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Capítulo 91

作者: Esperanza Marín
Paulina estaba hecha un mar de lágrimas.

—Ya no digas nada. Mejor voy a entregarme a la policía, no me defiendas. No quiero que te pelees con Olivia por mi culpa, no soportaría que ella te hablara así. Yo... lo único que quiero es que todos seamos felices. Olivia, por favor, ya no le hables así a Adri, ¿sí? La culpa es mía, júrame que vas a desquitarte conmigo. Pégame o hazme lo mismo que pasó en el incendio, pero te ruego que ya no le digas nada.

Olivia observaba aquel espectáculo con indiferen
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    Pero no se atrevió a decir esas palabras en voz alta.—Entonces quédese. Si tiene algún pedido, no dude en decirlo. Estos cinco años ha cuidado muy bien a la señora, y se merece un aumento —dijo Adrián con firmeza.—La señora... —Rosa quiso decir algo y se contuvo.—La señora solo salió por un mes. En un mes regresa. —Adrián lo había verificado: la compañía de gira solo haría una temporada de un mes en Europa.Rosa no se atrevió a contradecirlo. No podía decirle que ella no regresaría en solo un mes.—Entonces, señor... ¿le llevo la comida al cuarto, o usted prefiere...? —Rosa decidió guardarse todo por ahora. Se quedaría un mes más; cuando la señora hubiera terminado de resolver su divorcio del todo, ella se iría. Por el momento no podía hablar a la ligera y arruinarle los planes.Adrián no tenía costumbre de comer en la cama. Aunque no tenía apetito, tampoco era de los que se dejaban llevar por el capricho.—A la mesa —dijo.—Sí, señor. —Rosa se dio la vuelta y salió.En el comedor,

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    Adrián escuchó en silencio, paralizado.—Mira, el corazón de una mujer es el más blando y generoso que hay. Si en serio te esfuerzas por tratarla bien, ella lo va a sentir. Pídele disculpas en serio, reconoce tus errores aunque no sean tuyos, y deja de recurrir al alcohol cuando haya problemas. ¿No se va a molestar todavía más si te la pasas tomando? ¿O sí? Cuando llegues a tu casa, llámala. Pregúntale dónde está, si trae suficiente dinero, y ofrécete a ir por ella cuando regrese. Vivan tranquilos, en paz. ¿No es así? —dijo el chofer—. Y no me vayas a guardar rencor por hablar tanto. Es que te veo y sé que eres generoso con ella. Pero con dinero o sin él, lo que en serio importa es quererla. Yo me gano la vida manejando, no hay punto de comparación, pero mi señora vive feliz porque la traigo en las nubes. Tú mándale un mensaje ahora que ya está amaneciendo. Mándale los buenos días, dile que te la pasaste pensando en ella toda la noche, háblale con cariño...Adrián rio y no se movió.—¿

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    —Don Toño… yo… —Adrián nunca había quedado tan en ridículo—. Yo… tengo cosas pendientes en la empresa, así que ya me voy…Decir algo más solo empeoraría las cosas y lo dejaría en peor posición.Pero cuando ya había recorrido la mitad del camino, se detuvo y se volvió, incapaz de seguir sin preguntar.—Don Toño…El policía sonrió.—Señor Vargas, ¿en qué más lo puedo ayudar?—¿Usted sabe…? —Adrián tardó en encontrar las palabras. Era su propia abuela, y tenía que preguntarle a un extraño adónde había ido. Pero si no preguntaba, nadie le daría la respuesta—. Eh… ¿sabe adónde fue la señora Mercedes?Antonio negó, impotente.—No sé, en serio. Ya tiene varios días así. Nadie sabe adónde se fue, ¿y usted tampoco…?Antonio estaba a punto de decir “¿y usted tampoco sabe?”, pero era obvio que el señor Vargas no tenía idea. Si supiera, ¿para qué le estaría preguntando? Era mejor callarse a tiempo.Adrián sonrió con dificultad.—Gracias.La pregunta que el policía se tragó… Adrián no necesitaba es

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