LOGINEsta vez, Adrián le envió una foto de uno de los sacos: “Este me queda chico de los hombros, necesito que lo arreglen”.Olivia se sintió fastidiada: “Cuando tenga tiempo hablo con el taller para agendar una cita y que lo ajusten”.Adrián mandó otra foto: “Este también necesita arreglo, las mangas me quedan cortas”.Olivia: “??? Es imposible, te han hecho más de cien trajes, y los que te he llevado nunca me habías dicho que algo no te quedara bien. ¿Ahora resulta que hay que arreglar todos?”Adrián: “Sí, todos necesitan arreglo. Y también este, míralo”.Le mandó una foto de él usándolo.Le quedaba perfecto.Olivia: “¿Ese no se te ve bien?”Adrián: “No, no me gusta el estilo. Es demasiado serio, también hay que cambiarlo”.Olivia: “???”¿Quién fue el que dijo: “Soy el director de una empresa, mi imagen pública debe ser sobria y formal, no necesito ropa demasiado a la moda”?Olivia: “Adrián, hoy tienes muchas ganas de buscar pleito, ¿no?”Adrián: “Piensa lo que quieras, de todos modos hay
Olivia siempre se levantaba muy temprano.Cuando Adrián le envió ese mensaje, ella ya estaba despierta y de camino a su sesión de rehabilitación.Al verlo, pensó que era un asunto serio. Sin importar cómo estuvieran las cosas entre ella y Adrián, no podía perjudicar el negocio del atelier.Creyó que se trataba de prendas que Atelier Vega había enviado a su casa para que se las probara y diera su aprobación, así que le respondió a Adrián: “No hace falta que regreses, yo me encargo”.Al seguir revisando sus mensajes, descubrió que la asistente de Atelier Vega ya le había escrito, solo que el mensaje había quedado sepultado en la lista de conversaciones. Con lo ocupada que estaba todos los días, nunca se desplazaba tan abajo, y por eso no lo había visto.Se apresuró a responder: “Disculpe, últimamente no estoy en el país, por eso no vi su mensaje. La ropa está perfecta, la doy por recibida. Puede descontar el monto directamente”.Atelier Vega funcionaba con un sistema de membresía, y ella
—¿Chica? ¿Que no sabe comportarse? —Marco rio con desprecio.—¿Qué quieres decir con eso? ¿Vas a discriminar a una mujer por su edad? —Paulina, que por fin había encontrado un punto débil en Marco, volvió a levantar la voz.Marco sonrió con desprecio.—Como diseñador que se respeta, la edad para mí es un punto a favor. La belleza que deja el paso del tiempo no le pide nada a la juventud. Puedo hacer que una mujer de noventa años luzca elegante.Volvió a reírse brevemente.—Señor Vargas, mejor llévese a su niñita de aquí. Yo no tengo filtro para hablar, así que váyanse antes de que empiece a ponerme tóxico.El énfasis deliberado que puso en “niñita” ya era en sí una crueldad.Adrián era por naturaleza orgulloso y altivo; la actitud de Marco representaba una ofensa seria para él. Pero a sus espaldas, Paulina le jalaba la ropa, así que se forzó a sonreír.—Señor Vega, fui yo quien habló de más. Pero ya sea con clientes frecuentes o nuevos, siempre hay una primera vez, ¿no? Olivia también
—¿Qué? —Paulina estalló—. ¿Olivia? ¿Con qué dinero va a comprar la ropa de ustedes? ¿Sabes quién está detrás de Olivia? ¡El señor Vargas! ¡Sin él, ella no es nadie!La asistente sonrió con amabilidad.—Por supuesto, lo sabemos. La señorita Olivia es la esposa del señor Vargas.Paulina se creció todavía más.—¿Lo sabes y aun así no le permites al señor Vargas encargar ropa? ¿Tienes idea de quién es él? Es la nueva élite de Altabrisa, el director ejecutivo más joven de una empresa que cotiza en bolsa. Si él quisiera, podría comprar toda esta tienda.La asistente asintió con una sonrisa.—Lo sabemos.—¿Lo saben y aun así me tratan con esa actitud? ¿Ya no quieren hacer negocios? —Paulina se volvía cada vez más altanera y prepotente.La asistente miró a Adrián y luego a Paulina.—Por supuesto que sabemos quién es el señor Vargas, y también sabemos que la señorita Olivia y él están casados. Pero dígame, ¿quién es usted?—Yo... —La sonrisa satisfecha de Paulina ni siquiera había terminado de
Esa era, sin duda, la explicación más inútil que podía dar.Del otro lado, Paulina vio que Adrián terminó la llamada y se apresuró a preguntar:—¿Qué pasó?—Nada, doña Rosa dice que quiere renunciar —respondió Adrián mientras guardaba el celular.Paulina suspiró, aliviada. Aunque, pensándolo bien, ¿qué importaba si esa sirvienta decía la verdad? Ella no le tenía miedo a nada. Frente a Adrián, ni siquiera Olivia podía competir con ella, mucho menos una empleada doméstica. A fin de cuentas, ella casi había matado a Olivia y Adrián seguía de su lado.Con eso en mente, se le iluminó la cara de alegría, y en ese momento terminó de sacar el vestido Estelar de Noche de Olivia.—¡Wow, qué vestido tan precioso! ¿Es un regalo para mí? —exclamó maravillada.—Eso... —Adrián le echó un vistazo—. Es de Olivia.—Olivia... —Paulina giró los ojos con astucia—. Adri, mira, necesito ir a un evento de beneficencia. Me van a llevar Beto y tú. No tengo vestido de gala, ¿me lo prestas?Adrián puso cara de in
Cuando Rosa vio a Adrián, no pudo seguir aguantando las lágrimas.Adrián no tenía idea de lo que había pasado. Recorrió el departamento con la mirada.—¿Pau? ¿Qué haces aquí? —preguntó.Ella ya había bajado los pies de la mesita de centro. Con su dulce “Adri”, abrió los brazos y se le fue encima con pequeños sonidos quejumbrosos.—Adri, hace días que no te veo... te he extrañado muchísimo. Todos te extrañamos. Como no me hacías caso, no me quedó de otra que venir a verte.Adrián la vio llegar así y algo en su voz se suavizó. Sonrió.—¿No te dije que estos días estaba ocupado con otras cosas?—¡Vaya! De todas formas, nos olvidaste. —Hizo un puchero juguetón; al notar las grandes bolsas que él cargaba, los ojos se le abrieron—. Uy, Adri, ¡cuánta ropa!—Sí. —Él entró y dejó las bolsas.Rosa aprovechó ese momento para salir.El sonido de la puerta le indicó a Adrián que algo no estaba bien.—¡Doña Rosa! —llamó.Paulina lo jaló hacia atrás.—¡Solo es una empleada! Se va sin decir nada, sin
Antes casi no salía y no necesitaba mucha ropa; la mayoría de las veces solo hacía pedidos para Adrián. Esbozó una mueca de ironía y le aclaró a la vendedora que buscaba un vestido de gala para mujer. La empleada se disculpó y le mandó las opciones por mensaje.Olivia eligió un diseño en color duraz
La rechazó. Rodeada por sus excompañeras, se sentó al lado de la maestra Carmen. Nadie mencionó su pierna; actuaban como si no se hubieran dado cuenta del problema. Sin embargo, sabía que, para una bailarina, una lesión así era demasiado obvia como para pasar desapercibida. Solo había una explicació
Parecía que Beto la odiaba con toda su alma. Antes ese sentimiento nacía de que ella no le llegaba ni a los talones a Adrián, pero ahora su desprecio se había vuelto tangible: el proyecto de colaboración entre Adrián y el señor Ortiz se había ido a la basura por su culpa.A Olivia le parecía de lo m
Julián conducía con cuidado mientras se adentraba en la zona de callejones donde se encontraba el consultorio. El médico atendía en una clínica que ya tenía una fila larguísima extendiéndose por la entrada.Al ver a tanta gente, Julián se preocupó de que Olivia no resistiera tanto tiempo de pie.—Ir







