INICIAR SESIÓNAdrián no lo creyó hasta ese momento: ella iba en serio con el divorcio.Le sujetó la mano. —Espera.Olivia lo miró.—Yo... voy a revisar el convenio. —Le apretó la mano y no la soltaba—. ¿Es por él?¿Otra vez con eso?Olivia no entendía. Lo miró, confundida.Adrián volteó hacia Santiago. —¿Es por este sujeto que quieres divorciarte de mí? ¿Crees que él es mejor que yo?Así que a eso se refería...Se zafó de su mano. —Adrián, ¡deja de pensar lo peor de todo el mundo! Él es mi...—¡Olivia! —Antes de que terminara, Adrián la interrumpió—. ¿Cuánto tiempo llevas de conocerlo? ¿Un mes? ¿Medio mes? Cuando fui a Venecia ni siquiera lo había visto; como mucho, llevas menos de quince días.—¿Y eso qué? —respondió Olivia.—Olivia, nadie conoce las verdaderas intenciones de otro, menos aún si es alguien que conoces desde hace menos de un mes. ¿En serio merece tanta confianza?Olivia lo observó con esa actitud de sabelotodo desesperado y se rio con sarcasmo. —¿Y eso qué? Llevo doce años conoci
Olivia volvió a ver a Adrián.No se veía nada bien: tenía el semblante demacrado, ojeras oscuras y, además, un fuerte olor a cigarrillo impregnado en la ropa.Lo miró con decepción.Adrián también se dio cuenta; tosió un par de veces y dijo:—Perdón, en la mañana llegaron unos clientes a la oficina y fumé algunos cigarros.Acto seguido, hizo que Rosa pasara al frente.—Ya que volviste, Mercedes y tú necesitan a alguien que las atienda. Aunque...Adrián le echó un vistazo a Santiago.—Aunque se podría contratar a alguien nuevo, Rosa conoce bien la rutina y antes te cuidó muy bien.Al reencontrarse con Rosa, Olivia sintió genuino cariño.Hasta le daba risa pensarlo.Llevaba cinco años casada, y en esa casa, la persona más cercana a ella no había sido su marido, sino la empleada doméstica...En fin, estaba bien. Si durante ese mes de regreso Rosa tenía tiempo y estaba dispuesta, podía volver. Pero si ya tenía otro trabajo, no iba a pedirle que lo dejara por tampoco tiempo.Así que le preg
—Ya lo sé, ¿no me lo habías dicho ya?—Ella sigue queriendo el divorcio.En la oficina se hizo un silencio opresivo.Pero enseguida, Beto dijo:—Si es ella quien quiere divorciarse, pues que se divorcie. No eres tú quien le falló; ya intentaste que se quedara. Si insiste, para ti también es una liberación.—¿Una liberación? —Adrián repitió esas palabras con la mirada perdida.—Claro, una liberación —continuó Beto—. Ese matrimonio nunca fue idea tuya. En ese entonces no tuviste opción, sacrificaste tu felicidad para casarte con ella. Resististe cinco años, y ahora que ella misma propone el divorcio, solo tienes que dejarte llevar por la corriente.La expresión de Adrián se entristeció aún más.—¿No me digas que te da pena dejarla ir? —preguntó Beto al ver cómo lucía.Adrián no dijo nada.—Adri... —Beto suspiró—. Entiendo cómo te sientes. No se puede borrar que vivieron juntos cinco años, ¿cómo no va a haber sentimientos? Hasta con un perro, después de cinco años uno le toma cariño, y es
Con un estruendo, el recipiente que Adrián sostenía se estrelló contra el suelo.De todo el mensaje, sus ojos solo registraron una palabra: “divorcio”.Había pasado un mes. Creyó que ella se había ido por capricho, a despejarse, sin embargo, al volver seguía queriendo el divorcio...Al pensar en ese detestable sujeto que siempre estaba pegado a ella, contuvo su furia y le envió un mensaje.“¿Es por él?”Olivia ni siquiera sabía a qué “él” se refería. Una pregunta tan absurda no merecía respuesta, y como Mercedes necesitaba ir al baño en ese momento, menos tiempo tenía para ocuparse de ese mensaje tan absurdo. Llamó a la enfermera y entre las dos ayudaron a Mercedes a levantarse de la cama.Adrián no recibió respuesta de Olivia, pero a quien sí vio llegar fue a Santiago.Cuando Santiago apareció, Adrián estaba furioso; cegado por la ira, se abalanzó contra él dispuesto a golpearlo.Pero con tantos guardaespaldas entrenados presentes, ¿cómo iban a permitírselo?Adrián no alcanzó a tocar
Adrián ya había llegado al hospital. Estacionó el auto y entró al edificio de hospitalización con un recipiente de caldo.Sin embargo, apenas llegó al vestíbulo de los elevadores, antes de que pudiera siquiera presionar el botón, varios sujetos corpulentos vestidos con camisetas negras lo rodearon.—¿Quiénes son ustedes? —Adrián se puso en guardia.—Señor Vargas —lo llamó uno de los guardaespaldas, directo y sin amabilidad.—¿Quiénes son? —Se preguntó cómo lo conocían—. ¿Qué quieren?—Señor Vargas, le pedimos que se retire. No puede pasar.—¿Ustedes? ¿Con qué derecho me impiden entrar? —Adrián se enfureció—. ¡Esto es a plena luz del día! ¿Se creen por encima de la ley?—Disculpe, señor Vargas, hasta el momento no hemos hecho nada. Impedirle el paso para no molestar al paciente es voluntad de los familiares.—¿Familiares? ¿Ese desgraciado? ¿Quién se cree? ¿Con qué derecho? —Adrián se ponía iracundo con solo pensar en el tipo que a cada paso le bloqueaba el acceso a Olivia.—Señor Vargas
—Voy a salir un momento. Abuelita, Oli, si necesitan algo llamen a la enfermera. Vuelvo pronto —dijo Santiago.—Ve, ve, atiende tus asuntos. —Se apresuró a decir Olivia.Santiago sonrió. —No tengo mucho que atender, voy y vengo.La habitación que había reservado para la Mercedes era una suite individual amplia. La noche anterior, tanto él como Olivia durmieron ahí: él en el sofá y Olivia en la cama de acompañante.La enfermera particular había llegado ese mismo día, pero solo se encargaba de los cuidados médicos. En cuanto a las comidas, lo ideal sería encontrar a alguien que se dedicara exclusivamente a eso.Santiago salió de la habitación pensando en cómo resolver el asunto y dejó atrás el área del piso.En el vestíbulo del ascensor, cinco o seis personas que ya estaban de pie en posición firme, al verlo salir, se formaron en fila con el pecho erguido.Santiago no supo qué decir. —¿El señor Quiroga los mandó aquí?—Sí. —El que estaba al frente respondió—: Señor Rossi, en la planta
—Entonces no es necesario.—Pero es que el aire está muy fuerte y tengo frío —insistió Paulina. Llevaba un vestido que dejaba sus brazos al descubierto.Adrián, que traía un saco, se lo quitó en cuanto la escuchó y se lo puso sobre los hombros.—Ten, usa el mío.Olivia no estaba ciega; de reojo, not
—A ver, Adrián, ¿por qué no te vas con Paulina? ¿Para qué me trajiste aquí? —Olivia miró a su alrededor, sin entender qué pretendía él al llevarla a esa suite.Adrián se rio con amargura al escucharla.—Vaya, señora Vargas, no sabía que fueras tan generosa. De haberlo sabido, me habría buscado a una
Tal vez sí... En la prepa le gustaba mucho, pero nunca tuvo el valor de acercarse a preguntarle nada. Si llegó a hacerlo, debió ser por pura necesidad en alguna situación muy específica.Parecía divertirle el tema.—¿Te acuerdas? ¿En qué momento viniste a buscarme? Recuerdo que casi no hablabas, era
Olivia sonrió. Frente a las personas que te aman, es imposible ocultar lo que sientes.—Me gustaría irme a estudiar fuera, ¿qué te parece? —dijo mientras la tomaba del brazo y se apoyaba en su hombro.Mercedes era la única persona con la que podía hablar con sinceridad. Al escucharla, a la anciana s







