INICIAR SESIÓNTodavía no era hora de clase. Daniela y Olivia iban al edificio de aulas y, al pasar por la cartelera de avisos de la escuela, vieron a mucha gente amontonada ahí.Por la ubicación, era la sección donde habían pegado el cuadro de honor con los premios de Olivia y Leonardo.—Ven, vamos a ver qué pasa. —Daniela jaló a Olivia para sumarse al alboroto.Pero si Daniela hubiera sabido que iba a encontrarse con semejante escena, jamás la habría arrastrado hasta ahí…En el tablero, debajo de la foto y la reseña de Olivia, habían pegado otra foto. En ella, una chica desnuda aparecía abrazada a un hombre también desnudo.Por el ángulo, del hombre solo se veía la espalda, pero la cara de Olivia aparecía de frente. Las partes íntimas estaban pixeladas.También habían pegado una hoja llena de texto de arriba a abajo. La primera línea decía: “Miren cómo la brillante ganadora del primer lugar en el concurso de oratoria consiguió ese puesto: se acostó con quien hiciera falta”.Después venía un largo d
Así empezaron a circular los rumores.—Oigan, hace tiempo escuché algo sobre Olivia… ya saben.—¿Qué quieres decir? ¿Qué escuchaste? ¡Habla!—Hace tiempo escuché que a Olivia la mantiene un ricachón.—¡No puede ser! ¿Es en serio?—¿Todavía no me crees? ¿No has visto los autos de lujo que pasan a recogerla a la puerta de la escuela cada semana? ¡Y ni siquiera es el mismo auto! A veces llega un auto de unos cien mil dólares, y una vez vino otro que, según dicen, costaba más de un millón.—¿No será que la mantienen varios hombres?—Eso no lo sé. A lo mejor se está metiendo con un montón de tipos, o quizá es un solo hombre con mucho dinero y varios autos.—Yo la vi. Venían personas distintas a recogerla; a veces uno de cabello negro y a veces hasta un extranjero. En fin, Olivia tiene una vida privada muy turbia.—¿En serio? ¿Hasta un extranjero?—Ja, ella estudia danza. Los que estudian arte están todos igual de podridos, ¿no?—Pero… ¿están seguros de eso?—¡Por supuesto! A ver, tú, di alg
El concurso de oratoria no fue ningún reto para Olivia ni para Leonardo. Sus discursos brillantes y su inglés fluido los hicieron destacar incluso entre los mejores participantes de toda Altabrisa. Como era de esperarse, los dos obtuvieron el puntaje más alto.Como las calificaciones se publicaban en vivo y con transparencia, el comité organizador no se dio cuenta de que ambos estudiantes eran de la misma escuela hasta que salieron los resultados.La distribución de los lugares quedó desbalanceada, pero los puntajes ya se habían anunciado y ya no había manera de cambiarlos, así que los dos quedaron en primer lugar.La escuela lo celebró por todo lo alto. Aunque el concurso de oratoria no sumaba puntos extra para entrar a la universidad, ¿a quién no le gustan los halagos?En ese concurso, la escuela ni siquiera esperaba ganar el primer lugar, porque era una escuela pública; tenía un buen nivel de enseñanza, pero en Altabrisa había escuelas privadas bilingües, así que, en oratoria en ing
—Leonardo —dijo ella, pero cuando él inclinó la cabeza y sonrió, ya no supo cómo seguir.No podía decirle que no viajara por todo el mundo más adelante, que iba a morir en el camino. Mientras dudaba, lo vio sonreír.—¿Qué? ¿Te preocupa el concurso? Tranquila. Voy contigo, te acompaño…Hasta ahí todo iba bien, pero entonces él agregó:—Y de ahora en adelante, en la universidad, en el trabajo, siempre voy a estar a tu lado.Olivia quedó en blanco. ¿Eso era una declaración? Al sol, a Leonardo se le pusieron las orejas un poco rojas.—No lo digo en ese sentido, no me malinterpretes. Quiero decir que vas a presentar el examen para la Escuela Nacional de Danza, ¿no? Yo también quiero entrar a una universidad en la capital y dedicarme al periodismo, que es lo que me gusta. Quiero trabajar en un canal de televisión de la capital o en la redacción de algún periódico. Para entonces, seríamos compañeros y estaríamos en el mismo lugar, así que podríamos cuidarnos el uno al otro, ¿no?Así, Leonardo
El día del concurso era domingo. Como tenía que competir, Olivia no volvió a casa esa semana; había quedado con Leonardo para ir juntos al lugar del concurso al día siguiente. Al salir del dormitorio de chicas, vio a Leonardo parado bajo el árbol, esperándola, con una rosa roja de papel en la mano.—¿Y esto? —No pudo contener la risa. ¿No era una de esas manualidades de papel que daban en el kínder?Leonardo también se rio y le entregó la flor.—Para la alumna Olivia, la mejor participante de hoy. Un aplauso para ella.Después de decirlo, empezó a aplaudir él solo. A Olivia le pareció graciosísimo y, entre risas, dijo:—¿Ya soy la mejor? ¿No deberías esperar a que termine el concurso para dármela?—Tú eres la mejor. —Leonardo le ató la rosa roja a la mochila.Quedaba bastante bien. A su edad, ponerse una flor en la solapa le habría dado vergüenza, pero así, atada a la mochila, quedaba bonita y le daba un toque distinguido.—Es un diseño exclusivo. —Se echó a reír. Ella venía de más de
Esa noche, volvió a casa. La casa estaba desierta. Su mamá trabajaba de noche y su papá seguramente seguía por ahí, bebiendo.Alguna vez también había tenido una familia feliz; también había sido una princesita. Vivía en una casa grande y llevaba una vida de lujos. En el centro comercial más exclusivo de Altabrisa podía comprar lo que quisiera.Pero todo cambió cuando a su papá le fue mal con sus inversiones.La familia dejó la casa grande por un departamento rentado; el auto pasó de ser uno de cien mil dólares a ser uno de esos autos baratos de unos cuantos miles de dólares, tan modesto que le daba vergüenza que lo vieran frente a la escuela.Los restaurantes que frecuentaban, lo que comían y la ropa que usaban habían quedado atrás para siempre. Su papá seguía cargando una deuda enorme, y el escaso sueldo de su mamá ni siquiera alcanzaba para mantener a la familia. Quién sabe cuándo terminaría todo eso.El hogar que alguna vez fue su lugar favorito se convirtió en lo que más detestaba







