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Capítulo 53

Author: Salyspears
last update publish date: 2025-06-02 10:20:25

Analisse

Me sentía como una estúpida. No podía creer todo lo que vi hoy. Y por si fuera poco, esa mujer tuvo el descaro de mandarme fotografías. Me dolía, me ardía el pecho. No solo por lo que vi, sino por lo que significaba. Leonard Blackwell, el hombre por quien yo ingenuamente creí que podía sentir algo, el muy imbécil le contó todo a su exesposa. Todo.

Cada maldito detalle de lo que, supuestamente, era nuestro acuerdo privado. Le dijo que yo era solo una madre en alquiler, una esposa por co
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    AnalisseEn estos momentos me encuentro firmando algunos documentos importantes. Son papeles de compra y venta que debo revisar para continuar ampliando nuestra empresa. Hace ya cinco años, para mi cumpleaños, Leonard. Me sorprendió con un regalo que nunca imaginé: una pequeña empresa dedicada a la creación de perfumes naturales. Recuerdo lo que me dijo cuando me trajo aquí.—Haz con ella lo que desees, amor.Al principio, no podía creerlo. Era un terreno precioso, ubicado a las afueras de la ciudad, donde teníamos un hermoso jardín botánico —o como también le llamamos nosotros, el viñedo floral— lleno de gardenias, margaritas de todos los colores, lilas, rosas, y una infinidad de flores aromáticas que yo misma cultivaba y seleccionaba para la preparación de las fragancias. Era un paraíso de aromas y colores.Durante estos cinco años, he logrado hacer crecer esta pequeña empresa hasta convertirla en una de las marcas de perfumes naturales más destacadas del país. Junto a Leonard, mi e

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    LeonardNos encontramos en el hotel Kenda, la vista al mar es simplemente perfecta. La brisa cálida de la noche acaricia el balcón mientras nosotros, dentro de la salon privado de la suite, permanecemos abrazados. Sus brazos rodean mi cuello y mis manos acarician suavemente su espalda desnuda. Nuestros cuerpos se buscan, se rozan, se miman como si el tiempo no existiera, como si el universo se hubiese detenido solo para nosotros.Miro el anillo en su mano, y mi corazón late con fuerza. Me siento el hombre más dichoso del mundo. No puedo evitar pensar en lo acertado que fue aceptar la locura de mi primo Vicenzo. Fue él quien me empujó a buscar una madre en alquiler. Nunca imaginé que aquella decisión me llevaría directo a ella… a la mujer de mis sueños. Esa mujer que hoy está aquí, conmigo, dándome más de lo que jamás hubiera pedido. Ella es mi fortaleza cuando tambaleo, es mi paz cuando el caos me invade. La miro, la deseo, la amo.Mis labios buscan su piel mientras mis manos exploran

  • Madre en Alquiler para el Hijo del Ceo Tirano.   Capítulo 80

    AnalisseDurante estos meses la vida me ha enseñado tantas cosas, más de las que jamás imaginé aprender. Hoy, mientras contemplo a mi bebé, que ya ha cumplido más de dos meses de nacido, no puedo evitar sentirme afortunada. A veces lo miro y me pregunto cómo fue que llegué hasta aquí, rodeada de amor, de paz, y de un esposo que, aunque en un principio aparentaba ser un hombre déspota, frío y hasta tirano... ahora es completamente diferente. Es amoroso, paciente, tranquilo. Me hace sentir viva, protegida, amada.Gracias al cielo, Diana no regresó. Lo único que supimos fue que aquel hombre se la llevó a Rusia. Y, como si fuera poco, ese mismo hombre fue quien mandó a matar a Ignacio. Algo difícil de creer al principio, pero confirmado cuando Dimitri nos lo comunicó. Dimitri, quien coincidía con el marido de Diana. Aparentemente, ellos se conocían desde antes. Por eso todo sucedió de esa manera.Con el tiempo entendí que Dimitri se había acercado a Leonard porque, erróneamente, pensó que

  • Madre en Alquiler para el Hijo del Ceo Tirano.   Capítulo 79

    LeonardMiro una y otra vez los papeles que me entregó Vincenzo. El sobre aún lo tengo en la mano, pero sigo sin comprender. Frunzo el ceño mientras leo cada palabra cuidadosamente.—¿Qué quiere decir esto? —le pregunto levantando la vista—. ¿Renuncias? ¿Por qué vas a renunciar?Él suelta un bufido exasperado y luego se revuelve el cabello, como si intentara quitarse de la cabeza los pensamientos que lo atormentan.—Necesito irme del país ahora mismo —dice con firmeza—. No me siento con ganas de seguir trabajando. Tengo mucho dinero acumulado… para nada.—¿A qué te refieres con eso? —insisto, tratando de entender—. ¿Ya no quieres estar en la empresa? Bueno, por el momento, si necesitas tiempo, toma tus vacaciones y luego regresas.Pero me mira fijo, muy serio. La sonrisa cínica que suele llevar en el rostro ha desaparecido. Lo que sigue me sorprende.—Te seré sincero, Leonard. Estoy harto de ser tu empleado. Quiero ser un hombre autosuficiente. Solo eso.Me inclino un poco hacia él, c

  • Madre en Alquiler para el Hijo del Ceo Tirano.   Capítulo 78

    LeonardDespués de haber salido del cementerio, directo me fui a la comisaría. Según me habían informado, ya tenían a Diana ahí, justo donde yo quería que estuviera. Incluso me tomé la molestia de contactar a su esposo, ese pobre desgraciado, para que viniera. Que vea él mismo lo que hará con su querida esposa. Aunque siendo sincero, si fuera por mí, la refundiría en la cárcel por todo lo que ha hecho.Al llegar, observo cómo la interrogan. Ella, como siempre, negándolo todo con esa cara de falsa inocencia. Apenas me ve, se pone de pie como si quisiera correr hacia mí, pero el guardia actúa rápido, la sujeta firmemente y la obliga a sentarse de nuevo.—¿Por qué me detuvieron? —me pregunta desesperada—Tú tienes que decirles a ellos que yo no tengo nada que ver con esto.La miro fijamente, sin pestañear.—Pues sí tienes mucho que ver —le respondo con frialdad—Intentaste acabar con la vida de mi hijo... y con la de su madre.—¡Es mentira! Tu esposa está loca. ¡Es una envidiosa!Su voz me

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    AnalisseAbrí los ojos lentamente. El dolor me atravesaba como agujas inclementes y no pude evitar gemir. Llevé mi mano al vientre, asustada, pero lo encontré vacío. Mi corazón se detuvo un instante, un pánico brutal me invadió. —¿Dónde está mi bebé? —grité, desbordada por el miedo.Una enfermera se acercó rápidamente, intentando calmarme.—Señora, por favor, tranquilícese —me pidió con suavidad.Pero yo no podía, no en ese momento.—¿Dónde está mi bebé? ¡Quiero verlo! —insistí, con la voz temblorosa, casi suplicante, pensado lo peor.La enfermera, manteniendo la calma, trató de tranquilizarme mientras acariciaba mi brazo.—Su bebé está bien, señora. Tranquila, por favor. Voy a buscarlo.Respiré hondo, intentando dominar el temblor de mi cuerpo, mientras una punzada aguda recorrió mi abdomen. La herida de la cesárea ardía, recordándome lo reciente que había sido todo. Cerré los ojos, rogando que todo estuviera realmente bien.Pasaron algunos minutos que se sintieron eternos, hasta que

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