A la mañana siguiente, la mesa estaba repleta de comida: camarones asados, cangrejo, sopa de mariscos y arroz con camarones.Yo era alérgica a los mariscos. Mamá lo sabía perfectamente, pero aquel día peló una pata de cangrejo y la puso en un plato.—A Lucía le encantaba el cangrejo. Tengo que volver a preparar sus platos favoritos, para que encuentre sabores conocidos cuando regrese.Permanecí un momento sentada, con el tenedor en la mano. Luego lo dejé sobre la mesa sin probar bocado.—Mamá, ¿todavía recuerdas que soy alérgica a los mariscos?No levanté la cabeza. Me limité a mirar el plato, sin atreverme a mirarla a los ojos.Mamá dejó de pelar el cangrejo.—¿De verdad vas a reclamar por eso en un momento así? Cuando vuelva Lucía, habrá muchas cosas a las que tendremos que adaptarnos. ¿Qué te cuesta saltarte una comida por una vez?Asentí, dejé el tenedor y regresé a mi habitación.Adrián llegó por la tarde. Al verme, frunció apenas el ceño. Lo observé un momento antes de hablar.—A
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