LOGIN—Don Toño… yo… —Adrián nunca había quedado tan en ridículo—. Yo… tengo cosas pendientes en la empresa, así que ya me voy…Decir algo más solo empeoraría las cosas y lo dejaría en peor posición.Pero cuando ya había recorrido la mitad del camino, se detuvo y se volvió, incapaz de seguir sin preguntar.—Don Toño…El policía sonrió.—Señor Vargas, ¿en qué más lo puedo ayudar?—¿Usted sabe…? —Adrián tardó en encontrar las palabras. Era su propia abuela, y tenía que preguntarle a un extraño adónde había ido. Pero si no preguntaba, nadie le daría la respuesta—. Eh… ¿sabe adónde fue la señora Mercedes?Antonio negó, impotente.—No sé, en serio. Ya tiene varios días así. Nadie sabe adónde se fue, ¿y usted tampoco…?Antonio estaba a punto de decir “¿y usted tampoco sabe?”, pero era obvio que el señor Vargas no tenía idea. Si supiera, ¿para qué le estaría preguntando? Era mejor callarse a tiempo.Adrián sonrió con dificultad.—Gracias.La pregunta que el policía se tragó… Adrián no necesitaba es
—Ajá, ajá... —El guardia de seguridad no entendía por qué aquel señor había comenzado a hablarle. ¿Los borrachos se volvían más conversadores?Adrián, en ese momento, tenía muchas ganas de hablar.Mientras esperaba el auto, le dijo al guardia:—La abuelita preparó mucha comida, toda especialmente para mí.—Ah, qué buena abuelita —respondió el guardia, siguiéndole la corriente como podía.—Sí, sí, es muy buena. Es quien más me quiere... Tengo que volver; no puedo hacerla esperar demasiado.—Tiene razón, hay que pasar tiempo con los mayores.—Cuando tenga un rato libre, voy a llevarla de viaje, a ver el mar...—Qué atento es usted, señor...—¿Atento? —Los ojos de Adrián se humedecieron de pronto, sin que él mismo supiera bien por qué—. No soy atento. No lo soy para nada. No soy buena persona...El guardia se quedó sin saber qué decir.Por fortuna, en ese momento llegó el auto.—Señor, ya llegó su auto —dijo el guardia, apresurándose a ayudarlo a subir. Exhaló aliviado en cuanto la puerta
Pero Paulina era incapaz de levantarlo.Cuando la gente se emborracha se vuelve pesada e imposible de manejar. Cada vez que Paulina lograba incorporarlo, él se aflojaba y volvía a caer.—Pau, yo... te ayudo —dijo Beto, que apenas estaba un poco achispado. Se pasó el brazo de Adrián por la nuca y, entre los dos, por fin consiguieron sacarlo del restaurante.Como el restaurante quedaba junto al edificio donde vivía Paulina, Beto lo llevó a su departamento.—Pau, te dejo a Adri. Tomó de más, cuídalo bien. Yo no me meto en sus asuntos —dijo Beto con una sonrisa pícara y los ojos diciendo más de lo que sus palabras dejaban ver.Paulina le puso mala cara con fingida indignación.—Ay, ¿pero qué cosas dices?Pero en cuanto él se fue, cerró la puerta.Adrián estaba desplomado en el sofá. La camisa, que ya traía el cuello abierto desde antes, se le había desabotonado otros dos botones en el trayecto, dejando a la vista la delgada musculatura de su torso.—Adri... —Paulina se acercó y lo llamó en
Tres minutos de video, una vieja canción llamada “Amigo” que resumía en notas toda su juventud.En la segunda mitad, Paulina llevó la voz cantante y Beto y Nico se unieron al coro: “Amigo, toda la vida juntos, esos días ya no volverán, una palabra, toda la vida, un amor eterno, un brindis más...”Al final de la canción, Beto y Nico apenas podían con la emoción.—¡Adri! ¡Feliz cumpleaños! ¡Que viva nuestra amistad! —gritó Paulina mientras empujaba un pastel hacia la mesa.El pastel llevaba la inscripción: “¡Feliz cumpleaños a nuestro adorado Adri! ¡Tus amigos hasta la muerte!”Adrián sintió que los ojos le ardían.—Gracias, gracias a todos... —murmuró.—¡A nosotros no! ¡Agradécele a Pau, todo fue idea de ella! El pastel también lo hizo ella —dijo Beto, empujando a Paulina frente a Adrián—. Ahora queda claro quién sí se preocupa por ti y quién no.—Adri, espero que cuando ya estemos llenos de canas, sigamos siendo tan unidos como siempre —dijo Paulina. Ese día llevaba un atuendo muy esco
Fuera de las festividades, aniversarios y cumpleaños, casi todas las demás fotos las había tomado a escondidas: cinco años de su vida capturados con la cámara, un registro silencioso de todo el amor que sentía por él.Solo cuando se ama a alguien, se quiere guardar cada una de sus expresiones, cada instante; nunca hay fotos ni miradas suficientes.Cinco años. Casi dos mil días. Con tan solo una foto diaria ya habría más de mil imágenes. ¿Y cuándo se había conformado con una sola al día?Sin dudar más, deslizó el dedo por la pantalla para seleccionarlas todas y presionó eliminar.Cinco años, casi dos mil días y noches, borrados con apenas unos movimientos de dedo.Un toque más para vaciar la carpeta de elementos eliminados recientemente, y la imagen de ese hombre desapareció de su galería para siempre.El celular pareció vaciarse.Y en su corazón también se abrió un hueco.Pero no sentía tristeza.Era como esos videos de desapego y orden que tanto circulaban en redes: cuando tiras lo qu
Hay cosas que, una vez que empiezan, exigen entrega.Si antes Olivia hacía su rehabilitación con la actitud de quien puede tomarla o dejarla, ahora había convertido volver al escenario en su única meta.Ya no se trataba de aceptar cualquier resultado. Era que volvería al escenario que le pertenecía, sin importar lo que costara.Así que, cuando el objetivo se volvió inquebrantable, todo en ella alcanzó un nivel de determinación que no había conocido antes.Sus días se dividían entre las videollamadas con su abuelita, el apoyo en la logística del elenco y cada minuto libre que le quedaba lo usaba para rehabilitarse.Tanta plenitud y actividad la habían llevado a ignorar lo que había dejado atrás en Altabrisa.Ese día el elenco terminaba sus funciones en Francia y partía hacia Alemania.A las cinco de la mañana, Olivia se levantó sin hacer ruido.Era su rutina de siempre: madrugar una o dos horas antes que los demás para adelantar la rehabilitación, porque durante el día era responsable d
Sus gritos desesperados no servían de nada con Adrián; él se sobrepasaba cada vez más y apenas le quedaba ropa para cubrirse. Olivia incluso sospechaba que él ya se había quitado todo; podía sentir su piel pegada a la suya, con una sensación de humedad que la llenaba de terror.Sentía un miedo que l
Olivia los observaba con una sonrisa, con tranquilidad, como si no le importara.Poco a poco, Adrián dejó de reír y, tras él, los demás también se quedaron callados.Clavó la mirada en Adrián y le preguntó con calma:—¿Te parece muy gracioso?La mirada de Adrián se volvió más profunda.Olivia mantuv
Olivia se asustó, pensando que tal vez había olvidado borrar algún mensaje sobre sus planes para irse del país.Se asomó para ver la pantalla y se dio cuenta de que era una conversación con la asesora de una marca de ropa. Adrián estaba leyendo una parte donde la vendedora le agradecía por ser una c
Olivia sabía que era una trampa.En ese momento ni siquiera tenía tiempo de pensar en quién la había tendido o con qué intención; lo único que le importaba era que, muy probablemente, ya no llegaría a su cita para la visa.Echó un vistazo a la sala de juntas. Estaba en el último piso de la empresa,







