MasukCasi nadie tenía fe en Olivia.Cuando Daniela se enteró que Olivia también se había inscrito, fue a buscarla cargada de libros de consulta de inglés y al borde del llanto.—Olivia, que compitas es como si compitiera yo. ¡No puedo creer que entre las dos no podamos vencer a Paulina!Daniela ya ni intentaba disimular cuánto detestaba a Paulina. Había ido a ayudarla a escribir el discurso. A Olivia le dio risa. De toda la escuela, profesores incluidos, Daniela era la única que creía que Olivia podía vencer a Paulina en el concurso de oratoria.Ah, claro, también Leonardo. Le preguntó:—¿Tanta confianza me tienes? ¿De dónde sacas tanta seguridad?Daniela parpadeó.—Es que eres bonita.Olivia se quedó callada. Entonces Daniela la abrazó.—Olivia, era broma. Hagas lo que hagas, te voy a apoyar. ¡Tengo que apoyarte! ¡Sin condiciones! ¡Vamos a escribir el discurso!—No hace falta, ya lo terminé —dijo Olivia, dándole una palmada en el hombro.—¿Entonces te ayudo a practicar? —Daniela estaba emp
Esta vez, Olivia también se la estaba jugando.Si perdía, cambiaría de estrategia. Por ahora, no podía asegurar que fuera a ganar, pero tampoco tenía por qué perder.—¿Por qué te inscribiste al concurso de oratoria? —Después de un rato mirándose en silencio, Adrián fue el primero en hablar.—¿No me vas a preguntar qué pasó hace un momento en el comedor? —Olivia pensó que al menos eso sí iba a preguntárselo.Adrián guardó silencio. Ella siguió mirándolo hasta que él por fin habló:—No importa.—¿No importa? —Olivia no entendía qué quería decir con eso.Adrián suspiró.—Olivia, nunca habías llorado así. ¿Qué te pasa últimamente?Ella hizo memoria. Era cierto. Desde que se conocían, ella siempre había llevado una vida apagada, sin grandes alegrías y, por supuesto, sin grandes tristezas.—Si te dijera que Paulina no me cae bien, que no me gusta que se acerque a ti, ¿qué pensarías? —lo dijo con una franqueza y un atrevimiento que no eran propios de la Olivia de entonces.Al escucharla, Adri
Al principio, Paulina también se sobresaltó al verla; incluso pareció nerviosa por un instante, pero enseguida se recompuso con una sonrisa muy sincera y fue la primera en saludarla:—Olivia, ¡hola!Como si no hubieran estado hablando de ella hacía un momento. Olivia tampoco se puso a discutir con ellas en el baño; se limitó a salir con calma. Más tarde, en el comedor, Olivia volvió a encontrarse con Paulina.Paulina la saludó primero, como si la conociera de toda la vida. Se le acercó con una sonrisa.—Olivia, ¿por qué ya no me hablas? ¿Será que malinterpretaste lo que dijimos hoy?—¿Qué dijeron exactamente? —preguntó Olivia, sin rodeos.Paulina se quedó sin palabras, pero enseguida volvió a sonreír e intentó tomarle la mano a Olivia.—No lo decíamos con mala intención, solo que… mucha gente tiene prejuicios contra las alumnas de danza, y nosotros también pensábamos en ti. Se me ocurrió que, como Adrián y yo también vamos a participar en el concurso, mejor practicamos y memorizamos el
El rumor de que Adrián y Paulina participarían en el concurso de oratoria en inglés todavía no era oficial, pero ya corría entre los alumnos de último año de preparatoria.A algunos les daba igual; otros decían que Adrián tenía las mejores notas, y unos cuantos cuestionaban el criterio de selección.Al final, el asunto terminó en el tablón de anuncios de la escuela y armó un buen revuelo.La escuela acabó negando el rumor de plano y anunció que ese viernes habría un concurso de oratoria para toda la escuela. Cada grupo podía inscribir participantes; se elegiría a los dos mejores para representar a la escuela en la competencia, con un máximo de dos inscritos por grupo.Olivia se inscribió sin dudar. Fuera quien fuera el otro concursante elegido, una de las dos plazas tenía que ser suya.No mucha gente se animaba a participar en una competencia de oratoria, y menos en el último año. Si se tratara de otro concurso, digamos uno práctico, con prestigio real y útil para entrar a la universid
—No pasa nada; tampoco dijiste ninguna mentira. Trabajas en el local, así que no tiene nada de malo decirlo —dijo Adrián—. No hace falta que nos atiendas; todos son viejos amigos míos. Ve a hacer otra cosa.—Bueno… bueno… —Paulina se fue, pero antes de irse se le llenaron los ojos de lágrimas; daba mucha pena.Olivia conocía de sobra esa táctica. Ahora le tocaba el regaño a Daniela. Y, en efecto. Federico fue el primero en hablar.—Daniela, ¿por qué siempre eres tan dura con Paulina? Ella no te ha hecho nada, y cada vez que te ve te trata con mucha amabilidad.Ella se rio con sarcasmo.—Que me digas eso demuestra que ella no me trata bien.—¿Y eso qué lógica tiene? —Federico no entendía nada.—¿Que qué lógica tiene? Tú no lo entiendes porque eres tonto; yo sí, porque también sé hacerme la santita —dijo Daniela con frialdad.—Tú… —A Federico le dio tanta rabia que se echó a reír—. ¿No te basta con ganarme? ¿Además tienes que insultarte a ti misma?—¡Estoy diciendo la verdad! —Daniela to
Al salir de la iglesia, aprovecharon para subir al cerro.Olivia y Daniela subían tomadas del brazo, contándose secretos.—Más tarde vamos a comer al restaurante de Adrián —dijo Daniela—. ¿Quieres venir?—Claro. —Tampoco había razón para no ir.Daniela se sorprendió.—¿Así de fácil aceptaste?¿Había algo de malo?—Antes te invitaba a comer y, por mucho que insistiera, nunca aceptabas —refunfuñó Daniela—. ¿Tú y Adrián ya hicieron las paces? ¿Qué clase de guerra fría dura un año?Olivia tampoco lo sabía. No tenía idea de qué había hecho esa otra Olivia mientras ella no estaba. ¿Quién podía decírselo?Daniela siguió hablando por su cuenta:—Mira, al principio, que Adrián hubiera abierto un restaurante solo lo sabíamos los del grupito, pero no sé cómo alguien se enteró y Adrián se volvió todo un ídolo. ¡No sabes cuántos regalos y cartas me han dejado solo a mí para que se los entregue!Olivia sonrió apenas.—Siempre lo fue, ¿no?Adrián era así, serio y con un genio insoportable, pero no ha







