ログインTras siete años de matrimonio con Fabio Tobar, Viviana Cajigas recibió un diagnóstico devastador: un tumor cerebral. Decidida a arriesgarlo todo por su esposo y su hijo, Viviana optó por enfrentar el quirófano, aceptando esa moneda al aire que le ofrecía apenas un cincuenta por ciento de probabilidades de sobrevivir. Sin embargo, el regreso al país de Carmen Cepero, el gran amor de la juventud de Fabio, desmoronó su mundo. Fue entonces cuando Viviana descubrió que su matrimonio no era más que una farsa, una cruel puesta en escena. Fabio no solo mantenía a Carmen a su lado como secretaria; incluso sus mejores amigos la tomaban como su esposa. Lo más doloroso fue escuchar a su propio hijo de seis años decir, con total naturalidad, lo mucho que le gustaría que Carmen fuera su verdadera madre. Con el alma hecha pedazos, Viviana decidió cortar por lo sano. Se deslindó de aquel hombre y de su hijo, borrando su rastro por completo. No fue hasta tiempo después que ambos encontraron, entre los restos de su ausencia, la hoja del diagnóstico médico. El arrepentimiento los golpeó como un mazo. Padre e hijo la rastrearon hasta el extranjero, suplicando de rodillas, implorando una sola mirada de compasión. Pero Viviana ni siquiera parpadeó. Un exesposo desalmado y un hijo malagradecido no valían ni el más mínimo de sus desprecios.
もっと見るDe pronto, el dolor en el dorso de su mano se intensificó por el apretón de Fabio.No era que Fabio estuviera molesto porque Raúl bromeara con ella; estaba tenso por Carmen.Raúl tenía un objetivo claro y caminó directo hacia Carmen. Javier, de pie junto a ella, fingió una mirada de alerta, aunque la llegada del magnate no le sorprendió en lo absoluto. El protagonista de la "función" de hoy era Raúl. Para asegurar el éxito, él mismo le había pedido a Carmen que se arreglara siguiendo exactamente los gustos del hombre.Javier soltó una risita:—¿En qué ha estado ocupado últimamente, señor Raúl?Raúl lo ignoró; no podía apartar los ojos de Carmen.—¿Tú trajiste a esta belleza? No me digas que es tu novia.Carmen sonrió con dulzura:—No, solo somos amigos.—Si no son pareja, entonces la cosa es fácil. ¿Qué te parece si te llevo a comer sushi aquí enfrente? Es buenísimo. Por cierto, hermosa, ¿cómo te llamas?Mientras hablaba, intentó pasarle el brazo por los hombros. Javier se interpuso
Al llegar a casa, Fabio le mencionó a Viviana lo de la reunión de excompañeros.—Acompáñame mañana por la noche.Viviana, que estaba sirviéndose agua, se detuvo un instante.—Está bien.No tenía ganas de ir, pero por el asunto de las tierras, estos días debía mostrarse dócil en todo. Fabio se quitó el saco y se lo entregó a la empleada.—Carmen quiere ir para distraerse un poco, y supongo que Javier también asistirá.Al escuchar esos dos nombres, el fastidio en los ojos de Viviana se intensificó. Apretó el vaso con fuerza; se le habían quitado hasta las ganas de beber.—No me importa quién más vaya. Me voy arriba.Fabio pensó que simplemente estaba cansada de haber estado fuera todo el día y no notó la expresión de su rostro.Al día siguiente, nada más despertar, Viviana vio el vestido de gala y las joyas que Fabio había mandado traer. Eran piezas deslumbrantes, de un lujo radiante. Con su estado de salud y los efectos secundarios de los medicamentos, no tenía ánimos ni para maquil
Fabio miró de inmediato a Viviana, temiendo que se molestara. Ella, sin mostrar emoción alguna, se dio la vuelta y se sentó.—Ve a comer tú.Mario no pudo aguantarse más; se plantó frente a ella y le reclamó irritado:—¿A poco no tienes nada que decir? ¡Vamos a comer juntos y no te incluimos! Además, Carmen fue la que participó por ti en la actividad de la escuela. ¡Todos dicen que ella es genial, mucho mejor que tú!—No digas eso, Mario —intervino Carmen, acercándose para tomar al niño de la mano.En ese momento, un mesero se acercó avisando que tuvieran cuidado mientras traía los platos humeantes. Los ojos de Carmen destellaron y, como por casualidad, se dio la vuelta justo a tiempo.—¡Cuidado! —gritó el mesero, pero ya era tarde.La bandeja chocó contra el hombro de Carmen y todo el contenido del plato salió volando hacia Viviana. Ella reaccionó rápido y esquivó el golpe, pero algunas gotas de caldo le salpicaron el brazo, poniéndole la piel roja al instante.Fabio frunció el ceño
Luego, sin previo aviso, Viviana fue envuelta en un abrazo cálido.Unos labios ardientes rozaron su lóbulo con intención, arrancándole un estremecimiento.Fabio susurró junto a su oído, soplando suavemente:—¿Vamos a bañarnos?El cuerpo de Viviana reaccionó por instinto. Siempre había sido así: bastaba que él se acercara y ella cedía, complaciéndolo en todo, dejándose llevar.Pero ahora su cuerpo ya no resistía nada.Aunque un temblor involuntario la recorrió, lo apartó con firmeza.—Estoy cansada. Quiero descansar. Después de ver a Regina, no tengo ánimo para eso.Las palabras apagaron de golpe el deseo en los ojos de Fabio.Contuvo el impulso, retiró las manos.—Descansa entonces.Apenas él salió, Viviana cerró la puerta con llave sin perder un segundo.Fabio permaneció en el pasillo, mirando la puerta cerrada. Tardó en irse.A la mañana siguiente, cuando Viviana bajó, encontró sobre la mesa un ramo de rosas de siete colores, sus favoritas.Desde la cocina llegaba aroma a pan tostad






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