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No seré una víctima

Autor: Milkaina
last update Data de publicação: 2026-07-13 21:24:55

Capítulo 3 

En el taxi, los recuerdos de los últimos tres años venían una y otra vez a la cabeza de Amara. Pensó en aquella gala benéfica donde lo conoció, cuando ella intentaba arreglar un vestido de alta costura bajo la mirada burlona del hombre que creyó amar. En esa ocasión ella necesitaba dinero con urgencia; sus ahorros se habían acabado. Debía pagar la mensualidad de la escuela de diseño.

A través de Lisa, logró conseguir un contrato temporal de última hora. El trabajo consistía en hacer los arreglos de emergencia y ajustes de alta costura para los invitados VIP en una gala benéfica anual organizada por el todopoderoso clan Barrett.

Esa noche, con el estrés al límite, intentaba arreglar el dobladillo del costoso vestido arruinado de una amiga de Edward, quien la apuraba insistentemente desde la habitación de descanso de los invitados.

En ese momento, entró él a la sala privada buscando un respiro del ruido y de los socios corporativos. Al ver a Amara concentrada, con un hilo entre los dientes y la expresión angustiada, se detuvo a observarla con curiosidad burlona.

—¿Te pagan lo suficiente por arreglar los trapos que valen más que tu vida?

En lugar de intimidarse, ella, toda apurada, intentó no desconcentrarse.

—Retírese, por favor, no puede estar aquí; necesito trabajar.

Edward solo sonrió, aparentemente burlándose, pero no se retiró; se quedó allí contemplándola burlón.

Tiempo después, durante semanas se lo encontró en todas partes: la universidad, sus trabajos a medio tiempo, parecía un asedio.

A ella le parecía un hombre fascinante  y la conquistó con detalles extravagantes, haciéndola creer que amaba su pasión por la moda. Se fue enamorando poco a poco de él. Se ilusionó y en realidad lo vio como el amor de su vida.

Despertó a la absurda realidad que estaba viviendo cuando el chofer del taxi le anunció que habían llegado al complejo de apartamentos de lujo donde vivía con Edward. Una torre de acero y cristal ubicada en el centro financiero, que proclamaba a gritos el éxito que Edward tanto valoraba.

Al cruzar el umbral y entrar en el apartamento que considero su hogar, su mirada recorrió el lugar con una extrañeza dolorosa.

Todo estaba meticulosamente ordenado, pues Edward estaba obsesionado con la limpieza y el orden.

Vio con dolor la comida fría en la mesa. Esa cena romántica la había planeado en su cumpleaños, para arrancarle una propuesta, en ese momento tenía fe de que se podía salvar esta relación, de verdad que tenía fe de que así fuera, no quería tirar el tiempo que habían pasado juntos.

Jamás imaginé el modo en que el eligió celebrar su cumpleaños, se dijo a sí misma con una sonrisa irónica.

Recordó que en sus ojos intimidantes de hace unos minutos; no había ni rastro de amor, solo rabia.

El timbre del teléfono la sobresaltó; pensando en Lisa, respondió sin mirar.

—Amor, ¿dónde estás? Espérame en nuestro hogar. En cuanto me desocupe, hablaremos y aclararemos las cosas —escucho una voz masculina suave y en apariencia arrepentida.

Era Edward.

—Ya te dije que terminamos… no hay nada que aclarar.

—No sabes lo que dices, lo sé, estás enojada, pero hablaremos. Rebeca y yo… habíamos bebido, estuvimos en un brindis, nos pasamos de copas…

—Estoy cansada de ti, Edward, y de esta relación —la voz salió tenue—, cansada de esperarte en un apartamento vacío y en completo orden, cansada de esperar que tengas tiempo, cansada de tu hermanita demonio, sus burlas, sus ironías, sus deseos de controlarte, ella parece más tu mujer que yo y lo peor fue tu traición y el golpe que me diste, eso es definitivo. Soy una estúpida, pero ya se acabó. Solo fui alguien que estaba a la mano cada vez que lo deseabas.

—Amara…

—Te odio, pero más me odio a mí misma por no entender qué tipo de relación tienen ustedes, ahora sé por qué siempre estás disponible sin importar la hora, y por qué ustedes… parecen unidos como siameses. Entonces no logro explicarme… qué pito toco yo en este trío… ¿Acaso te divierte tener a dos mujeres cerca de ti? Si tanto te gusta esa mujer demonio… pues no le amargues la vida a otra mujer.

—Cállate,Amara, no sabes lo que dices —le gritó con furia.

—Además, al parecer no te gusta nada de mí, criticas el largo de mi cabello, mi forma de vestir, mi trabajo te parece vergonzoso....pues entérate, no quiero nada más contigo.

Colgó la llamada; ya no le interesaba nada de él, estaba como anestesiada.

Volvió a mirar alrededor mientras el teléfono repicaba insistentemente.

Cuando salió de ese apartamento, jamás imaginó que regresaría así, derrotada y con el alma rota. Aquel sitio le parecía ahora algo ajeno, un escenario vacío y lejano.

Agarro el mantel por un extremo y lo sacudió, restos de comida y los platos rotos cayeron al piso.

—No eres el amo del orden, pues allí tienes pedazo de basura. Límpialo tú mismo —exclamó como si se lo estuviera diciendo a él.

Observó el desastre que había hecho con satisfacción, después caminó resuelta hasta la habitación principal y abrió el armario.

La vista fue reveladora: había algunos trajes de Edward y al lado algunos vestidos caros que él mismo le había regalado, lo cual creyó que era un acto de amor de su parte.

Sus dedos rozaron la seda; eran prendas que le recordaban a las mujeres que siempre estaban a su alrededor, incluso a la hermana demonio. Según él, esas mujeres sí sabían vestirse y conocían bien lo que estaba de moda.

Con un movimiento brusco, los agarró y los lanzó en forma desordenada sobre la cama, en un signo de rebeldía.

Luego comenzó a meter sus cosas en una maleta, seleccionando solo lo que le pertenecía, lo que había traído consigo el día en que decidió compartir su vida con él. Solo tomó aquello que le recordaba quién era antes de ser "la mujer de".

Sus ojos se posaron en las joyas que él le había regalado, descansando fríamente sobre la cómoda.

—Unas chucherías, las llamaba él. Nada de esto me pertenece. Solo son eslabones de un pasado que no deseo volver a vivir.

Se miró en el espejo. Su mejilla derecha tenía una marca violácea, un rastro imborrable de la furia de Edward y su propia osadía al defenderse. No se vio como una víctima. Se vio como alguien que acababa de despertar de un sueño.

Toco su pequeña cicatriz debajo de la oreja y murmuro:

—No seré una víctima. Nunca más. — se dijo a sí misma.

Ahora, mirando hacia atrás con los ojos bien abiertos y el corazón blindado, comprendía la amarga, cruel y despiadada verdad: él jamás la amó.

—Solo he sido un pasatiempo conveniente, un trofeo accesible y dócil para satisfacer sus impulsos masculinos mientras él mantenía en secreto sus verdaderos y turbios lazos con su hermanastra Rebeca. ¡No lo haré más! No volveré a dejar que los demás me humillen y jueguen conmigo —se prometió a sí misma.

En ese preciso instante, en medio del silencio del apartamento semivacío, el teléfono fijo repicó con un sonido estridente, mecánico y prolongado que la hizo saltar en el sitio.

Sin mirar la pantalla, convencida de que se trataba de Lisa insistiendo con alguna nueva preocupación o advertencia, levantó el pesado auricular de diseño moderno. Una voz masculina, profunda, ronca, magnética y cargada de una extraña, inquietante y eléctrica familiaridad, resonó con claridad al otro lado de la línea:

—He escuchado que tu pedida de mano de esta noche falló. Yo… he venido a ofrecerme. ¿Qué piensas de mí?

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