MasukEn el avión rumbo a Irlanda, Olivia iba con el corazón en un puño.Una vez superada la emoción inicial, seguía sintiendo que algo no encajaba.Habían pasado varios años desde que Adrián se fue sin despedirse. En todo ese tiempo, salvo por los meses que pasó dormida, había viajado a Irlanda muchas veces, pero ni una sola vez encontró el menor rastro de él.—¿En qué estás pensando? —Camila, sentada a su lado, le dio un empujoncito.—¿Eh? —Olivia reaccionó.—Ya pasó la azafata con la comida —dijo Camila.—Disculpe. —Olivia se dirigió a la sobrecargo que estaba a su lado, tomó el menú, le echó un vistazo y se lo devolvió—. Con un vaso de agua me basta.—Te noto muy preocupada —dijo Camila, inquieta.—Sí —admitió Olivia—. Lo hablamos cuando lleguemos a Irlanda.Fuera como fuera, esta vez tenía una dirección concreta, así que no tendría que buscar a ciegas.El avión aterrizó en Irlanda y la compañía se instaló en el hotel. Tenían un día libre. Camila se llevó a los bailarines a ensayar; como
Pero al final se impuso la cordura. Olivia era demasiado buena; era mejor no hacerle daño…—Aunque, la verdad, mi hermano y ella hacen muy buena pareja. —Fiorella tuvo que reconocer que los dos eran igual de pegajosos y posesivos en extremo—. Están hechos el uno para el otro, en serio que ni se quieren alejar el uno del otro.Por separado, cualquiera de los dos era un peligro para los demás; solo juntos, aferrados el uno al otro, encajaban. Aquella tarde de té fue de lo más agradable.Aunque apenas llevaba tres meses lejos de allí, Olivia sentía como si hubiera pasado una vida entera; cada persona que veía parecía pertenecer a otra vida, y cada noticia que escuchaba, a una vida anterior. Saber que a Julián le iba bien la dejó tranquila.También fue a la clínica. El caso de Olivia le despertaba una enorme curiosidad al doctor Salas; nunca en su vida había visto algo así.—¿Y qué estuvo haciendo tu cerebro durante esos tres meses que dormiste? ¿Estabas consciente? —le preguntó el doctor
Olivia descubrió después que durmió por tres meses, incluso más que el tiempo que había pasado dentro del sueño…Al principio, su tía y los demás la llevaron al hospital, alarmados; después de un mes internada, comprobaron que todo estaba normal y que no necesitaba estar conectada a ningún equipo para seguir con vida.Así que la llevaron de vuelta a la casa. Allí le pusieron suero, y su tía, la abuela y la enfermera particular se encargaban de cambiarla de posición y darle masajes. Fuera de que dormía profundamente, podía decirse que estaba como cualquier persona normal; se mantuvo sana y fuerte durante varios meses.Ya hasta se había vuelto famosa en el hospital; las enfermeras la llamaban la Bella Durmiente.Por eso, en cuanto fue a hacerse la revisión médica, las enfermeras corrieron la voz de que la Bella Durmiente había despertado.Cuando terminaron los exámenes y todo salió normal, las enfermeras fueron a felicitarla. Una de ellas aprovechó para preguntarle:—¿Cómo despertaste? ¿
¿Llamar al doctor?Si estaba bien, si no estaba enferma, ¿para qué tenían que llamar al médico? El aire seguía cargado del aroma a gardenias. Mientras miraba el techo, comprendió que no estaba en su casa de Altabrisa; estaba en Londres… Había vuelto.Entonces, ¿solo había tenido un sueño larguísimo? Aturdida, vio que su abuela y Santiago ya estaban ahí. Mercedes se alegró al verla.—Por fin despertaste, Oli. Esta vez sí que me asustaste.—Perdóname, abuelita. —Había dormido tanto que la voz le salió un poco ronca.—Con que hayas despertado me basta. Ya pasó, ya pasó, no fue nada. —Su abuela le palmeó la mano—. ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?Olivia negó. Solo estaba muy cansada, con esa fatiga de las siestas larguísimas de verano, cuando uno despierta más agotado todavía.—No hay prisa, tranquila. Quédate acostada un rato y recupérate. Dime qué quieres comer y te lo preparo.Olivia tampoco tenía ganas de comer. Miró la bolsa de suero junto a la cama. Todavía quedaba media por pasar; a
Retomaron el tema de llevarse a la abuela al extranjero. Ella seguía negándose porque no podía dejar sola a Olivia, aunque Olivia le decía que terminaría la licenciatura y después se iría, que la abuela solo lo haría un poco antes y que ella sabía arreglárselas muy bien sola, así que no tenía por qué preocuparse.Santiago también le prometió que dejaría todo resuelto en el país, que no permitiría que Olivia pasara apuros ni corriera peligro.Pero Mercedes seguía negándose. Al final, Lorena y Santiago entendieron que no lograrían convencerla por más que insistieran. Así que Santiago tomó otra decisión, y durante esos días recorrió Altabrisa para averiguar todo.—Ya encontré una casa. Mañana vamos a verla y, si a la abuela le gusta, la compramos de una vez —dijo Santiago.Olivia le preguntó dónde quedaba la casa que había encontrado. Santiago le dio una dirección, y ella quedó pasmada. ¿No era la misma que su primo había comprado antes? ¿Y ahora iban a comprarla antes de tiempo? En cuant
Pero ella no.Ya pasaba de los treinta. Había conocido el amor y el odio en sus formas más intensas. No había nada que no pudiera decir.—Adrián —dijo sin rodeos—. La verdad, no me gustan las adivinanzas. Tal vez entendí mal lo que quisiste decir; pero, si entendí bien, quiero decirte esto: quizá la Olivia de antes te quiso, pero ya no.Vio que a él se le apagaba el brillo en la mirada de golpe. ¿Así que eso era lo que ella imaginaba? Era una lástima, Adrián. ¿Por qué siempre te enamoras de Olivia cuando ella ya no te ama?—¿Por qué? —Cuando se aferraba a algo, no lo soltaba. A esas alturas, necesitaba una respuesta clara.—Ya te lo dije. —Olivia rio bajito—. Ahora sé lo que quiero. Y no eres tú.Cuando terminó de hablar, se le iluminó el celular; su primo le escribía para avisarle que ya había llegado y que bajara.—Me voy. —Se dio la vuelta y salió de la pastelería.Adrián la siguió con la mirada mientras ella se alejaba; la vio llegar al borde de la calle y subirse a un auto… o, mej







