ログインHay cosas que, una vez que empiezan, exigen entrega.Si antes Olivia hacía su rehabilitación con la actitud de quien puede tomarla o dejarla, ahora había convertido volver al escenario en su única meta.Ya no se trataba de aceptar cualquier resultado. Era que volvería al escenario que le pertenecía, sin importar lo que costara.Así que, cuando el objetivo se volvió inquebrantable, todo en ella alcanzó un nivel de determinación que no había conocido antes.Sus días se dividían entre las videollamadas con su abuelita, el apoyo en la logística del elenco y cada minuto libre que le quedaba lo usaba para rehabilitarse.Tanta plenitud y actividad la habían llevado a ignorar lo que había dejado atrás en Altabrisa.Ese día el elenco terminaba sus funciones en Francia y partía hacia Alemania.A las cinco de la mañana, Olivia se levantó sin hacer ruido.Era su rutina de siempre: madrugar una o dos horas antes que los demás para adelantar la rehabilitación, porque durante el día era responsable d
La sala de ensayos era solo eso: un espacio para bailar, y no resultaba adecuada para la rehabilitación. La falta de equipamiento era el problema más serio.Olivia estudiaba el video de ejercicios y, movimiento por movimiento, iba pensando cómo adaptar cada uno a su situación y al espacio disponible.En la Clínica San Rafael siempre había una enfermera que la asistía; ahora estaba sola, y las caídas sucedían sin parar.En poco tiempo quedó empapada en sudor, con el dolor sin darle tregua.—¡Olivia!Cuando volvió a caer, escuchó a sus espaldas una voz femenina, suave y familiar. Al mismo tiempo, un par de manos firmes la sostuvo desde atrás, igual que en los años de entrenamiento en la Escuela Nacional de Danza.—Maestra… —dijo, sin poder disimular la emoción. Julián también estaba allí; Olivia asintió en señal de saludo.Quería recuperarse. Pero no quería que nadie lo supiera. Temía que al final todo quedara en nada, que no lograra sanar, y entonces solo habría defraudado las expectati
Por fin había logrado liberarse de él.Desplazó el dedo hacia arriba para ver sus mensajes anteriores. Eran muchos, muchísimos, todos enviados esa noche. Ni siquiera tenía ganas de leerlos. Solo le respondió una cosa:“Ya dije lo que tenía que decir. Si no es para confirmar el divorcio, no me vuelvas a escribir. No voy a leer tus mensajes”.En cuanto lo envió, él respondió:“¿Me estás amenazando con el divorcio? ¿En serio crees que le tengo miedo?”No lo estaba amenazando. ¡Ya estaba harta de repetir lo mismo!“Los papeles del divorcio ya están en casa. Supongo que ya los viste. Si en serio no le temes, entonces arréglalo de una vez. Cuando regrese, firmamos”.“Bien”.Olivia exhaló despacio. Estaba bien; lo único que importaba era que hubiera aceptado.Sin embargo, después de ese “bien”, le llegaron dos fotos. En la primera salían él y Paulina frente a una villa con vista al mar. En la segunda estaban sentados a la mesa del comedor de la casa en la que Olivia y Adrián habían vivido cin
Olivia tardó un segundo en procesar lo que acababa de ver.Hacía tiempo que sabía que eso ya no le dolería, pero pensó que al menos sentiría algo de repulsión. Lo que no esperaba era que ni eso quedara.Era como si las dos personas al otro lado de esa pantalla fueran completos desconocidos que nunca había visto en su vida.Al alejarse de ese ambiente, de esa persona, era como una mariposa que por fin extendía las alas: se sentía liviana.—¡Olivia, ven! Ya vamos a comer —llamó Julián desde afuera.—¡Ya voy! —respondió ella con alegría.—Olivia. —Julián le habló de nuevo desde el pasillo.Con la puerta abierta de par en par, él igualmente tocó.—¿Lista? ¡Te estamos esperando!—¡Sí, sí, ya voy! —Olivia salió con el celular en mano, dispuesta a cortar la videollamada, pero entonces la cara de Adrián apareció en pantalla.Tenía una actitud de pocos amigos.Olivia no tenía ningún interés en seguir viendo esa cara. Apenas él alcanzó a pronunciar su nombre, cortó la llamada. Aunque él intentar
Olivia se rio.En realidad, desde pequeña le había pasado lo mismo: el ballet consumía tanta energía que, cada vez que intentaba hacer dieta, el cuerpo no resistía.Además, aunque ese día solo había estado a cargo de la logística, también estaba agotada. Tenía hambre.Era una noche reconfortante, en una tierra extraña, rodeados de gente querida. Todos esperaban alrededor de las ollas de guisado que habían llevado, dejándose envolver por el aroma mientras la comida se calentaba.En ese momento, el celular de Olivia vibró: era una videollamada de Adrián.Recordó que él le había enviado un mensaje diciendo que ya había regresado a Altabrisa. Seguramente había visto los papeles del divorcio y llamaba para hablar al respecto.Sin hacer ruido, tomó el celular y se fue al baño a contestar.No esperaba que Paulina apareciera en la pantalla.—Olivia —la llamó Paulina, y luego comenzó a moverse por el lugar.Olivia lo vio con toda claridad: Paulina estaba en su casa. No, en la casa donde ella y
Adrián ni siquiera se molestó en leer lo que decían los papeles del divorcio; le habían bastado las pocas líneas de la carta. Se rio con sarcasmo y arrojó los papeles sobre la mesa.Paulina se acercó con cautela a recoger la pila de hojas; al notar que Adrián no hacía nada por impedírselo, tomó valor y las agarró de una vez. Las ojeó de corrido y luego las releyó línea por línea. Aliviada, confirmó que Olivia no había revelado la verdad sobre el asunto del voluntariado.Sin embargo, lo que descubrió a continuación la dejó estupefacta: Adrián había puesto a nombre de Olivia una cantidad considerable de propiedades, y además, acciones de la empresa. Aunque Olivia renunciara a toda su fortuna, con solo lo que se llevaría del divorcio quedaría con libertad financiera.—Adri —lo llamó Paulina en voz baja—, no te pongas mal. Olivia y tú...Tenía pensado decir: “si Olivia se divorcia de ti, todavía me tienes a mí,” pero Adrián la interrumpió antes de que pudiera terminar.—No lo hará —dijo co
Ella no sabía cómo se veía Adrián cuando perdía el control de esa manera. Desde que lo conoció, había sido un hombre siempre serio, como la bruma que envuelve la montaña o el musgo sobre la piedra: sutil, evasivo. Siempre había una capa, un velo entre él y el mundo, imposible de descifrar o de tocar
Obviamente no podía decir eso; si lo hacía, sus papás armarían un escándalo y eso solo complicaría más las cosas para poder irse.Eugenia se puso con su mismo cuento de siempre:—Ay, niña, ya llevan cinco años casados. Apúrate a darle un hijo a Adrián para que lo asegures. Si tú no lo haces, ¡te jur
La advertencia de que nunca más podría volver a bailar fue un golpe devastador, tanto para ella como para él.Olivia aún recordaba la reacción de Adrián al escuchar esas palabras. Tras el impacto inicial, se quedó paralizado, como si le hubieran arrebatado el alma.En ese instante, el Adrián lleno d
Olivia se sentía rebasada. ¡Es que en serio, ya no tenía el más mínimo interés en ocupar el puesto de señora Vargas!—Adrián, ¿qué obsesión tienes de tenerme aquí a fuerza jugando a la casita? —Estalló ella—. No quiero ser tu esposa para siempre. Dile a Paulina que venga a amenazar mi posición, ¿va?







