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Humillación

Author: Milkaina
last update publish date: 2026-09-09 22:10:29

Capítulo 18

Edward sintió que el dolor en su muñeca seguía punzándole, obligándolo a sostenerse el brazo con la otra mano mientras intentaba recuperar el aliento en el piso de rodillas. Pero el golpe a su orgullo era infinitamente peor que el físico.

Con la cara desencajada, los ojos inyectados en sangre y la respiración agitada, Edward levantó la vista hacia Amara. Su fachada de hombre intocable se había hecho añicos, dejando al descubierto al manipulador desesperado.

—¿Vas a dejar que me tr
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    Capítulo 33—¿No quieres ir? —inquirió él, notando su vacilación.—Yo no sé si… Debo aclararte que antes hubo dificultades... Ellos, los padres de Edward, nunca estuvieron de acuerdo con nuestra relación —confesó Amara con la voz llena de amargura, recordando los viejos agravios. —En los contados encuentros ocasionales que tuvimos, aprovechaban para recordarle mi estatus social y le exigían a Edward que disfrutara de mí como una distracción; pero que no se exhibiera conmigo en los sitios públicos.—No me compares con él, ni con esa gente —la interrumpió Nicolás con voz firme, acortando cualquier distancia mental—. Eres mi esposa, y tu papel en mi vida ese día quedará claro para todos. Te necesito allí… Es mi regreso triunfal a la familia, y quiero que estés a mi lado.Amara se quedó pensativa, con la mirada perdida, sopesando el peso de la exposición pública y las sombras del pasado. Finalmente, exhaló un suspiro resignado.—Está bien. Acepto, aun sin saber del todo qué estoy aceptand

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    Capítulo 32En el interior del automóvil no se escuchaba ningún ruido. Durante un buen rato, ni Amara ni Nicolás dijeron una palabra. El único sonido perceptible era el zumbido del motor y el ruido de la calleNicolás mantenía la mirada al frente, con la mandíbula sutilmente tensa, procesando cada segundo del altercado que acababa de presenciar. Finalmente, rompió el silencio con una voz grave, directa y sin rodeos:—¿Todavía sientes algo por él?Amara giró el rostro hacia él, un tanto sorprendida por la pregunta, aunque reconociendo la corriente de intensidad contenida que siempre lo acompañaba.—¿Por Edward? —respondió ella, exhalando un suspiro lento—.—¿Por quién más?—No siento nada.Nicolás la miró de soslayo, evaluando cada facción de su rostro con una fijeza analítica antes de replicar:—Entendería que aún te sintieras herida. Fueron pareja un tiempo. El amor no muere tan rápido... hace solo pocos días que rompiste con él.Amara negó con la cabeza, volviendo la vista hacia la

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Orgullo herido

    Capítulo 31Amara se detuvo en seco. El tacón de su zapato resonó con un eco seco sobre el pavimento pulido de la entrada. Su primera reacción fue de incredulidad; luego, una sensación de frialdad recorrió su cuerpo. ¿Cómo se atrevía a presentarse allí, acechándola como si tuviera derecho?Edward dio un paso hacia ella. Su apariencia se veía inusualmente desaliñada: la corbata ligeramente floja, el abrigo abierto de cualquier manera y una expresión de angustia que en otro tiempo le habría encogido el corazón, pero que ahora solo le inspiraba repulsión.—Por favor, Amara, ya fue suficiente, tenemos que hablar —insistió él, intentando acortar la distancia con un gesto suplicante—. Sé que estás molesta; no sé por qué no quieres entender que Rebeca me tendió una trampa y manipuló la situación. Te juro que ella no significa nada para mí. No nos hagas esto...—Aléjate, Edward —interrumpió Amara. Su voz no fue un grito, sino un susurro cortante que lo hizo frenar en seco.Sostuvo su mirada s

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    Capítulo 30Amara no mostró expresión alguna ante las palabras de Angelina.Su corazón latía rápidamente. Su mente estaba enfocada en la victoria que acababa de lograr, aunque sabía de sobra que no podía cantar victoria del todo; mucho menos cuando frente a ella tenía a Rebeca mirándola fijamente con un odio visceral.Sabía que Rebeca no se quedaría de brazos cruzados. Ella jamás doblaría su orgullo.—¡Te vas a arrepentir, Angelina! ¡Esta mujer solo es una costurera de remiendos! Jamás podría crear diseños de alta costura; ¡harás el ridículo ante toda la alta sociedad! —bufó Rebeca, fuera de sí, lanzando sus últimas amenazas antes de que la ira la ahogara.—¡Ya basta! —exclamó Valeria, interrumpiéndola con una autoridad feroz—. Estoy harta de sus escandalosas quejas, señorita Barret. Le agradezco que salga de aquí ahora mismo.—¡Tú... tú te arrepentirás, Valeria! Tu reputación quedará por los suelos. No sabes con quién te metes; ¡mi familia no te perdonará que me humilles de esta form

  • Me perdiste. No hay vuelta atrás.   Costurera o diseñadora

    Capítulo 29El silencio se rompió de la forma más violenta cuando Rebeca, recuperando el color en el rostro y con los ojos inyectados en furia, se puso de pie de un salto.—¡Es un plagio! —exclamó, rompiendo la atmósfera con un grito estridente que hizo eco en las paredes del salón privado—. ¡No te dejes engañar, Angelina! Esos diseños no son suyos. Una simple costurera de pacotilla no tiene la capacidad intelectual ni técnica para crear alta costura. Los ha robado de algún catálogo extranjero o los ha mandado a hacer a escondidas solo para colgarse méritos que no le corresponden. ¡Es una impostora y una ladrona!Las palabras de Rebeca cayeron estrepitosamente en la habitación, buscando manchar el esfuerzo de Amara.Angelina parpadeó con fuerza, sacudiéndose del estado de fascinación en el que había caído. Miró los impresionantes bocetos digitales en la pantalla y luego desvió los ojos hacia Rebeca. Su mente estaba llena de dudas.Por un lado, su instinto y su amor por la moda le grit

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    Capítulo 28 Valeria dio un paso al frente, giró el pomo con decisión y abrió las puertas del salón privado. Amara la siguió de inmediato, cruzando el umbral con la espalda perfectamente recta y la barbilla en alto.Allí estaban las dos mujeres, sentadas en los sillones de terciopelo con una postura impecable pero cargada de una altivez insoportable.Angelina y Rebeca las miraron desde su posición con una mezcla de arrogancia y desprecio evidente.Los ojos de Rebeca se fijaron en las recién llegadas.Cuando reconoció a Amara, su mirada se iluminó de inmediato con una chispa de malicia pura; una satisfacción cruel y calculadora se dibujó en su rostro en una sonrisa helada. Por fin la tenía justo donde quería.Angelina, a su lado, mantuvo la expresión aburrida y dominante, cruzando las piernas con lentitud mientras medía a Amara de arriba abajo, lista para aplastarla con el primer desplante.—Vaya, vaya... Miren a quién tenemos aquí —soltó Rebeca al fin, rompiendo el pesado silencio con

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