Dejé al Infiel y Me Casé con un Magnate

Dejé al Infiel y Me Casé con un Magnate

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Al quinto año de casarse con Amaro Paz, Luna Reyes descubrió que su acta de matrimonio era falsa. La verdadera señora de la casa era la otra, la impostora, aquella hija falsa con la que le habían intercambiado la identidad. Su adorado esposo arriesgó la vida para salvar a la otra. La suegra a la que Luna había tratado de complacer solo veía a esa impostora como un tesoro. Hasta sus propios padres biológicos le exigían que lo entregara todo por esa mujer. Cinco años de entrega acabaron siendo tirados a la basura. Y la dulce trampa que Amaro había tejido a su alrededor no era más que un medio para quedarse con la herencia. ¡Luna se hartó! Por suerte, acababa de heredar una fortuna enorme. Decidió mandar a la familia de Amaro al demonio, pero antes de largarse, iba a jugar con ellos un rato. ¿Que la impostora quería joyas? Pues se las quitaría. ¿La suegra enferma quería que ella consiguiera a un médico famoso? No tenía tiempo. ¿Sus padres querían que renunciara a su puesto de presentadora estrella para cedérselo a la impostora? Ni soñándolo. Cuando Luna se marchó por completo, la familia Paz por fin entró en pánico. Entonces Amaro empezó a recordar lo buena que ella había sido con él. Se arrodilló frente a su puerta y le suplicó perdón. Sin embargo, quien abrió la puerta fue el heredero de la familia más rica y poderosa del país: —¿Cuál señora Paz? ¡Fuera de mi vista, caradura! Esta casa no es para rastreros como tú.

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1화

Capítulo 1

—Lo siento, señorita Luna. El acta de matrimonio que presentó es falsa. No sirve para comprobar ningún vínculo legal entre usted y el señor Amaro Paz.

El funcionario del Registro Civil le devolvió el acta junto con sus documentos.

Aunque mantenía un tono profesional, en su voz se colaba una burla apenas disimulada.

Luna se quedó helada.

—¡Eso es imposible!

Ella y Amaro llevaban cinco años casados. Cinco años en los que él la había tratado con tanta ternura que, justo el día de su cumpleaños veinticinco, a Luna se le había ocurrido por fin actualizar sus datos civiles y registrarse en el mismo domicilio que él.

El funcionario no dijo nada más. Solo la miró con una frialdad incómoda.

Seguro la había tomado por una de esas mujeres obsesionadas con Amaro, convencida de ser su esposa.

Pero un funcionario no tenía por qué mentirle.

Un escalofrío tardío le recorrió la espalda. Tenía que haber un malentendido. Tenía que buscar a Amaro y exigirle una explicación.

Antes de que pudiera llamarlo, sonó su celular.

Era el editor en jefe de la revista.

—Hubo un accidente en Avenida Niebla. Ve de inmediato.

—Jefe, ahora mismo tengo algo urgente…

—¡Es el carro de Amaro Paz!

Aquella frase le clavó los pies al suelo.

¿Amaro no le había dicho la noche anterior que saldría de viaje de trabajo?

Una desolación amarga empezó a extenderse en su pecho. Tal vez ese accidente le diera la respuesta que necesitaba.

Luna le pidió a su editor la ubicación exacta y tomó un taxi de inmediato. Cuando llegó, varios colegas ya estaban en el lugar. Su asistente también se le había adelantado.

El Rolls-Royce que tan bien conocía apareció ante sus ojos, con los diamantes incrustados en la carrocería brillando bajo la luz.

¡Era el carro de Amaro!

A Luna se le encogió el pecho. Se abrió paso entre la gente, desesperada por ver qué había pasado. Los heridos ya habían sido rescatados.

Y entonces lo vio.

Amaro estaba bastante lastimado. Su rostro hermoso tenía manchas de sangre; la camisa blanca estaba empapada de rojo. Todavía llevaba puesto el traje negro que ella misma le había elegido.

Luna avanzó por instinto. Ni siquiera alcanzó a pronunciar su nombre cuando otra camilla salió del auto.

Sobre ella iba Valeria Senra, la mujer que Amaro nunca había podido tener.

A diferencia de él, que se veía mucho más herido, Valeria solo tenía unos raspones en la frente. Aferrada a la ropa del paramédico, intentaba bajarse de la camilla.

—Doctor, ¿cómo está Amaro?

—¿Esa no es Valeria Senra, la corresponsal que acaba de volver del extranjero? Dicen que estuvo cubriendo una zona de guerra. Qué valiente.

—Yo alcancé a ver cuando los sacaron del carro y, bueno, la cabeza de ella estaba justo entre las piernas de él. Adivina qué estaban haciendo.

—¿Así de fuerte? Pero Amaro estaba casado, ¿no?

Sí. ¿No se suponía que Amaro estaba casado con ella? ¿Por qué, después de cinco años, el matrimonio que ella creía feliz resultaba ser falso? ¿Por qué su esposo, que supuestamente estaba de viaje, aparecía en un carro con otra mujer haciendo algo tan sucio?

Luna se quedó inmóvil.

Amaro y Valeria ya habían sido subidos a la ambulancia.

Con el paraguas en la mano, Luna permaneció de pie bajo la lluvia fina, viéndolos alejarse.

—Luna… ¿vamos a transmitir de todos modos?

Su asistente la miró con preocupación.

—Sí. Transmitimos.

Luna le pidió a Mía que encendiera la cámara y comenzó a cubrir el accidente.

Aunque solo quedara un carro destrozado, bastaba con que la familia Paz estuviera involucrada para convertirlo en noticia. Y Luna quería que todos vieran, con sus propios ojos, la basura de personas que eran.

La transmisión de Luna empezó a subir de audiencia a una velocidad brutal.

De pie frente a la cámara, con el cabello largo recogido en un moño alto y una expresión impecable, explicó a los espectadores lo ocurrido.

Sobre todo, dejó caer de forma sutil los detalles ambiguos de lo que Amaro y Valeria habían estado haciendo dentro del carro.

Cuando terminó la transmisión, Luna regresó a la revista Vértice. Apenas entró, el editor en jefe la llamó a su oficina.

—¿Tú crees que esto es un juego? Te mandé a transmitir, no a contar en qué posición sacaron a Amaro y a Valeria del carro. ¿Ya viste lo que están diciendo en internet? Que Amaro fue infiel dentro de su matrimonio, que Valeria se metió con un hombre casado… Dime la verdad, ¿estás usando el trabajo para vengarte?

El editor estaba tan alterado que casi escupía al hablar.

La relación entre Luna y Amaro no era un secreto. Todos en la revista lo sabían.

Luna no mostró ninguna emoción.

—¿No se supone que el trabajo de una periodista es contar los hechos tal como son?

—Tú…

El editor estaba furioso.

Pero tampoco se atrevía a meterse demasiado con ella. Apretó los dientes.

—Si la familia Paz decide demandar, tú te haces responsable. ¡Fuera!

Luna se dio la vuelta y salió.

Ignoró las miradas extrañas que le lanzaban desde todos lados, volvió a su escritorio y por fin tuvo tiempo de buscar la cuenta de Valeria en redes sociales.

Su relación con Valeria en la familia Senra nunca había sido buena. Después, Valeria se fue al extranjero, Luna se casó con Amaro y casi no volvieron a cruzarse.

Era la primera vez que revisaba sus redes.

La encontró enseguida.

Apenas entró, sintió que todo se le oscurecía frente a los ojos. Apretó el celular con tanta fuerza que los dedos le dolieron.

La cuenta de Valeria estaba llena de fotos presumiendo su romance.

En todas aparecía solo el rostro de ella. El hombre siempre estaba de espaldas a la cámara: camisa blanca, cabello corto, la misma silueta. En unas fotos se inclinaba para besarla; en otras la abrazaba con una ternura profunda. Incluso había algunas tomadas desde ángulos tan ambiguos que parecían hechas en plena intimidad.

Luna lo reconoció de inmediato.

El hombre de esas fotos era Amaro.

La publicación más reciente era de la noche anterior.

“Me dijo que me compraría el Corazón Eterno de JY como regalo. Dice que soy el amor de su vida.”

Luna contuvo las náuseas. No quería seguir mirando.

Entonces sonó su celular.

—Hola, ¿con quién hablo?

Era un número desconocido.

—¿Hablo con la señorita Luna?

—Sí, soy yo.

—Soy el abogado del señor Tomás Reyes. De acuerdo con el testamento conjunto del señor Tomás y la señora Elena, todos los fondos bajo su nombre, equivalentes a cinco mil millones de dólares, serán heredados por usted. ¿Cuándo tendría disponibilidad para que iniciemos los trámites?

La voz del hombre era sumamente respetuosa.

Luna, en cambio, tardó un buen rato en reaccionar.

Esos dos nombres no le eran ajenos.

Eran sus padres adoptivos.

El día en que cumplió dieciocho años, Luna descubrió que Tomás y Elena no eran sus padres biológicos. Ella era, en realidad, la hija de la familia Senra. Había nacido el mismo día que Valeria y, por un error en el hospital, las habían intercambiado.

Después, la familia Senra la reconoció como hija.

Pero Valeria nunca volvió al lado de Tomás.

Tomás y Elena habían querido llevarse a Valeria con ellos. Sin embargo, Valeria despreciaba su origen humilde y lloró con una falsedad impecable, diciendo que no podía aceptarlo de momento.

Sin otra opción, y ante la presión de la familia Senra, Tomás y Elena permitieron que Valeria siguiera viviendo con ellos.

Hasta el día de hoy, Valeria jamás se preocupó por Tomás ni por Elena. Ni siquiera cuando murieron les hizo una llamada.

El funeral lo organizó Luna sola, de principio a fin.

Nunca imaginó que, después de morir, sus padres adoptivos aún le hubieran dejado un regalo.

—Necesito confirmar lo que me está diciendo.

A pesar del impacto, Luna conservó la calma.

—En un momento le enviaré la documentación. Cuando usted tenga disponibilidad, póngase en contacto conmigo y procederemos con los trámites.

Poco después, el abogado le envió los archivos.

Luna abrió el correo. Había muchos documentos: el testamento, la información personal de sus padres adoptivos y varios certificados.

Elena, su madre adoptiva, había sido subdirectora de un importante instituto nacional de investigación protegida.

Y Tomás resultaba ser miembro de la poderosa familia Reyes.

Todos los documentos estaban notariados. No había falsificación alguna.

Después de confirmar que la información era correcta, Luna llamó de inmediato al abogado.

—Mañana por la mañana estoy libre.

—¿Ya revisó con detalle todo el contenido?

El tono del abogado sonó un poco extraño.

—¿Eh?

Luna volvió a revisar los documentos, temiendo haber pasado algo por alto.

Y, en efecto, encontró un archivo que no había abierto.

Al leerlo, se quedó sin palabras.

“La condición adicional para recibir estos bienes es que usted debe casarse con el señor Gael Moncada, heredero mayor de la familia Moncada.”

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