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Capítulo: ¿Tienes talento?

Penulis: Luna Ro
last update Tanggal publikasi: 2026-10-17 07:54:42

—¿Qué significa esto? ¿Por qué Federico está trabajando con Amelia? ¿Acaso esos dos planean vengarse de nosotros?

Aldo soltó una carcajada, como si la posibilidad le pareciera ridícula.

—¿De verdad crees que Amelia sería capaz de meterse con tu marido? —preguntó con una sonrisa burlona—. Por favor, Verónica. Esa mujer ni siquiera pudo conservarme a mí. ¿Qué te hace pensar que ahora tiene el poder de perjudicarnos?

Verónica también rio, complacida por la seguridad de Aldo.

—Exactamente. Esa insignificante no es nadie sin ti. Además, tú eres un diseñador talentoso, amor. Tienes experiencia, visión y una capacidad creativa que ella jamás podrá igualar. Si Federico cree que contratarla representa una amenaza para nosotros, pronto descubrirá que está cometiendo un grave error.

Aldo sonrió, aunque sus ojos se desviaron por un instante hacia la puerta de la sala de juntas.

Las palabras de Verónica habían alimentado su orgullo, pero había algo que le incomodaba.

Conocía a Amelia.

Sabía que no era una mujer que actuara sin pensar y que, cuando se proponía conseguir algo, podía volverse extraordinariamente obstinada.

**

Unos minutos después, la reunión terminó.

La puerta de la sala de juntas se abrió y Federico salió acompañado de Amelia. Ambos conversaban tranquilamente, como si acabaran de cerrar un acuerdo que los beneficiaría a los dos.

Al verlos, Verónica se enderezó de inmediato.

La cercanía entre ellos le provocó una punzada de irritación.

No soportaba la idea de que Federico pudiera seguir adelante con su vida mientras ella intentaba demostrar que su nueva relación con Aldo había sido la decisión correcta.

Se acercó a su exmarido con una sonrisa cargada de ironía.

—¡Federico! ¿De verdad estás tan celoso que has decidido actuar por despecho? Esto es ridículo. Mírate, paseándote con la exmujer de mi nuevo hombre. ¿No te parece una actitud bastante infantil?

Federico se detuvo.

Primero miró a Verónica y después dirigió una breve mirada a Aldo. Finalmente, regresó los ojos a su exesposa y dejó escapar una risa seca, carente de diversión.

—¿Despecho?

—¡Sí! —respondió ella, levantando la barbilla—. No soportas verme con Aldo. Estás celoso porque rehíce mi vida y, como no puedes recuperarme, has decidido quitarme mis acciones y acercarte a Amelia para castigarme.

Federico la observó durante unos segundos, como si estuviera intentando comprender de dónde había sacado semejante conclusión.

—Verónica, te aconsejo que dejes de atribuirte una importancia que ya no tienes en mi vida. Para sentir celos de ti, primero tendría que seguir deseándote.

La sonrisa de Verónica desapareció.

—¿Qué acabas de decir?

—Lo que escuchaste.

Federico se acomodó los puños de la camisa con absoluta tranquilidad.

—Nuestra relación terminó. Tú tomaste tus decisiones y yo tomé las mías. Si decidí recuperar el control de mis acciones, fue por motivos empresariales, no porque me quité el sueño tu relación con Aldo.

Verónica sintió que el rostro le ardía.

No esperaba que Federico la rechazara con tanta indiferencia.

—¡Estás mintiendo! —exclamó—. No puedes soportar que esté con otro hombre.

Federico arqueó una ceja.

—Si necesitas creer eso para sentirte mejor contigo misma, adelante. No voy a perder mi tiempo intentando convencerte de lo contrario.

Después, su mirada se desplazó hacia Amelia.

—Además, la señorita Macedo es una mujer hermosa y talentosa. Si algún día quisiera conquistarla, tendría que ganarme su interés. No necesito utilizarla para provocarte.

Las palabras fueron pronunciadas con naturalidad, pero la intensidad con la que Federico miró a Amelia hizo que las mejillas de esta se tiñeran ligeramente de rojo.

Ella sostuvo su mirada durante un instante y después apartó los ojos.

Esto es solamente un trato profesional, se recordó.

No debía confundir la forma en que Federico la miraba con una promesa de algo más.

Por el momento, ambos tenían intereses en común y eso era lo único que importaba.

Aldo, por su parte, había observado el intercambio con creciente irritación.

No le gustaba que Federico alabara a Amelia delante de él. Mucho menos que hablara de conquistarla como si ella fuera una mujer digna de admiración.

—Con todo respeto, señor Cantú, creo que está sobrevalorando a esa mujer —intervino—. Amelia no es tan talentosa como usted parece creer. Como esposa fue un fracaso y, como diseñadora, dudo que tenga la capacidad necesaria para aportar algo realmente importante a su empresa.

Amelia volvió lentamente la cabeza hacia él.

No había sorpresa en su rostro, ni dolor, ni aquella vulnerabilidad que Aldo estaba acostumbrado a provocar en ella.

Federico, en cambio, dio un paso hacia Aldo.

La diferencia de estatura y la presencia imponente del empresario hicieron que este último retrocediera instintivamente.

Se arrepintió del movimiento en cuanto se dio cuenta de que Verónica lo había notado, así que enderezó la espalda y apretó la mandíbula.

—¿De verdad estás tan seguro de tu talento, Mirellez? —preguntó Federico—. Hablas de Amelia como si tuvieras autoridad para determinar quién merece triunfar en esta industria. Me pregunto si tus resultados respaldan semejante arrogancia.

Aldo endureció la expresión.

—Mis resultados hablan por sí solos. MacStyle tiene un futuro prometedor y, si usted insiste en contratar a una mujer sin talento, no me culpe cuando mi empresa termine superando a Luna Trece.

Federico no pareció impresionado.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas conseguirlo?

Aldo levantó la barbilla, recuperando parte de su seguridad.

—Soy un gran diseñador. Tengo la creatividad, la experiencia y la visión necesarias para convertir MacStyle en una de las marcas más importantes del mercado. No necesito que nadie me enseñe a hacer mi trabajo.

Amelia soltó una risita.

—¿Qué te causa tanta gracia?

—Oh, nada, señor Mirellez, solo espero que su talento sea tan bueno para que de verdad diseñe algo en su vida.

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