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Capítulo 3

Penulis: Rosa Sauri
—Es el primer proyecto de Carmen desde que volvió al país. No quiero que nada salga mal.

Observé aquella escena con una frialdad que hasta a mí me sorprendió.

Esa noche, al volver a casa después de aquella negociación, Joaquín se quedó largo rato sentado en el sofá, como si no supiera por dónde empezar.

Al final, me explicó:

—Después de todo, seguimos casados en secreto. Todavía no he encontrado el momento adecuado para hacerlo público. Más adelante se lo explicaré a todos. Por ahora, lo más urgente es sacar adelante este proyecto.

Asentí sin discutir. Tampoco le recordé que lo verdaderamente urgente debería haber sido nuestra boda, que ya estaba a la vuelta de la esquina. Una boda que, desde que aceptó celebrarla, nunca se había molestado en organizar.

Mucho menos iba a recordarle que, para cuando llegara ese día, yo ya no estaría a su lado.

Después de todo, a sus ojos, Carmen siempre sería lo más importante.

Durante el proyecto, Joaquín intentó evitar que Carmen y yo coincidiéramos demasiado, pero Karina terminó dándose cuenta de que algo pasaba.

Con una curiosidad mal disimulada, me preguntó:

—¿Hubo algo entre tú y el señor Halabe?

Sonreí.

—¿Cómo se te ocurre?

Karina frunció los labios.

—Varias veces te ha mirado a escondidas, con una culpa tremenda. Es la mirada de un hombre que sabe que se portó como un desgraciado contigo y al que todavía le queda un poco de conciencia.

Me quedé en silencio un instante y repasé mentalmente lo ocurrido.

No era que no hubiera notado esas miradas. Solo que, después de todo lo vivido, ya no sabía cómo interpretarlas.

***

Faltaban diez días.

Ese día teníamos la reunión periódica del proyecto.

Carmen charló conmigo durante bastante tiempo, como si todo fuera pura casualidad. Yo sabía que probablemente ya había adivinado qué relación había entre Joaquín y yo.

Aun así, le respondí con cortesía.

Cuando terminó la reunión, Joaquín se ofreció a llevarme a casa.

Era la primera vez que lo hacía.

—Tu trabajo superó con creces mis expectativas.

Después de cinco años de matrimonio, era la primera vez que aquel hombre me elogiaba.

La mano con la que ordenaba los documentos se me quedó quieta. Lo miré con cierta confusión.

Joaquín vaciló durante largo rato antes de preguntar al fin:

—¿A estas alturas todavía tiene sentido celebrar la boda?

Bajé la mirada. Supuse que quería cancelarla, seguramente otra vez por Carmen.

—Entonces mejor cancelémosla. Ya faltan muy pocos días.

Levanté los ojos para verlo. No quise ponerlo en evidencia ni hacer más incómodo el momento.

Joaquín se quedó atónito, como si hubiera escuchado una respuesta que nunca habría esperado. De pronto preguntó:

—¿No te importa?

Era lógico que lo preguntara. Antes, seguramente habría perdido el control al instante y le habría exigido una explicación. Muchas de las escenas más vergonzosas de nuestro matrimonio habían nacido de mis estallidos. Aunque todos esos estallidos los había provocado él.

Negué con la cabeza.

—¿Por qué habría de importarme? Al final, solo es una ceremonia.

Tras un largo silencio, fue él quien volvió a hablar.

—Entonces… en unos días podríamos irnos a descansar fuera de la ciudad.

Miré la cuenta regresiva en mi celular. Solo quedaban diez días, así que me negué.

Las manos de Joaquín se tensaron sobre el volante. Casi se pasó un semáforo en rojo.

—¿Y si vamos a la playa? ¿O a ese restaurante al que siempre quisiste ir?

Siguió proponiendo distintos planes para distraernos, pero los rechacé uno por uno.

Cuando bajé del auto, la incomodidad y la culpa que antes se le notaban en el rostro ya se habían transformado en confusión y disgusto.

Al ver su rostro, fui yo quien habló primero.

—Podríamos ir a ver nuestro antiguo departamento.

Era el lugar donde Joaquín y yo habíamos vivido al inicio de nuestro matrimonio.

La verdad, me daba cierta nostalgia.

Joaquín se quedó inmóvil unos segundos, como si intentara adivinar lo que yo pensaba.

Incluso después de que bajé del auto, siguió sentado allí, aturdido durante largo rato.

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