LOGINNathan prolongó el beso con ternura mientras que una de sus manos descansó sobre la parte baja de su espalda, acercándola todavía más a él. Ansiaba profundizar el contacto, pero notó que a Maribel le costaba seguirle el ritmo.Los labios de la joven vacilaban, seguían el beso con torpeza y nerviosismo que delataba su falta de experiencia. Sin embargo, lejos de molestarlo, a Nathan le resultaba adorable descubrir que ella nunca había compartido una intimidad semejante con nadie. Eso significaba que sería únicamente suya.No existía otro hombre reclamándola, ni un pasado amoroso que pudiera interponerse entre ellos, ni heridas semejantes a las que él había cargado durante tantos años. Era como si aquella joven hubiera estado aguardándolo desde siempre, aunque la vida los hubiera hecho encontrarse recién en ese momento.Nathan habría continuado besándola durante mucho más tiempo. La cercanía de Maribel, su aroma y el vínculo recién descubierto hacían verdaderamente difícil separarse de e
Lo primero que captó la atención de Nathan fueron los pies descalzos de la joven. Los elegantes zapatos estaban abandonados a un costado, lo cual le arrancó una ligera expresión de curiosidad.—¿Te lastimaste? —preguntó él.La loba se encogió ligeramente sobre sí misma. La sola presencia de Nathan resultaba imponente.Había algo en él, en su postura, en la firmeza de su mirada y en la seguridad con la que ocupaba el espacio, que hacía que ella se sintiera diminuta frente a aquel desconocido, aun sin saber que estaba delante del Alfa de Midgar.—No... solo que no estoy acostumbrada a caminar con esos zapatos... —respondió en voz baja.Nathan se mostró extrañado. Aquella respuesta le pareció inesperada. Las jóvenes pertenecientes a familias distinguidas solían aprender desde muy pequeñas a desenvolverse usando ese tipo de calzado, por lo que escuchar semejante confesión despertó aún más su curiosidad.—Mi nombre es Nathan —se presentó—. ¿Cómo te llamas?La muchacha tardó un instante en
Después de tantos conflictos, la calma finalmente comenzó a instalarse poco a poco. Como si el destino hubiera querido ofrecer un respiro después de días de tensión, coincidió además con la celebración del cumpleaños de Paloma, la hermana menor de Leonard.Raihan y Asiget se encargaron de organizar cada detalle del festejo y, por petición de su hija, acordaron que se trataría de una fiesta de antifaces, donde todos los invitados debían portar uno.Leonard, sin embargo, no conseguía involucrarse del todo en el ambiente festivo. Aunque intentaba mostrarse tranquilo frente a su familia, su mente continuaba girando alrededor de Valentina y de la situación de la manada nómada.La noche del cumpleaños llegó finalmente. El gran salón resplandecía con la iluminación de decenas de lámparas y candelabros, mientras los invitados lucían sus mejores atuendos para la ocasión. Nathan caminaba entre los invitados conversando cordialmente con distintas personas, hasta que, al recorrer el salón con la
Las palabras de Valentina terminaron abriendo una grieta en la férrea determinación de Goran. Como todo Alfa, era orgulloso por naturaleza y le resultaba difícil aceptar ayuda de quienes habían derrotado a su manada.Sin embargo, poco a poco comprendió que aquella decisión ya no podía girar alrededor de su propio dolor ni de su orgullo herido. Sergio ya no regresaría, pero el resto de su manada todavía seguía con vida, y eran ellos quienes habían pagado las consecuencias de las decisiones que él mismo había tomado.Si existía una posibilidad de rescatarlos, por pequeña que fuera, era su deber aprovecharla.Finalmente accedió. No lo hizo porque deseara salvarse a sí mismo ni porque temiera la muerte. Lo hizo por su familia. Cada uno de aquellos lobos había obedecido sus órdenes sin cuestionarlas y ahora él tenía la obligación de intentar devolverles la oportunidad de seguir viviendo.Después de obtener el consentimiento de su padre, Valentina habló con los demás miembros del clan. Les
Leonard se quedó pensativo después de escuchar la confesión de Valentina. —Entonces ustedes no tuvieron nada que ver con eso. Fue Sergio quien actuó por su cuenta.—Sí. Él fue quien tomó esa decisión porque estaba convencido de que solo la violencia lograría que el Alfa Raihan nos tomara en serio —reveló Valentina—. Siempre pensó que mientras más crueles fueran nuestras acciones, mayor sería el impacto. Para él, sembrar miedo era la única forma de conseguir respeto.Leonard soltó un suspiro y negó con la cabeza.—¿Lo ves? Precisamente por eso quiero ayudarlos. Confío en que ustedes no son malas personas. Y perdóname por decirlo de esta manera, porque sé que estás hablando de tu hermano y que su muerte todavía te duele, pero al menos él ya no está aquí para seguir conduciendo a tu manada hacia ese camino. Ya hizo suficiente daño. Creo que ustedes merecen algo mejor que continuar viviendo de esa forma.Después de unos segundos, continuó explicándole el plan que había empezado a formar.
A diferencia de Goran, ella no estaba sujeta con cadenas; sin embargo, seguía privada de su libertad, aislada dentro de aquel espacio cerrado.Cuando Leonard abrió la puerta y entró, Valentina se encontraba sentada, pero al verlo se levantó. Su expresión no era la misma de siempre. Había cansancio en sus ojos, una tristeza que iba mucho más allá del encierro y de la incertidumbre por el futuro.Leonard podía notar que no era simplemente la situación en la que se encontraba lo que la estaba consumiendo; había una herida más, una que tenía nombre y rostro.Se acercó con cuidado hasta quedar frente a ella, sin invadir demasiado su espacio, y después de unos segundos de silencio habló con suavidad.—Lamento lo de tu hermano. Lo de Sergio.Valentina bajó la mirada por un instante. Tragó saliva, como si mencionar aquello hiciera más real una pérdida que todavía no lograba aceptar.—Mi relación con Sergio era terrible —manifestó—. Nos llevábamos muy mal, probablemente peor de lo que dos herm







