LOGINALONSO:
Las figuras encapuchadas avanzaron con movimientos fluidos y precisos, como si fueran sombras vivientes. El primer choque fue brutal; Como un maniático sabiendo que debía defender a mi mujer y a mi futuro hijo a toda costa, le dirigí una mirada a mi sobrino Filippo, quien asintió. Dante y yo, seguidos por la mitad de mis hombres, arremetimos con todo contra ellos, honrando el sobrenombre que teníamos en el mundo de la mafia: "Los Á
Mientras los veía salir, sentí una oleada de gratitud y felicidad. El doctor Luigi comenzó a realizar los últimos chequeos, y yo cerré los ojos por un momento, saboreando la paz que siguió al nacimiento de mi hijo, consciente de que pronto la habitación se llenaría de la alegría y el caos de mi familia.El tiempo pasó volando, y antes de que nos diéramos cuenta, llegó el día de mi boda. La playa de Cedera se había transformado en un escenario de cuento de hadas. Flores exóticas adornaban el altar, y el sonido de las olas proporcionaba la música de fondo perfecta. No acepté nada tecnológico quería todo normal y Alonso me complació.Con mi vestido blanco y radiante, caminé hacia Alonso, quien me esperaba con una sonrisa que iluminaba todo su ser. Nuestro pequeño Fiodor, en brazos de Diletta, gorjeaba fel
Nectáreo, siempre práctico y resuelto, tomó el control de la situación. Su voz firme y decidida contrastaba con la tensión que se palpaba en el aire.—Bien, familia, parece que tendremos que posponer la celebración. ¡Vamos al hospital!Todos miramos a nuestro alrededor, estábamos en la costa, lejos del centro de Cedera donde quedaba el hospital de Luigi. En ese instante anhelé que uno de esos autos que hablaban solos y que aparecían a cada rato si te veían caminar hicieran acto de presencia.—¿Dónde están todos esos locos autos cuando más los necesitan? —grité al sentir que una nueva contracción me envolvía y cómo un líquido caliente corría por mis piernas—. ¡Ah..., aparezcan maldita sea!Mis hermanos me miraban sin entender a qué me refería, pero vi a mi Alonso sacar su
Mi embarazo estaba en su recta final, y mi corazón anhelaba desesperadamente noticias de mis queridos hermanos. Cada día que pasaba, sentía un vacío creciente al imaginar que mi única hermana, Diletta, no estaría a mi lado en el momento más importante de mi vida. Aunque las mujeres de la familia se desvivían por ofrecerme su compañía y apoyo, en el fondo de mi alma, solo deseaba la presencia reconfortante de mi hermana.Alonso, mi amado esposo, notaba mi inquietud. Me sorprendía constantemente mirando hacia el puerto y el aeropuerto, como si pudiera hacer aparecer a mis hermanos con la fuerza de mi deseo. Con su dulzura habitual y siguiendo el consejo de mi cuñado, el doctor Luigi, decidió sacarme a dar un paseo por la playa.—Caminar te ayudará con el parto— me recordó con una sonrisa cálida.El atardecer en Cedera era un
Se abrazó a mi cuerpo repitiendo que era feliz, pero podía notar que no lo era del todo. No insistí, quizás eran cosas del embarazo. Seguimos caminando rumbo a nuestra bella casa que hice exactamente como ella quería; no me importó las veces que me hizo cambiar algo. Lo hacía porque quería complacerla hasta el más mínimo detalle para que fuera feliz, y lo haré gustoso cada vez que me lo pida.Mientras caminábamos, pasamos por delante de la fábrica de Gaby, que es de cristal. Al observar a los jóvenes ingenieros y científicos trabajando con entusiasmo en los laboratorios, sentía una profunda gratitud. Hemos pasado de ser una familia unida por secretos oscuros a ser una comunidad que trabaja junta por un futuro brillante. Y todo gracias a la visión y determinación de Gabriel D'Alessi y todos nuestros jóvenes, porque ellos no se quedan at
El regreso de las jóvenes interrumpió el momento. Me apresuré a ayudarlas, tomando sus bolsos con alivio. Salimos rumbo a nuestro destino, dejando atrás el pasado turbulento y mirando hacia un futuro incierto pero lleno de posibilidades.Mientras cargaba el equipaje en el coche, sentí el peso de las decisiones tomadas y de las que aún estaban por venir. El camino que nos esperaba era largo y desconocido, pero estaba dispuesto a recorrerlo con Celia a mi lado. Lo demás, como siempre en esta vida impredecible, se lo dejaríamos al destino.En las siguientes horas, todo se desarrolló con una rapidez vertiginosa. Volamos a Monte Giardino, donde realizamos el ritual en el manantial de la vida, liberando a Celia y a mi cuñada de los tatuajes que las habían marcado durante tanto tiempo. La gran caldera del tesoro, señalada por el abuelo, fue encontrada y rescatada, cerrando así u
No respondí. Corrí al baño y me metí bajo el chorro frío de la ducha para despertarme. Lo sentí sacar mis ropas mientras me contaba que los hombres estaban entrenando, los había visto desde su ventana. Dante y yo habíamos vivido mucho tiempo solos y nos ayudábamos mutuamente en todo. Al salir, me puse la ropa que había elegido para mí sin preguntar. Lo notaba nervioso, y yo también lo estaba.Salimos en silencio hasta el comedor donde Nectáreo reía a carcajadas con sus dos hermanas, en verdad las amaba y lo hacían feliz. Él mismo había preparado, ayudado por ellas, el desayuno; cocinar era su pasión. Tomamos asiento luego de saludar a cada extremo de la mesa como era nuestra costumbre.—¿Y esto a qué se debe? —me atreví a preguntar, intrigado por la escena familiar que se desplegaba ante mis ojos.&m







