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Capítulo 10: La que regresó.

Autor: MayR04
last update Fecha de publicación: 2026-10-12 09:30:34

Valeria estaba acomodando las tazas detrás del mostrador cuando la puerta del café se abrió con más fuerza de la habitual. Alzó la vista y sintió que el aire se le detenía en los pulmones.

Una mujer alta, delgada y de una belleza casi perfecta entró como si el lugar le perteneciera. Cabello rubio platino perfectamente peinado, vestido blanco ceñido y tacones que resonaban en el piso de mármol. A su lado caminaba Alexander, con la expresión seria y tensa.

— …y este es el café de

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  • MI CEO Y EL CONTRATO FALSO   Capítulo 13: El muro que ha creado.

    Al día siguiente Valeria llegó temprano al café. Preparó las máquinas con movimientos precisos, casi mecánicos. Había dormido poco, pero su expresión era serena. Fría. El dolor de la cláusula secreta y de las palabras de Alexander todavía le quemaba el pecho, pero ya no pensaba mostrárselo.Cuando la puerta se abrió y él entró, ella no levantó la vista de inmediato.— Cappuccino doble con canela extra — pidió Alexander con su voz habitual, arrogante y controlada.Valeria preparó el café en silencio y se lo entregó sin rozarle los dedos.— Aquí tiene, señor Blackwood.Él frunció ligeramente el ceño ante el tratamiento formal.— ¿Señor Blackwood otra vez?— Es lo que corresponde — respondió ella con calma—. Usted es mi jefe. Y yo soy solo la otra parte del contrato.Alexander se quedó mirándola unos segundos. Había una ligera sombra de culpa en su mirada… pero la arrogancia la tapó rápido. Recordó la noche anterior: su cuerpo temblando debajo de él, la forma en que lo miró, el hecho de

  • MI CEO Y EL CONTRATO FALSO   Capítulo 12: Solo fue el contrato.

    Valeria despertó con el cuerpo todavía sensible y el corazón lleno de una esperanza tonta. La cama a su lado estaba vacía, pero las sábanas aún conservaban el calor de Alexander. Se giró, esperando encontrarlo… y solo halló silencio. Se levantó despacio, se puso una de sus camisas que había quedado tirada en el suelo y bajó a la cocina con el estómago hecho un nudo de ilusión. Alexander ya estaba allí. Impecable. Traje negro, corbata perfecta, expresión fría. Bebía café negro como si la noche anterior no hubiera existido. — Buenos días — dijo ella, con voz suave, casi tímida. Él levantó la vista. Sus ojos la recorrieron un segundo… y luego se apartaron. — Buenos días. El chofer te llevará al café en quince minutos. Tengo una reunión importante. Valeria parpadeó, confundida. — ¿Eso es todo? ¿Después de… anoche? Alexander dejó la taza sobre la isla de mármol con un golpe suave pero firme. — Anoche fue parte del contrato, Valeria. Nada más. Cumpliste. Yo también. No hay que dram

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    La cena fue un tormento. Camila no dejaba de lanzar comentarios velados, sonreírle a Alexander y mirar a Valeria como si fuera un error de cálculo. Cada vez que Camila tocaba el brazo de Alexander, Valeria sentía una punzada en el pecho. Y cada vez que Alexander respondía con cortesía, esa punzada se volvía más profunda.Cuando finalmente regresaron al penthouse, el silencio entre ambos era denso. Alexander se quitó la chaqueta con movimientos bruscos y se sirvió un whisky. Valeria se quedó de pie en medio de la sala, todavía con el vestido negro.— Hoy te defendí — dijo él de pronto, sin mirarla—. Otra vez. Y cada vez que lo hago… me cuesta más controlarme.Valeria respiró hondo.— No te pedí que me defenderas.Alexander dejó el vaso sobre la mesa y se giró hacia ella. Sus ojos estaban oscuros, intensos.— No lo hice por el contrato. Lo hice porque no soporto que te miren como si no valieras nada.Se acercó. Lento. Vale

  • MI CEO Y EL CONTRATO FALSO   Capítulo 10: La que regresó.

    Valeria estaba acomodando las tazas detrás del mostrador cuando la puerta del café se abrió con más fuerza de la habitual. Alzó la vista y sintió que el aire se le detenía en los pulmones.Una mujer alta, delgada y de una belleza casi perfecta entró como si el lugar le perteneciera. Cabello rubio platino perfectamente peinado, vestido blanco ceñido y tacones que resonaban en el piso de mármol. A su lado caminaba Alexander, con la expresión seria y tensa.— …y este es el café de la empresa — estaba diciendo él.La mujer lo interrumpió con una risa suave y elegante.— Qué… pintoresco. No recordaba que tuvieras un lugar tan… sencillo dentro del edificio.Valeria sintió la mirada de la desconocida clavarse en ella. La mujer la recorrió de arriba abajo con una sonrisa apenas disimulada de superioridad.— ¿Y ella es…? — preguntó, señalándola con la punta de las uñas perfectas.Alexander se aclaró la garganta.— Valeria. Trabaja aquí.

  • MI CEO Y EL CONTRATO FALSO   Capítulo 9: No se puede ocultar.

    Valeria no pudo dormir. Las palabras de Alexander seguían resonando en su cabeza como un eco peligroso:“A mí también me da miedo.”Se levantó antes del amanecer, se duchó con agua fría y se miró al espejo. Su cuerpo curvy se reflejaba sin piedad bajo la luz del baño: caderas anchas, muslos gruesos, pechos abundantes. Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió avergonzada. Se sintió… vista. Alexander la había mirado como si realmente la viera. Y eso era más aterrador que cualquier cláusula del contrato.Cuando bajó a la cocina, él ya no estaba. Solo había una nota sobre la isla de mármol:“Tengo una reunión temprana. El chofer te llevará al café. Esta noche no hay eventos. Descansa. — A.”Valeria apretó la nota entre los dedos. “Descansa.” Qué palabra tan simple… y tan imposible.---En el café, el día transcurrió con una calma engañosa. Valeria preparaba los pedidos con movimientos automáticos, pero su mente no dejaba de volver a la noche anterior. Cada vez que la puerta se abría,

  • MI CEO Y EL CONTRATO FALSO   Capítulo 8: Lo que no se puede fingir.

    Valeria despertó con el corazón todavía acelerado. La noche anterior se sentía como un sueño confuso: el vestido rojo, la mirada intensa de Alexander, el baile, las palabras de Mateo… y esa sensación peligrosa de que, por un momento, todo había dejado de ser falso.Se levantó de la cama del penthouse y se miró al espejo. Tenía ojeras y las mejillas todavía un poco sonrojadas. Se duchó, se puso el uniforme del café y bajó a la cocina. Alexander ya estaba allí, impecable con un traje azul oscuro, revisando algo en su teléfono mientras tomaba café negro.— Buenos días — saludó ella con voz suave.Él levantó la vista. Por un segundo, sus ojos se detuvieron en ella con más intensidad de la habitual.— Dormiste poco — observó.— Estoy bien.Alexander dejó el teléfono sobre la isla de la cocina y se acercó unos pasos. No la tocó, pero su presencia era abrumadora.— Anoche… te comportaste mejor de lo que esperaba — dijo con tono controlado—. Incluso cuando Mateo se acercó. Reaccionaste como d

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