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Capítulo 2

Author: Éric
—Señoras y señores... —mi voz se amplificó por el salón, resonando con autoridad.

El murmullo se apagó al instante.

—Lo siento, pero el compromiso de esta noche queda cancelado.

Hubo un silencio sepulcral que duró solo un segundo... y de inmediato, la sala estalló en murmullos.

—¿Qué cosa?

—¿Cancelado?

—¿Qué diablos pasó?

Seguí, calmada pero firme:

—Marcos acaba de irse. Fue al aeropuerto a buscar a su ex, Lilia. Por eso he decidido cancelar el compromiso.

El murmullo se hizo más fuerte.

—¿La ex? ¡Qué barbaridad!

—¿Aquí, en la fiesta?

—¿Se volvió loco?

—Gracias por venir —añadí—. Disfruten la cena y el vino.

Le devolví el micrófono al DJ, que me veía con la boca abierta. Y bajé del escenario en medio de una ola de exclamaciones.

En el elevador, me recosté en la pared y miré mi reflejo en la puerta: vestido negro Valentino, aretes de diamante Cartier y, en el anular, un anillo de diez quilates.

Solté una risa seca y amarga. Me quité el anillo y lo tiré dentro de mi cartera.

Crucé la puerta giratoria. El aire frío me dio en la cara... el pecho me dolía como si me hubieran dado un puñetazo.

El valet me reconoció, visiblemente inquieto. Su mirada brillaba con duda, y preguntó con cautela:

—Señorita White, ¿le traigo su auto?

—No. Voy a caminar.

Caminé un par de cuadras y me detuve. Me recosté contra una pared y saqué el celular.

Veintidós llamadas perdidas: mi mamá, Diana, un par de amigas.

Y Marcos me había dejado cinco mensajes:

"Clara, ya llegué al aeropuerto."

"Lilia está muy mal, el médico dijo que queda en observación."

"Vuelvo lo antes posible."

"Cuando llegue, hablamos bien."

"Clara, contéstame, por favor."

Apagué el celular. Me sentí completamente ridícula y deprimida.

***

A la mañana siguiente me despertó el timbre. Era Amy, mi asistente.

—Clara —dijo, algo agitada—, ¿viste las noticias?

Me froté los ojos y encendí el celular.

"Clara White cancela su compromiso" era tendencia.

Abrí la nota: videos y fotos de anoche. Mi cara en el escenario, la espalda de Marcos mientras se alejaba... y una imagen borrosa de él abrazando a Lilia en el aeropuerto.

Los comentarios seguían sin parar:

"¿Vieron la foto? ¡La abraza fuertísimo!"

"Entonces sí dejó a la novia por la ex."

"Bien por Clara, a ese tipo ni agua."

Y no faltaban los golpes:

"Qué impulsiva. Él fue a ayudar y ella arma un show."

"Se nota que es calculadora, lo hizo a propósito."

—¿Clara? —Amy seguía en la línea telefónica—. ¿Estás bien?

—Estoy bien. ¿Qué tenemos en la agenda de hoy?

—A las diez, videollamada. Y... —vaciló un poco—, Marcos quiere verte.

Fruncí el ceño, molesta, y contesté al instante:

—Dile que no tengo tiempo.

—Se lo dije, pero... Lilia quiere disculparte en persona.

Solté una risa sin ganas.

—¿Disculparse? ¡Qué chiste!

—Están ahí abajo. Llevan esperando como una hora.

Miré la hora: eran las nueve.

—Que suban a la sala de juntas.

Marcos tenía la cara destrozada: ojos rojos, barba de un día, el traje arrugado. Claramente, no había pegado ojo.

Lilia, a su lado, con un vestido beige, el cabello lacio cayéndole sobre los hombros, pálida y con los ojos hinchados: frágil, casi como un fantasma.

—Clara —dijo Marcos, levantándose tan pronto como me vio—, tenemos que hablar.

Me senté frente a ellos y, con calma, respondí:

—Tienen diez minutos.

—Lo de anoche no fue para tanto, fue un malentendido —empezó Marcos—. Lilia de verdad se puso mal. El doctor dijo que tenía la presión por el piso y el pulso inestable. Si yo no iba...

—Marcos —lo interrumpió Lilia, apenas en un susurro—, ya no sigas. Fue mi culpa.

Se giró hacia mí, con los ojos vidriosos.

—Clara, lo siento mucho. No sabía que anoche era tu fiesta de compromiso. Si lo hubiera sabido, jamás te habría llamado.

Su voz temblaba visiblemente.

—Me empecé a sentir mal en el aeropuerto. Mareos, me faltaba el aire... No sabía a quién acudir. En esta ciudad solo lo conozco a Marcos. De verdad, no fue intencional.

Las lágrimas le empezaron a correr por la cara, mostrando una fragilidad total.

Marcos le pasó un pañuelo rápidamente.

—Lilia, tranquila. El médico dijo que debes descansar.

—No —negó ella, llorando—. Tenía que pedirte perdón. Fue por mi culpa. Si no te hubiera llamado, él no se habría ido y ustedes no...

La voz se le quebró y bajó la cabeza, rompiendo en llanto.
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