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Capítulo 8: Lo que no se puede fingir.

Author: MayR04
last update publish date: 2026-09-17 05:57:22

Valeria despertó con el corazón todavía acelerado. La noche anterior se sentía como un sueño confuso: el vestido rojo, la mirada intensa de Alexander, el baile, las palabras de Mateo… y esa sensación peligrosa de que, por un momento, todo había dejado de ser falso.

Se levantó de la cama del penthouse y se miró al espejo. Tenía ojeras y las mejillas todavía un poco sonrojadas. Se duchó, se puso el uniforme del café y bajó a la cocina. Alexander ya estaba allí, impecable con un traje azul oscuro,
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    Valeria despertó con el corazón todavía acelerado. La noche anterior se sentía como un sueño confuso: el vestido rojo, la mirada intensa de Alexander, el baile, las palabras de Mateo… y esa sensación peligrosa de que, por un momento, todo había dejado de ser falso.Se levantó de la cama del penthouse y se miró al espejo. Tenía ojeras y las mejillas todavía un poco sonrojadas. Se duchó, se puso el uniforme del café y bajó a la cocina. Alexander ya estaba allí, impecable con un traje azul oscuro, revisando algo en su teléfono mientras tomaba café negro.— Buenos días — saludó ella con voz suave.Él levantó la vista. Por un segundo, sus ojos se detuvieron en ella con más intensidad de la habitual.— Dormiste poco — observó.— Estoy bien.Alexander dejó el teléfono sobre la isla de la cocina y se acercó unos pasos. No la tocó, pero su presencia era abrumadora.— Anoche… te comportaste mejor de lo que esperaba — dijo con tono controlado—. Incluso cuando Mateo se acercó. Reaccionaste como d

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    Valeria se miró al espejo del baño del penthouse y casi no se reconoció. El vestido que Isabella había elegido era de un rojo profundo, ajustado en la cintura y con un escote que marcaba su busto generoso. Las curvas que siempre había intentado ocultar ahora se veían pronunciadas, femeninas… y peligrosamente visibles. Se pasó las manos por las caderas y suspiró. — ¿Estás lista? — La voz de Alexander resonó desde el otro lado de la puerta. Valeria abrió y lo encontró de pie en el pasillo, impecable con un traje negro y una corbata plateada. Al verla, sus ojos se detuvieron un segundo más de lo necesario en su cuerpo. Una media sonrisa arrogante apareció en sus labios. — Te ves… diferente — comentó él, caminando hacia ella—. Mejor. Esta noche tienes que actuar como si estuvieras loca por mí. ¿Puedes hacerlo? Valeria tragó saliva. El corazón le latía con fuerza. — Haré lo que diga el contrato, señor Blackwood. Él se detuvo frente a ella. Su mirada bajó hasta su boca y luego r

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    Valeria no durmió casi nada esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, las palabras de Alexander volvían a golpearle: *“¿Leíste las letras pequeñas, Valeria?”* *“Si lo requiero… lo haría con gusto.”* *“No esperes verdadero cariño.”* Se sentía estúpida. Ingenua. Usada. Había firmado un documento sin leerlo con el detenimiento que merecía, cegada por la ilusión de estar cerca del hombre que amaba en secreto. Ahora estaba atrapada. A la mañana siguiente, llegó al café con ojeras marcadas y el ánimo por el suelo. Preparó las máquinas, horneó los croissants y atendió a los primeros clientes con una sonrisa forzada. Cada vez que la puerta se abría, su cuerpo se tensaba esperando ver a Alexander. Cuando finalmente bajó, alrededor de las 8:30 a.m., venía solo. Traje negro impecable, expresión fría y esa arrogancia natural que lo hacía parecer dueño de todo lo que miraba. Pidió su cappuccino doble con canela extra sin mirarla realmente. — Lo de siempre — murmuró. Valeria preparó el ca

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    Valeria pasó toda la noche dando vueltas en la cama del penthouse. Apenas había dormido tres horas cuando Isabella la despertó para prepararse para el café. Se sentía exhausta, tanto física como emocionalmente. El contrato firmado pesaba como una losa sobre su pecho.Por la mañana, mientras atendía el café, Alexander bajó más temprano de lo habitual. Pidió su cappuccino y se quedó apoyado en el mostrador, observándola con esa mirada arrogante y calculadora que ya empezaba a conocer.— Necesito hablar contigo un momento — murmuró él cuando no había nadie cerca.Valeria sintió que el corazón se le aceleraba. Terminó de preparar el café y lo miró directamente a los ojos.— Señor Blackwood… hay algo que quiero aclarar sobre el contrato.Alexander levantó una ceja, divertido.— Te escucho.Valeria respiró hondo, juntando valor.— Cuando firmé… no leí todo con detenimiento. Quiero que quede claro que no quiero nada físico entre nosotros. Nada de besos, nada de tocarme más de lo necesario en

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    Valeria despertó en la enorme cama de la habitación de invitados del penthouse de Alexander. Por un momento se sintió desorientada. Las sábanas eran suaves, el techo alto, y el silencio era casi abrumador. Se sentó lentamente, abrazando sus rodillas contra su pecho curvy.“Esto es real. Firmé el contrato.”Se levantó y se miró en el espejo del baño. Su cuerpo relleno se reflejaba sin piedad: caderas anchas, muslos gruesos, vientre suave. El vestido de la noche anterior estaba doblado sobre una silla. Se duchó rápidamente y se puso el uniforme del café que había traído en una bolsa. Isabella le había dejado claro que debía estar en el café a las 7:00 a.m.Cuando salió de la habitación, Alexander ya estaba en la cocina, impecable con un traje gris oscuro, tomando café negro.— Buenos días — dijo él con tono profesional—. El chofer te llevará al café. Regresas aquí a las 6:00 p.m. para prepararte para la cena de esta noche.Valeria asintió, sintiéndose pequeña.— ¿Otra cena?— Sí. Esta v

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    Al día siguiente, en la oficina del piso 35 aún estaba en penumbras cuando Alexander Blackwood terminó con Lena sobre el escritorio. Sus movimientos fueron intensos pero controlados, y cuando ambos alcanzaron el clímax, él soltó un gruñido ronco de placer. Se quedó unos segundos con la respiración agitada, una sonrisa satisfecha curvando sus labios.Valeria pasó el resto del día como en una nube. Sus manos trabajaban automáticamente preparando cafés y atendiendo clientes, pero su mente no dejaba de repetir la conversación con Alexander. El contrato. Los quinientos mil dólares. La humillación de ser vista como la “novia conveniente”. Y lo peor… la ilusión traicionera que sentía en el pecho cada vez que pensaba en estar cerca de él.Al terminar su turno, subió al ascensor de servicio con el corazón latiéndole fuerte. Se miró en el reflejo metálico de las puertas: uniforme negro, coleta desordenada, mejillas sonrosadas y ese cuerpo curvy que siempre había intentado esconder.“¿Qué estoy

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