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Capítulo 397

Author: Esperanza Marín
En el hospital.

Adrián fue a pagar la cuenta. Beto y Paulina permanecían en la sala de espera.

Ella estaba muy molesta.

—Adri es un caso perdido, ¿cómo puede ser tan terco? ¿En serio va a darle todos sus bienes a Olivia? Si ni siquiera el convenio de divorcio que ella le dejó incluye esa cláusula. Olivia ni lo pidió, ¡y él insiste en dárselo!

—Baja la voz —le dijo Beto—. Lo que le da son bienes personales. Mientras la empresa siga en pie, puede seguir ganando dinero. No te limites a mirar el árb
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    Tal como Adrián había dicho, iba a mudarse.Así que, una vez resueltos los pendientes del día, aprovechó la mañana y el mediodía para contactar una empresa de mudanzas y vaciar el departamento que había compartido con Olivia durante su matrimonio. En la casa había bastantes cosas de valor: electrodomésticos, adornos decorativos, utensilios de cocina… todo había costado una buena cantidad en su momento. Cuando los de la mudanza le preguntaron, dijo que no quería nada de eso.Se quedó de pie en medio de la casa; a donde mirara, solo veía rastros de la vida de Olivia.Esa persona que había vivido con él cinco años, que se había entretejido en cada detalle de su vida durante cinco años, que se había volcado entera en él.—Esta habitación la recojo yo —dijo apesadumbrado—. Ustedes encárguense del resto.Adrián se puso a recoger las cosas de la habitación por su cuenta, mientras los de la mudanza se quedaron a un lado sin saber qué hacer, completamente desconcertados. Cuando se dio cuenta de

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    En esta decía: “Señora, recupérese pronto, Adrián solo la tiene a usted”.La misma escritura, la letra de Olivia que él conocía tan bien.Ella tenía una letra muy particular: siempre redondeada, gordita, con una inocencia encantadora. Completamente distinta a la de Paulina.Al mirar esas palabras, el corazón le pesó como si cayera en el vacío. Cayendo sin fondo. Hasta hundirse en un abismo.Lo que había perdido era mucho más de lo que imaginaba.Juntó las dos hojas de papel, y al fin rompió en llanto.“Olivia, perdóname”.Sentado en su oficina, sintió que el mundo exterior se había desvanecido en un silencio total. Si este fuera el fin de los tiempos, qué alivio sería; ya no quería despertar con el sol al día siguiente.Pero no le quedaba más remedio que seguir consciente, esperando a que la noche pasara. Y esa noche se volvió eterna. Su vida ya solo era oscuridad.Se quedó inmóvil en la oficina, estático por completo, hasta que al día siguiente llegaron Beto y Paulina.—Adri, ¿pasaste

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    Los padres de Leonardo ya se habían acostumbrado a que Adrián los visitara. En cuanto llegó, lo recibieron en la entrada; de la cocina salía un delicioso aroma a comida, estaban a punto de cenar.Adrián había pasado por el supermercado al final de la calle y traía varias bolsas con frutas y verduras. Los señores, al ver todo aquello, no paraban de repetir:—Muchacho, eres demasiado amable. De ahora en adelante, considérate en tu propia casa.A Adrián casi se le salieron las lágrimas al escuchar eso. A partir de ese día, ya no tenía un hogar ni adónde ir. Se había desprendido de todo, sin guardarse ninguna salida, sin pensar en dónde viviría después.Lo invitaron a quedarse a cenar. No se hizo de rogar: no solo cenó con ellos, sino que además lavó los platos. Después se quedó haciéndoles compañía, conversando, y sin darse cuenta se hizo muy tarde. Tenía la mirada perdida, como si no supiera qué hacer.Los padres de Leonardo notaron que algo no estaba bien y le preguntaron qué le pasaba.

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    —Ya no. —Olivia no se dio vuelta—. Aunque volvamos a vernos, hagamos como si nunca nos hubiéramos conocido.—¡Olivia...! —El grito de Adrián venía quebrado por el llanto, pero Olivia no lo escuchó; ya había subido al auto y se alejaba despacio.La tristeza que contuvo con todas sus fuerzas lo arrasó como una marea. Todo a su alrededor se desdibujó tras las lágrimas; se recargó contra el auto, incapaz de calmarse. Al menos agradecía que, al momento de la despedida, no se hubiera derrumbado así. Al final logró mostrarle a Olivia la mejor versión de sí mismo.—Adri.Entre la bruma de su mirada empañada, llegó una exclamación de sorpresa. Giró la cara para que no lo vieran así.—Adri, estás llorando... —El tono de Paulina estaba teñido de asombro y decepción.Adrián se dio vuelta. Pasó un momento antes de que volviera a encararlos; para entonces, su semblante ya lucía sereno. Frente a él estaban Beto y Paulina.—Ya, ya. La vida entra a una nueva etapa —dijo Beto, dándole una palmada en el

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    Un mes pasa volando.Menos de una semana después de encontrarse con Olivia en casa de Leonardo, se cumplieron los treinta días de la etapa de mediación. Adrián recibió una llamada del abogado de Santiago el día anterior, para recordarle que no olvidara presentarse al día siguiente en el registro civil.El plan original de Adrián era ponerle trabas a Olivia con el divorcio. Aunque sabía que el resultado era inevitable, al menos podía alargar el proceso: demandar, retractarse una o dos veces, hacer que el trámite no fuera tan fácil y así poder verla unas cuantas veces más.Pero ahora ya le daba vergüenza hacer algo así.De nuevo a las nueve de la mañana. Llegó puntual a la puerta del registro civil, y Olivia esta vez ya estaba ahí antes que él. La acompañaban su abogado y Santiago en persona.Antes le tenía una antipatía enorme a Santiago, pero de un momento a otro dejó de darle importancia. Era algo bueno que tuviera un familiar que la consintiera y se preocupara por ella... no había ma

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