MasukLo único que ocupaba su mente era saber si su abuelita estaba bien. No quería escuchar nada que no tuviera que ver con ella.—¿Quién es este tipo? —La mirada hostil de Adrián se clavó como un puñal en Santiago, que estaba a un lado.Olivia estaba por hablar, pero Santiago se interpuso para cubrirla.—Oli, vamos. —Le lanzó a Adrián una mirada desdeñosa que apenas le rozó la cara al pasar.—¡Alto ahí! —Adrián salió tras ellos y les cortó el paso. Con los ojos todavía encendidos de furia, fijos en Santiago, le preguntó a Olivia—: ¿Ya hay noticias de tu abuela?—Señor, eso no parece ser asunto suyo. —En la brisa nocturna, Santiago mantuvo a Olivia detrás de él. Vestido de negro, con la mirada fría y una presencia imponente.Adrián se rio con burla.—¿Que no es mi asunto? ¿Y tú de dónde saliste? Pregúntale a ella qué soy yo de su vida. ¡A ver si no es mi asunto! ¿Tienes idea de quién soy?—Claro que sí —respondió Santiago con un tono helado—. Adrián, el esposo de Oli. Ah, no, espera... ¿no
—Tonta —dijo Beto—. ¿Entre nosotros hay formalidades? Somos como hermanos de toda la vida, ¿no? ¿Tienes tiempo esta noche? Salgamos a tomar algo.—¡Claro! —respondió Paulina con dulzura.Lo primero que hizo Adrián al volver de Europa fue buscar a Mercedes.Aterrizó en la capital, pero no encontró ningún rastro de ella.Ni su número de teléfono, ni registros de alquiler, ni información de hoteles. Nada.Y entonces Beto lo llamó desde Altabrisa con una urgencia tremenda, presionándolo para que regresara: había problemas en la empresa.Así que no le quedó más remedio que volver a Altabrisa.También consideró la posibilidad de que Mercedes estuviera en Altabrisa, pero, por extraño que pareciera, revisó cada lugar al que ella podría haber ido y no halló ni un solo indicio.Sin embargo, no se le cruzó por la mente que le hubiera pasado algo malo. Mercedes estaba escondida por Olivia, y él estaba convencido de que, con lo mucho que Olivia quería a su abuelita, aunque estuviera en el extranjer
—Todo fue culpa de Olivia —dijo Beto—. Sin ella de por medio esta vez, seguro que sale bien.—¡Deja de decir estupideces! —Adrián arrugó la frente, molesto por el comentario.—Es en serio —insistió Beto—. En los negocios, a veces no queda de otra más que creerle a la suerte. Adri, Olivia y tú no son compatibles. Desde que te casaste con ella, ¿qué cosa buena te ha pasado?Adrián respondió, distraído:—Ya deja esas ocurrencias. ¿En qué momento salió la empresa a bolsa? ¿No fue después de que me casé?—No es lo mismo. También hay que ver los años. Cuando estábamos en racha, tu buena suerte alcanzaba para contrarrestar su influencia negativa, pero la energía de las personas fluye, y poco a poco ella fue absorbiendo la tuya. Cuando se te acabó, solo te quedó la mala suerte. Te lo digo en serio, mandé consultar a un adivino: la razón por la que este año nos ha ido mal una y otra vez es exactamente esa.Al ver que Adrián seguía sin creerle, Beto continuó:—A ver, dime, ¿por qué los viejos di
Pero Adrián no se detuvo por eso. Siguió llamando, y por supuesto, Santiago ya no contestó.Cuando Olivia salió de bañarse, el teléfono sonó una vez más.Al ver que era Adrián en la pantalla, dudó si contestar o no.—Ya le contesté una vez, espero que no te moleste. No sabe dónde está tu abuelita, solo fue... —Santiago no terminó de decir qué había sido exactamente.La duda de Olivia era justamente por eso: si no tenía noticias de Mercedes, entonces no había razón para contestar. Tampoco tenía ganas de enredarse con él.Así que Adrián llamó una y otra vez, sin que nadie volviera a responder.Adrián estaba sentado en su oficina, mientras afuera lo esperaba un grupo de personas.—¿Qué pasa? Ya es hora de la junta, ¿el señor Vargas sigue ocupado? —preguntó Beto al acercarse.La asistente puso cara de apuro.—Ya le avisé varias veces, pero el señor Vargas no ha salido.—Déjame ver. —Beto tocó la puerta y entró—. Adri, ¿todavía no terminas? Todos te están esperando para la junta.—Ya voy. —
Olivia había pasado todo el día como en una neblina, aturdida, y apenas ahora empezaba a recuperar algo de lucidez. Entendió lo que Julián quería decir y se apresuró a responder:—¿Por qué dices eso? Mi abuelita y yo ya les hemos causado demasiadas molestias. Ni siquiera he tenido tiempo de agradecerte.Julián solo pudo sonreír con amargura. “La abuelita tiene que estar bien, tiene que estarlo”.Santiago le dio una palmada en el hombro a Julián.—Ya les estamos muy agradecidos a ti y a tu familia, en serio. Este mes te la pasaste cuidando a Oli, fue mucho esfuerzo.A Julián se le enrojecieron los ojos, pero no dijo nada. ¿Iba a ponerse a decir que no la había cuidado bien y que se sentía culpable? Eso solo obligaría a los demás a consolarlo a él.—¡Vamos a encontrar a la abuelita, juntos! —Julián ya había llamado a su casa, a su papá, y él ya estaba preparándose para mover sus contactos y ayudar a buscarla.—¡Sí! La abuelita va a estar bien, seguro. Tú descansa, nos vemos.Después de d
Julián observó a los dos primos a un lado. Sabía que no debería sentir eso en un momento así, pero no podía evitar envidiar a Santiago, que podía cargarla en su espalda sin reservas, consolarla abiertamente.Olivia nunca había llorado así, sin contenerse, frente a otra persona.Al no haber recibido el cariño de sus papás, tampoco tenía derecho a llorar frente a ellos. Y mucho menos frente a su abuelita, porque no quería preocuparla.Durante esos cinco años de matrimonio con Adrián no se atrevió a llorar, porque temía que se molestara, que le generara una carga emocional. Su único pensamiento era hacerlo feliz...Para cuando llegaron a la delegación, ya había recuperado la compostura.Le contó a la policía lo sucedido y confirmó que su abuelita había regresado a Altabrisa, junto con sus padres.En el fondo le preocupaba que, al tratarse de que la abuelita viajaba con su propio hijo, su nuera y su nieto, la situación no alcanzara los requisitos para levantar un reporte. Aun así, recalcó
Olivia sintió que la realidad la golpeaba de nuevo, obligándola a ver las cosas como eran. Siempre creyó que Adrián había comprado aquel departamento de una sola planta pensando en su pierna lastimada, para facilitarle la vida. Pero no...Resultó que aquel era el hogar ideal que él había soñado con
—¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! —Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.—No estoy celosa. —Olivia lo miró fijamente, con seriedad—. Desde el principio, lo único que he dicho es...—¡Basta! —el grito de él la interrumpió.Beto, actuando como el
En casa de Mercedes había ropa de hombre; eran modelos de hacía cinco años, pero estaban impecables. Olivia la había comprado.Las noches en el campo eran hermosas: se escuchaba el canto de los grillos, se sentía la fragancia de las flores y, cuando el cielo estaba despejado, se podía ver con clarid
—Así es, señora, esta es la propiedad con la mejor ubicación; está frente al lago —comentó la vendedora para apoyar la decisión—. Cuando el clima es cálido, llegan los cisnes. Es un lugar muy tranquilo.Adrián la llevó de la mano hacia la terraza para que apreciara la vista de la casa.La brisa fres







