MasukMi esposo, Joaquín Halabe, y yo éramos dos mentirosos. Él me juró que olvidaría a Carmen Granillo, la mujer que nunca logró superar, pero tenía el celular lleno de fotos de ella. Yo le prometí que jamás lo dejaría, mientras planeaba un futuro sin él. Hace un mes, lo engañé para que firmara los papeles del divorcio. Hoy era el día en que por fin desaparecería de su vida. Faltaban tres horas: ya tenía todas las maletas listas y había comprado un boleto de avión para irme al extranjero. Faltaban dos horas: recorté todas las fotos en las que aparecíamos juntos hasta dejar solo mi imagen en el álbum. Faltaba una hora: coloqué cuidadosamente el acuerdo de divorcio sobre la mesa. Después de diez años amándolo, aquel era el primer día que lo dejaba.
Lihat lebih banyakJamie
Jamie’s palms were already sweaty as she stepped onto the crowded rooftop. The party was loud — bass-heavy music vibrating through the wooden deck, fairy lights twinkling against the London night sky, and the distant hum of the city below. She had let her best friend Maya drag her here, promising it would be “good for her” to get out more. What Maya didn’t know was that Jamie had only agreed because she heard Lena might show up. Lena. Maya’s older sister. The one woman Jamie had been secretly craving for three long years. At twenty, Jamie still felt inexperienced compared to most of her friends. She had kissed a few girls at university parties, but nothing serious. Nothing that made her body burn the way just *thinking* about Lena did. And there she was. Lena stood near the railing, a glass of red wine in her hand, looking like sin wrapped in designer clothes. Her black crop top clung to her full breasts and toned stomach, while tight jeans hugged her hips and long legs. Her dark wavy hair cascaded over one shoulder, and her sharp eyes scanned the crowd with bored confidence — until they landed on Jamie. A slow, dangerous smile spread across Lena’s lips. Jamie’s heart slammed against her ribs. She tried to look away, but it was too late. Lena was already walking toward her, hips swaying with every step. “Well, well,” Lena purred when she was close enough for Jamie to smell her perfume — something warm and spicy. “If it isn’t my little sister’s favorite girl. Jamie.” “Hey, Lena,” Jamie replied, trying to sound casual. Her voice came out breathier than she intended. Lena’s gaze dragged slowly down Jamie’s body — over the tight little black dress she’d worn, the way it hugged her curves, then back up to her flushed face. “You look… grown up,” Lena said, voice low. “When did that happen?” Jamie swallowed hard. “I’m twenty now.” “I know exactly how old you are.” Lena stepped closer, invading Jamie’s space. The heat from her body made Jamie’s nipples tighten against the thin fabric of her dress. “I’ve been keeping count.” The air between them felt electric. Around them, people laughed and danced, completely unaware of the tension crackling in their little corner of the rooftop. “Where’s Maya?” Lena asked, eyes never leaving Jamie’s mouth. “Downstairs. Making out with some guy she just met.” Lena let out a soft, wicked laugh. “Good. That means she’s distracted.” She reached out and brushed a strand of hair behind Jamie’s ear, her fingers lingering on the sensitive skin of her neck. “I’ve been watching you tonight, you know.” Jamie’s breath hitched. “You have?” “Mmm. You’ve been avoiding looking at me… but your body keeps turning toward me. Like you can’t help it.” Lena’s thumb traced Jamie’s jawline. “Tell me something, baby. How long have you wanted me to fuck you?” Jamie’s knees nearly buckled at the blunt words. Heat flooded between her thighs. “I… Lena, we can’t,” she whispered, even as her body leaned closer. “You’re Maya’s sister.” Lena’s eyes darkened with lust. “That’s exactly why we *should*.” She leaned in until her lips brushed Jamie’s ear. “I’ve seen the way you look at me during family dinners. The way you squeeze your thighs together when I wear short dresses. You’ve been fantasizing about me for years, haven’t you?” Jamie couldn’t deny it. Her face burned with shame and arousal. “Yes,” she admitted in a shaky whisper. Lena hummed in satisfaction. “Good girl. I like honesty.” Her hand slid down to Jamie’s waist, gripping her possessively. “Come with me.” She didn’t wait for an answer. Lena took Jamie’s hand and led her through the crowd toward the quieter side of the rooftop, where tall plants created semi-private corners. Jamie’s heart raced as she followed, knowing she should pull away but completely unable to. When they reached a shadowed spot, Lena pushed Jamie gently but firmly against the wall, caging her in with her taller body. “You’re shaking,” Lena observed, a pleased smirk on her lips. “Are you nervous, baby?” “A little,” Jamie confessed. Lena’s hand came up to cup Jamie’s face. “You don’t need to be nervous with me. I’m going to take care of you tonight.” Her thumb stroked Jamie’s lower lip. “But I am going to be in control. Do you understand?” Jamie nodded quickly, already feeling herself getting wet. “Use your words,” Lena commanded softly. “Yes… I understand.” Lena’s smile was pure sin. “Good girl.” Then she kissed her. The kiss wasn’t gentle. It was hungry, demanding, and full of years of pent-up tension. Lena’s tongue swept into Jamie’s mouth, claiming her completely. Jamie moaned into the kiss, her hands fisting in Lena’s top. Lena pressed her thigh between Jamie’s legs, applying delicious pressure right where she needed it. When Lena finally pulled back, both of them were breathing hard. “Look at you,” Lena murmured, eyes gleaming. “Already so desperate for me. I bet your panties are soaked.” Jamie whimpered, unable to deny it. Lena’s hand slid down Jamie’s body, teasingly slow, until she reached the hem of her dress. “Should I check?” Before Jamie could answer, fingers brushed against her inner thigh, moving higher…—Lárgate.No quería decirle ni media sílaba más.Qué idea tan pésima la de Karina. Aún no había disfrutado ni un poco, y él ya había conseguido darme asco.Joaquín parecía incapaz de creer que esta vez yo hablara completamente en serio. Se levantó, intentando sujetarme, pero Samuel se interpuso.—No hagas el ridículo. Ya te dijo que te largaras. ¿No escuchaste?Frente a mí, Joaquín se mostraba sumiso y vacilante. Pero bastaba que apareciera otra persona para que recuperara el carácter.—¿Y a ti qué te importa?Lo recorrió con la mirada de arriba abajo y luego alzó la voz para preguntarme:—¿No quieres casarte conmigo por alguien así, por un tipo que vende café? ¿Qué puede darte él? ¿Con lo que gana vendiendo café le alcanzará siquiera para pagar el alquiler?Me enfurecí y estaba a punto de contestarle, cuando vi a Samuel alzar un dedo frente a Joaquín.—Ahí te equivocas. Esta cafetería no paga renta. Este edificio es de mi familia. No soy la gran cosa. Preparar café es apenas un pasati
Una semana después, Karina llegó a la ciudad. Pero el viaje le cayó fatal y terminó fuera de combate.No me quedó más remedio que ir a cuidarla a su hotel. Débil y sin fuerzas, me entregó la información del cliente con quien debía reunirse al día siguiente.Me quedé mirándola sin palabras. ¿Cómo podía alguien amar tanto el trabajo?Como ella seguía en cama, me tocaba ir en su lugar. Al final, el negocio era de las dos. Daba igual quién se encargara.Sin embargo, apenas llegué al hotel donde sería la reunión, me arrepentí.Llamé de inmediato a Karina.—No me dijiste que la reunión era con Joaquín.Karina estaba tan mal que apenas tenía fuerzas para hablar, pero al escucharme se espabiló de golpe.—¡Imposible! ¡Yo jamás cometería un error así!Mientras ambas intentábamos entender qué demonios había pasado, Joaquín apareció detrás de mí.—El Grupo Halabe también tenía tratos con ese cliente. Aproveché eso para pedirle que me dejara encargarme de esta reunión. Quería verte.Me di la vuelta
Aterricé en aquella desconocida ciudad costera con el corazón ligero.Compré una nueva tarjeta SIM y lo primero que hice fue contactar a Karina. Después bloqueé en todas mis redes sociales a cualquiera que tuviera relación con Joaquín.Ni siquiera abrí los videos que ya me habían enviado sobre cómo había llorado en el aeropuerto. Bloqueé, borré y dejé el teléfono completamente limpio. Nunca más volverían a aparecer en mi pantalla esas cosas desagradables.En esa ciudad me dediqué a impulsar la nueva etapa de la empresa, trasladando poco a poco el centro de nuestras operaciones.El trabajo me absorbía tanto que no me quedaba tiempo para pensar en hombres. Descubrí que vivir sin tener que preocuparme por uno era increíblemente liberador.Karina me llamó por videollamada y me contó, emocionada, que el proyecto de allá había terminado de manera impecable.Después de tantos tropiezos, por suerte el final había sido bueno y no había afectado las ganancias de ninguna de las dos.Le pregunté d
Joaquín empezó a alterarse mientras hablaba.Yo ya no quería seguir enredándome con él. Tomé mi maleta y me di la vuelta para irme, dejándole solo una frase.—El acuerdo de divorcio está sobre la mesa. Léelo tú mismo.Pedí un auto para ir al aeropuerto.En cuanto escuchó mis palabras, Joaquín entró corriendo a la sala.Sobre la mesa estaba el acuerdo de divorcio que yo había preparado hacía tiempo, con su firma al pie.Su caligrafía era firme y enérgica. Siempre alargaba un poco el último trazo de su firma.Era imposible que Joaquín no reconociera su propia letra. Pero no tenía idea de cuándo había firmado el documento que sellaba nuestra despedida definitiva.Recibí su llamada mientras iba camino al aeropuerto. No contesté. Saqué la tarjeta SIM, la partí en dos y la tiré.Al ver todo lo que hice, el conductor bromeó:—¿Se peleó con su novio?Lo negué con calma.—No. Con mi exesposo.El conductor era de los que, una vez que empezaban a hablar, ya no se detenían.—¿Qué tuvo que pasar pa
Faltaba un día.Quizá, sin darnos cuenta, Joaquín y yo habíamos llegado a una especie de acuerdo tácito. Ya casi nunca coincidíamos en las reuniones del proyecto.Solo a veces, cuando Carmen no estaba, Joaquín aparecía de pronto. No decía nada durante la reunión; apenas me lanzaba una que otra mirad
—Es el primer proyecto de Carmen desde que volvió al país. No quiero que nada salga mal.Observé aquella escena con una frialdad que hasta a mí me sorprendió.Esa noche, al volver a casa después de aquella negociación, Joaquín se quedó largo rato sentado en el sofá, como si no supiera por dónde empe
Faltaban veinte días.Joaquín empezó a salir de casa cada vez más temprano y a regresar cada vez más tarde.La boda que un día me había prometido parecía no haber existido jamás.A veces veía las publicaciones de uno de sus amigos de la infancia. En algún rincón de las fotos, Joaquín siempre aparecí
Cuando fui a entregarle a Joaquín el contrato de organización de la boda a la hora acordada, escuché que conversaba con unos amigos dentro de su oficina.—Carmen vuelve hoy. ¿Y aun así vas a seguir adelante con la boda con Rocío?Joaquín apenas murmuró, distraído:—Ajá.No dejaba de mirar el reloj.












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