Mag-log inLos días siguientes, Olivia estuvo muy ocupada.Nunca se había imaginado que la vida de Mercedes ahí fuera tan plena; se movía como pez en el agua. Su único problema era que aún no podía comunicarse con libertad en el idioma local, pero, fuera de eso, su día a día era de lo más vibrante.Por ejemplo, la acompañó a un desfile de productos de la empresa de Lorena, porque en esa pasarela se presentaban piezas diseñadas por ella. Mercedes no tenía formación profesional en diseño, pero gracias a los años que vivió en Altabrisa conocía bien el bordado y las joyas antiguas; tenía muchas ideas. Lorena la ayudaba a convertir esas ideas en piezas reales. Por eso, Mercedes tenía que subir al escenario, y como su tía estaba ocupada con los preparativos del desfile, le pidió a Olivia que se encargara ese día del vestuario y el maquillaje de la abuela.Y eso también requería su buen tiempo.Olivia ayudó a Mercedes a elegir el vestido, a maquillarse y a peinarse, y ella misma tuvo que arreglarse tam
Adrián no pegó el ojo en toda la noche, con miedo de no escuchar la “señal” que Lorena y Santiago pudieran enviarle. El cambio del aromatizante en la habitación de Olivia, ahora con fragancia de gardenia, también había sido idea suya.Por fin daba resultados.Después venía el segundo paso: durante el día, no dejar que Olivia se quedara encerrada en la habitación. Había que sacarla a la calle, gastar energía, para que en la noche durmiera profundo.Al principio, la idea era hacerla bailar.Pero Santiago no estuvo de acuerdo; temía que le removiera recuerdos dolorosos, así que por ahora nada de baile.Entonces le tocó entrar en acción a Mercedes.Se asomó apenas a la puerta con cara de duda y enseguida se escondió.—¿Abuelita? ¿Pasa algo? —preguntó Santiago, y luego le dijo a Olivia—: Voy a ver.Olivia asintió.Santiago dio una vuelta afuera y regresó. Olivia le preguntó:—¿Qué le pasó a la abuelita?—Ah —dijo Santiago—. Me preguntó cómo se escribe una carta de disculpa en inglés.Olivia
Adrián ya no quería defenderse; solo arrugaba la frente pensando en cómo lograr que Olivia recobrara la calma, o al menos que durmiera de corrido cada noche.Cortó muchas hojas de los árboles y se puso de acuerdo con Mercedes, Lorena y Santiago: en cuanto Olivia mostrara el más mínimo desasosiego mientras dormía, debían avisarle.Santiago dudaba de ese método, pero en ese momento no le quedaba de otra que probarlo todo.A las diez de la noche, Olivia llevaba apenas media hora dormida.Nadie se atrevía a hacer ruido en toda la casa; hasta cuidaban la respiración, por miedo a despertarla.Pero, de pronto, una sirena pasó aullando por la calle, y Olivia se tensó. En el sueño, la cara de Julián se agigantaba y le decía: “¿Cómo me lo vas a pagar? Te di tanto, ¿cómo me lo vas a compensar?”A Olivia se le apretó el pecho y la respiración se le aceleró.Entonces se escuchó un silbido hecho con una hoja.Estaban silbando “Mi patria querida”.Qué feo sonaba.Tan feo que la cara de Julián se desv
—Lo entiendo. Jamás volveré a buscar a Oli, jamás. Lo sé, ya no es posible que regrese a su lado.Adrián reaccionó rápido y prometió todo antes de que Santiago siquiera lo dijera.—Por lo menos lo entiendes, muchacho. Ven. —Santiago por fin cedió y dejó que Adrián entrara a la casa.Cuando el chofer de Santiago lo llevó a la residencia de la familia Muñoz y Adrián vio el semblante apesadumbrado de la abuela, el corazón se le encogió de dolor. Hacía mucho que no veía a esa mujer que alguna vez lo quiso más que nadie; en serio pensó en cuidarla con devoción, como un buen nieto.—Abuelita, vine a ver a Oli. —Se agachó frente a ella y se le humedecieron los ojos.Mercedes ya sabía por Santiago a qué venía. Al verlo así, ella también sentía una tristeza enorme. Alguna vez puso toda su esperanza en él, deseando que hiciera feliz a Oli, y quién iba a imaginar que terminarían en esto.—Adelante —le dijo, con el corazón hecho un nudo de pena y resentimiento.Sentía pena por su nieta, y lo que é
Santiago entrecerró los ojos. ¿Qué hacía Adrián llamándolo a esta hora?Aun así, contestó.—Señor… Muñoz —dijo Adrián del otro lado de la línea.Santiago arrugó la frente. ¿Qué demonios quería decir?—Señor Muñoz, perdone el atrevimiento de llamarlo. Quería preguntarle si Olivia no está pasando por un buen momento.—¿Cómo lo sabes? —Santiago apretó más el entrecejo.—Lo supuse —contestó Adrián—. Hace varios días que no va a la clínica ni a los ensayos. Las bailarinas de la compañía no saben qué pasó. Eso no es propio de ella. Después de un recital tan exitoso, lo normal sería que se entregara con pasión a los ensayos. Así que… o está enferma, o…A Santiago se le encendió el foco de pronto.—¿La conoces bien?Después de todo, él había estado ausente mientras su prima crecía. Adrián era un patán, eso era cierto, pero llevaban más de diez años de conocerse: tres como compañeros de clase, cinco como esposos y otro tanto ya divorciados. Quizá él podría encontrar la manera de resolver su con
—Olivia, escúchame bien. —Santiago le palmeaba la espalda con firmeza—. Primero: los sentimientos no son una transacción, jamás existió eso de “poder o no poder pagar”. Segundo: lo que él llama su “entrega”, si tiene como fin atarte y controlarte, no es entrega, es inversión, es negocio. Y el amor jamás funciona así.Olivia, recargada en el hombro de Santiago, seguía llorando sin parar, pero sus palabras empezaban a calmarla; era como si alguien pusiera orden al caos que sentía en la cabeza.—Tercero, y lo más importante —la voz de él se suavizó, llena de cariño—, Oli, ¿te acuerdas de lo que te dije una vez? Solo quiero que seas feliz, pero pregúntate a ti misma: ¿eres feliz ahora? Él dice que sin él no habrías podido volver al escenario. Pero se equivoca. Quien se esforzó para volver a brillar fuiste tú misma.Las palabras de Santiago le cayeron como un balde de agua fría. Se quedó paralizada procesándolas.—Tú fuiste la que sufrió en la rehabilitación y la que se mató ensayando. Fue







