FAZER LOGIN~~ ISANDRO ~~Estoy revisando el horario de inspección de mañana cuando aparece un correo de RR. HH. en mi tableta.El asunto captura de inmediato mi atención.[SOLICITUD DE VERIFICACIÓN DE EMPLEO — VIANA VERGARA.]Lo abro y leo la solicitud adjunta.Su casero quiere confirmación de su salario y estado laboral porque el acuerdo de arrendamiento está cambiando.Al parecer, Eric se muda, el alquiler sube y Viana puede tener que demostrar que puede costear el apartamento sola antes de que el casero acepte renovarlo a su nombre.Claro que no me dijo nada de esto.Miro la pantalla unos segundos, ya irritado, antes de escribir un mensaje.—Necesitamos hablar sobre tu alojamiento.—Después de enviarlo, apenas tengo tiempo de dejar la tableta antes de que suene un golpe en mi puerta.Cuando abro, Viana está de pie allí con el teléfono en una mano y la molestia escrita en toda la cara.—¿Cómo sabes lo de mi casero? —pregunta.—Buenas noches a ti también, Viana.Y de alguna manera eso hace que
~~ VIANA ~~La pregunta queda suspendida entre nosotros y en el segundo en que sale de mi boca, desearía poder agarrarla y metérmela de nuevo.¿Me odias… o todavía me deseas?Isandro solo me mira.Su rostro no delata nada, pero su silencio es de alguna manera peor que cualquier respuesta que pudiera dar.—¿Y bien? —pregunto, odiando el leve temblor en mi voz.Aparta la mirada un segundo antes de que sus ojos vuelvan a los míos.—Desear a alguien y confiar en alguien son dos cosas diferentes.El corazón me da un vuelco.—Así que sí me deseas.La mandíbula se le tensa de inmediato.—No me pongas palabras en la boca.—Entonces di que no.Silencio.Ahí está.Suelto una risa seca, aunque no hay nada gracioso en esto.—Exacto.—Viana——No. —Doy un paso atrás—. No tienes derecho a tratarme como si te diera asco, acusarme de ir tras tu dinero, enfadarte cada vez que Mateo o Eric se acercan a mí, y luego quedarte ahí actuando como si yo fuera la confusa.Su expresión se endurece.—Nunca dije q
~~ ISANDRO ~~Noto que algo le pasa a Viana en el momento en que entra al desayuno.No deja de mirar su teléfono, apenas toca el café y le responde a Mateo con medias frases.Me digo a mí mismo que no es asunto mío, pero eso no me impide observarla.Patético.—¿Todo bien? —le pregunta Mateo.Ella fuerza una sonrisa.—Sí. Solo algo con Eric.Ahí está ese nombre otra vez.Bajo la vista a mi plato antes de que alguien note mi reacción.Su teléfono suena y se disculpa.Intento no escuchar, pero no se aleja lo suficiente.—¿Qué quieres decir con dos semanas? —pregunta en voz baja.Mi atención se agudiza.Luego baja aún más la voz.—No, Eric, lo entiendo. Felicidades. En serio. Estoy feliz por ti.¿Felicidades?Cuando regresa, su expresión se ve diferente.—¿Qué pasó? —pregunta Mateo.—La novia de Eric está embarazada —dice—. Así que ha decidido mudarse con ella. Puede que se vaya en dos semanas.Mateo asiente.—Eso es rápido.—Sí.Ella baja la vista a su teléfono otra vez.Ya sé en qué est
~~ VIANA ~~¿Por qué?La pregunta queda suspendida entre nosotros.Isandro me mira como si le hubiera preguntado algo imposible.Por una vez, no tiene una respuesta rápida, y odio lo mucho que eso me afecta.—Porque no deberías tener que depender de extraños —dice por fin.Me cruzo de brazos.—Eric no es un extraño.—Sabes a lo que me refiero.—No, no lo sé. Por eso pregunté.La mandíbula se le tensa, y por un segundo pienso que va a decir algo real.En cambio, aparta la mirada hacia las luces de la ciudad.—Es tarde, Viana.Casi me río.Claro.El gran Isandro Benavidez no tiene problema en darme órdenes, pero en el momento en que le hago una pregunta simple, de repente es hora de dormir.—Buenas noches.No espero a que responda. Vuelvo a mi habitación y cierro la puerta del balcón tras de mí.***A la mañana siguiente, me digo a mí misma que no estoy pensando en él.Lo repito como un mantra mientras me peino, mientras me visto e incluso mientras bajo las escaleras para desayunar.Aun
~~ ISANDRO ~~Miro a Viana después de que las palabras salen de mi boca.—Antes de enterarme de que otro hombre ha estado pagando para mantener un techo sobre la cabeza de mi esposa.Su expresión se endurece de inmediato.—¿Tu esposa?Ya sé que dije demasiado, pero retractarme me haría parecer débil.—Sí.Ella suelta una risa corta.—Interesante. No sabía que ser tu esposa de repente importaba cuando se trata de dónde vivo.—No tuerzas mis palabras.—No estoy torciendo nada, Isandro. Eres tú quien quiere decidir dónde vivo porque Eric me ayudó con el alquiler.—No debería haber tenido que hacerlo.Sus cejas se alzan de golpe.—¿Y de quién es la culpa?Me quedo quieto. Claro que lo llevaría allí.Hace tres años. Otra vez.—Si te importaba tanto si tenía un techo sobre la cabeza, quizás deberías haberlo hecho hace tres años.La mandíbula se me tensa. Quiero decir algo, cualquier cosa, pero cada respuesta que se me ocurre suena peor que el silencio.Viana niega con la cabeza.—Exacto.—E
~~ VIANA ~~Isandro sigue mirando el nombre en el documento, como si esperara que de repente recordara todo sobre él.—Te dije que no lo conozco personalmente —digo—. Solo recuerdo haber visto el nombre en algún sitio de la oficina de mi padre hace años. Quizá en una carta o en uno de los archivos de su empresa.Sus cejas se fruncen.—¿Estás segura?—Sí, Isandro. Estoy segura de que vi el nombre. Solo no estoy segura de por qué. —Mi padre dirigía una empresa de asesoría financiera, así que siempre había nombres en los documentos de su oficina.Isandro finalmente deja el documento.—Tu padre trató con cientos de personas a través de su negocio. Ver el nombre de alguien en su oficina no lo conecta automáticamente con lo que está pasando aquí. Ya investigué a tu padre antes, y nada sugería que estuviera involucrado en nada ilegal.Tiene razón. Odio que tenga razón, pero la tiene.—Si encuentras algo relacionado con mi padre, quiero saberlo.Sus ojos se cruzan con los míos.—No pensaba oc







