Masuk—No, no, no, no, no digas eso de Celeste. Yo le dije que manejara el dinero. A mí me gusta gastar a lo loco, y desde que éramos novios ella es la que administra todo. —Nico no sentía ni un poco de vergüenza—. ¿Por qué me daría vergüenza? Celeste dice que ser hogareño es una virtud. Es cierto que a veces me gustaría quedarme más rato con Adrián y los demás; cuando Celeste me pide que vuelva, es porque quiere que le haga compañía. Me la paso ocupado con el trabajo, de por sí estoy poco tiempo con ella y, encima, después del horario laboral estoy afuera. Es normal que me apure. De vez en cuando me quejo, sí, pero Celeste no es mala persona. Hizo una pequeña pausa.—Aunque esté afuera pasándola bien, estoy intranquilo, pensando en ella… Y en cuanto a pagar cuentas con clientes y otros gastos normales, Celeste no me dice nada, aunque le llegue la notificación. Tiene derecho a saber en qué me gasto el dinero. Me controla porque me quiere; si una mujer le permite a un hombre hacer lo que se
Sin embargo, lo que jamás esperó fue que Beto la insultara a gritos, y que los insultos fueran dirigidos a ella.—¡Yo pensé que era algo importante! ¡Te dije que no me contactaras por ahora, maldita sea! ¿Tienes mierda en los oídos o qué? ¡Lárgate de ahí! ¡Estoy ocupado! —Beto colgó sin más.—Maldito… —Paulina temblaba de ira, apenas podía sostener el celular.Nico no aguantó más y suspiró con resignación.—Ya déjalo, Pau, vámonos.¿Y qué más podía hacer si no se iba? ¿Esperar a que llegara la policía a sacarla?—¡Ya van a ver! ¡Y Beto también! —Paulina fulminó a Renata con una mirada rencorosa—. ¡A todos les va a llegar su hora, se los aseguro!Paulina salió con la frente en alto y Nico cargó sus maletas.Renata cerró la puerta con llave. Detrás de ella, dos empleados de la empresa de mudanzas sostenían las últimas dos cajas de cartón.Todos esperaron juntos el elevador. El de Renata llegó primero y ella entró, pero era obvio que Paulina no iba a subirse al mismo elevador que ella.Re
Renata resopló con desprecio y no se opuso.Paulina seguía llorando. Nico la apuró.—Rápido, ve a recoger tus cosas. Ya van a seguir trabajando.Paulina maldijo a Nico por dentro, “inútil de porquería”, pero al ver a Renata y a la gente de la empresa de mudanzas, todos plantados ahí como verdugos esperando turno, no le quedó más remedio que ponerse a recoger sus cosas entre sollozos.Los documentos de identidad le importaban poco; lo que sí tenía que llevarse eran las joyas, los bolsos de marca y la ropa cara.Lo metió todo a presión dentro de las maletas. Pero, para su sorpresa, Renata quiso revisarlas.—¡Todo esto se queda! —Renata señaló todo lo que había dentro de las maletas aparte de los documentos—. La ropa, quédatela. Ya está usada... ¡sucia!Paulina reaccionó como si le estuvieran arrancando la vida. Se lanzó sobre una maleta y gritó con la voz desgarrada:—¡Esto es mío! ¡Son mis cosas! ¿Con qué derecho te las llevas? ¡No te las vas a llevar! ¡Son mías!—¿Tuyas? —Renata le arr
La puerta aún no se abría cuando Paulina ya empezó a lloriquear con voz lastimera:—Nico, ¿viniste a rescatarme? Lo sabía, eres el mejor de todos. Esos dos son unos malvados, solo saben hacerme la vida imposible.En cuanto la puerta se abrió, se quedó sin palabras. ¿Por qué Nico y Renata estaban juntos? ¿Y por qué venían seguidos de más de diez hombres corpulentos?—Nico... —No le importó, hizo un puchero y dejó que el agravio se le notara en el semblante.Nico rio, nervioso.—Pau, yo...Le costaba mucho pronunciar las palabras. Sabía que Celeste no soportaba a Paulina, y también sabía que entre Adrián y Paulina había cierta ambigüedad difícil de explicar, pero él era amigo íntimo de ambos. La moral de las personas tiende a ser selectiva: como fuera, los cuatro llevaban años de amistad. Ahora que iba en persona a echar a Paulina, le pesaba en el alma.La percepción que Nico tenía de la relación entre todos ellos seguía anclada en el pasado. No tenía idea de que los otros tres ya habían
Los guardias del juzgado salieron en ese momento y pusieron fin a la pelea.Le quitaron el tubo a Renata. Tenía el cabello revuelto, todo el cuerpo le temblaba, y frente a ella, Beto estaba inmovilizado por los guardias.Quedaron cara a cara. Él la miró con odio.—Renata, yo nunca te traté mal, ¡y tú me sales con esta crueldad!Renata se esforzó por calmar la respiración agitada, sin ganas de desperdiciar ni una palabra más. Ante una persona con la que era imposible razonar, aunque se desgastara el habla, aunque dijera mil o diez mil frases, no lograría convencerlo de nada. Que pensara lo que quisiera. No iba a invertir otro segundo con gente basura ni en emociones tóxicas.—No te vayas a arrepentir —gritó Beto, y luego volteó hacia Nico, con el mismo tono rencoroso—. Lo nuestro como amigos se acaba aquí.Nico quedó atónito.—Beto, pase lo que pase, ¡somos amigos, casi hermanos! Somos amigos de Renata, pero también tuyos. Ustedes fueron un matrimonio, no tiene por qué llegar a…No alca
Así que Beto dejó de insistir.Aceptó el divorcio y que la custodia del niño fuera para Renata, también aceptó que se recuperaran los bienes conyugales que le había regalado a Paulina. Además, pagaría la pensión alimenticia completa de su hijo, liquidada en un solo pago. Y, por último, le daría a Renata una suma de dinero, descontada de lo que supuestamente les había “regalado” a sus padres. Porque eso de regalarles no era más que ocultamiento de bienes.La intención original de Renata era lograr el divorcio, alejarse de ese desgraciado, aunque fuera sin llevarse nada. Ahora, al conseguir todo esto, estaba más que satisfecha. Solo deseaba que la sentencia saliera pronto y sin trabas, que no fueran a negar el divorcio en la primera audiencia.Por fortuna, tanto ella como Beto mantuvieron una voluntad firme de divorciarse hasta el final, y todo salió muy bien.Al fin se despedía para siempre de ese miserable.Cuando Renata salió del juzgado, todavía le costaba creerlo. Si no fuera porque







