cruzaba de brazos—. No quiero tener nada que ver contigo, ni ahora ni en el futuro. Así que guarda tus propuestas para alguien más.

Alessandro levantó las manos en señal de rendición, pero la sonrisa seguía en su rostro. No era una persona fácil de derribar, y si algo le gustaba, era provocarla. Sin embargo, a pesar de su actitud desafiante, algo en sus ojos cambió, una chispa de respeto que solo se mostró por un segundo.

—Bueno, parece que no eres tan fácil como las demás. —dijo él, mientras se preparaba para marcharse, consciente de que el tiempo se le estaba agotando—. Pero, quédate con eso, doctora. Tal vez algún día me arrepienta de no haberte conocido mejor.

Con esa última frase, Alessandro se giró y comenzó a caminar hacia la puerta, dejándola atrás. Ellis se quedó observando, sin mover un músculo, hasta que la puerta se cerró detrás de él. La tensión en su cuerpo no disminuyó, pero al menos podía respirar con un poco más de calma.

Pero, mientras se quedaba en la quietud de la habitación, una oleada de recuerdos la invadió. La arrogancia de Alessandro, su indiferencia hacia el peligro, su actitud de “yo puedo con todo”… todo eso la había dejado de vuelta en el mundo que había intentado dejar atrás. Un mundo de poder, dinero y violencia. Había escapado de todo eso, había hecho su vida lejos de la mafia, lejos de los hombres como él. Su padre y su hermano, capos de la mafia americana, eran los mismos que rivalizaban con la mafia italiana. Era un mundo sucio, lleno de traiciones y desesperanza. Un mundo que, por alguna razón, se empeñaba en perseguirla.

—No. —Se dijo a sí misma, mientras respiraba profundamente y se recostaba en la pared, intentando despejar su mente de las sombras del pasado. No iba a caer en la trampa de esos hombres. No más.

Ellis se quedó allí unos minutos, tratando de encontrar un equilibrio entre lo que había hecho y lo que aún podía ser. Rogó para no volvérselo a topar jamás,era demasiado parecido a su hermano y justo el tipo de hombre con el que su padre había tratado de casarla una vez.

Fin capítulo 3

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