Marcos le dio unas palmadas suaves en la espalda a Lilia.—Lilia, esto no fue tu culpa.Luego me miró, casi suplicante.—Clara, mírala... de verdad no fue a propósito. Lo de anoche fue un accidente.Me recosté en la silla y los observé, algo irónica.—Lilia —dije, tranquila—, no tienes que disculparte.Ella levantó la vista, con un brillo de esperanza.—Entonces... ¿me perdonas?—No hay nada que perdonar. Te sentiste mal, necesitaste ayuda y llamaste a alguien en quien confías. Es lo más lógico.Sus ojos brillaron un poco más.—Clara, yo...—Quien sí se equivocó fue Marcos —dije, girándome hacia él con calma—. En nuestra fiesta de compromiso, con doscientas personas esperando, decidió irse. Fue su elección.—Pero... —la voz de Lilia se hizo casi un susurro—, Marcos solo quería ayudarme.—Lo sé. A ti no te culpo. Pero yo no puedo aceptar a un hombre que me deja plantada en mi propia fiesta.—¿Y por eso vas a cancelar el compromiso? —Marcos dijo, con el tono más firme—. ¿Solo por eso, Cl
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