เข้าสู่ระบบA la mañana siguiente, recibí una solicitud de llamada de mi antigua familia. La notificación de la aplicación apareció en la pantalla de mi celular."Mamá, papá y Adrián solicitan comunicarse contigo. ¿Deseas aceptar?"Yo estaba sentada junto a la ventana con el nuevo gato en brazos. La luz del sol caía sobre el dorso de mi mano. La piel ya no se volvía transparente y no había ninguna cuenta regresiva.Estrella estaba a mi lado. Cuando vio la notificación, guardó silencio un instante.—Tú decides.Roberto salió con una taza de leche.—Si quieres verlos, estaremos contigo. Si no quieres, nadie te obligará.Bajé la mirada hacia la pantalla. Debajo de las solicitudes también aparecía un mensaje de Lucía.Lo abrí. No me pedía que regresara. Solo contenía unas frases."Daniela, perdóname. Les diré que ninguna de las dos es una herramienta. Ahora sé que nunca fui una niña mala. Tú tampoco eres un reemplazo."Sentí un ardor en los ojos y le respondí:"Tú también mereces ser feliz."Después r
La noche ya estaba muy avanzada. Mamá llevaba horas frente a la computadora buscando una forma de traerme de vuelta cuando papá encontró el portal web del Centro de Investigación de Mundos Paralelos.Papá introdujo mi nombre: Daniela Mendoza.El portal tardó varios segundos en responder. Al final, aparecieron varias líneas rojas."Vínculo familiar con el mundo de origen disuelto. La persona intercambiada renunció voluntariamente a su última oportunidad de cancelar el proceso. No puede ser recuperada."Mamá actualizó la página una y otra vez, golpeando las teclas con fuerza.—No puede ser. Yo la traje al mundo. ¿Cómo que no puedo recuperarla?El portal mostró otro mensaje:"Vínculo familiar roto. La familia de origen no tiene derecho a solicitar su regreso."Papá se volvió bruscamente hacia Adrián.—Inténtalo tú. Eres la persona que más le importa.Adrián apenas podía sostener el celular. Inició sesión en el mismo portal desde su celular y apareció un nuevo mensaje en la pantalla."El p
La familia por fin comprendió que Lucía no era como la habían imaginado.No quería ponerse el vestido blanco para tomarse fotografías, no sonreía frente al pastel, no trataba a Adrián con el cariño que ellos esperaban ni comía los platos que le preparaban.Los abrazos repentinos la asustaban y detestaba el olor del perfume. Las cortinas no podían abrirse por completo y el televisor tenía que mantenerse a un volumen bajo.Al principio, mamá todavía trataba de convencerla con paciencia.—Lucía, sé que sufriste mucho en ese otro mundo, pero también tienes que adaptarte poco a poco.Lucía se tapó los oídos y hundió el rostro en un cojín.—Siempre he sido así. Ustedes nunca aprendieron a adaptarse a mí.La expresión de mamá se endureció. Quiso replicar, pero recordó las palabras "espectro autista" que había visto en la aplicación.En el pasado había escondido aquel informe médico y tirado el plan de intervención que le habían recomendado para Lucía. Insistía en que no le pasaba nada y que s
Al tercer día del regreso de Lucía, la familia ya no podía más.Ella se negaba a dormir en mi cama. Decía que la habitación olía demasiado fuerte, que las sábanas eran demasiado rosas y que la luz la lastimaba. Mamá apagó la lámpara, pero el cuarto quedó completamente a oscuras y Lucía empezó a temblar.Papá, exasperado, volvió a encenderla.—¿Qué quieres que hagamos entonces?Lucía se encogió contra la pared y su respiración se aceleró.—No grites. Me duelen los oídos.Mamá rompió a llorar, desesperada.—Lucía, te traje de vuelta para que estuvieras bien, no para verte sufrir así.Ella levantó la cabeza.—No estoy armando un escándalo. Me siento mal.El llanto de mamá se interrumpió en seco, como si fuera la primera vez que escuchaba aquellas palabras.A la hora de la cena, preparó mariscos y carne de res.—Te encantaban de niña.En cuanto percibió el olor, Lucía tuvo una arcada y se apartó del plato.—No como esto. Se lo dije muchas veces: el olor me hace daño.El tenedor de papá que
Mi madre del mundo paralelo se llamaba Estrella Quintero. Dejó las cortinas de la habitación a medio cerrar, de modo que la luz del sol cayera únicamente sobre el piso y no me diera en el rostro.Antes de hablar, siempre me miraba para comprobar cómo me sentía.—¿Te molesta si hablo a este volumen? ¿Quieres que baje un poco más la luz? ¿Te incomoda que me quede aquí?Me aferré a la esquina de la sábana.No fingía ser considerada solo para agradarme. Esperaba con paciencia a que yo me sintiera un poco más cómoda.Mi padre se llamaba Roberto Mendoza. Sirvió la sopa y dejó la cuchara junto al tazón.—Está un poco caliente. Antes te dolía el estómago cuando te ponías nerviosa, así que come solo unas cucharadas al principio.Levanté la cuchara con esfuerzo.Probé una cucharada. Al llegar a mi estómago, vacío desde hacía demasiado tiempo, la sopa me provocó un dolor tan intenso que las lágrimas me brotaron de golpe.Estrella me ofreció un pañuelo sin preguntarme por qué lloraba.—Ve despacio
Mamá contempló aquellas palabras sin decir nada.—Lucía, ¿eres tú?La pantalla volvió a parpadear."Daniela no es un cuerpo que puedan usar. Ella también siente dolor."Papá se quedó rígido y Adrián volvió la cabeza bruscamente hacia mí.Yo seguía de pie frente a la cámara. Aún mantenía aquella sonrisa forzada.Mamá se abalanzó sobre el celular y lo sostuvo entre las manos.—Lucía, mamá solo te extraña demasiado. Llevo tantos años buscándote.Otra frase apareció lentamente en la pantalla."Cuando era niña, les dije que me asustaban los ruidos y las luces, y que no soportaba que me tocaran de repente."El llanto de mamá se detuvo. Lucía siguió escribiendo."El médico les dijo que presentaba rasgos del espectro autista y que tenía hipersensibilidad sensorial. Ustedes dijeron que solo me portaba mal."Nadie volvió a hablar en la sala. Las lágrimas seguían en el rostro de mamá, pero su expresión era de desconcierto.—Eso no es cierto. Lucía, de niña solo eras demasiado caprichosa.Al oírl