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Capítulo 3

Author: Ninoska
last update publish date: 2023-02-25 03:11:11

—¿Pensabas irte sin despedirte? —Levantó su mirada y se encontró con la de él. Tenía un brazo doblado por debajo de su cabeza y el otro descansaba sobre su abdomen. Le gustaba como se miraba con su cabello todo desarreglado y…

›› ¿Aria? —La llamó él al ver que ella no respondía, se había quedado observándolo como una boba y eso activó sus alarmas. ¿Qué carajos le estaba pasando? Nunca se había quedado tan deslumbrada al ver a alguien así de atractivo, ni siquiera cuando era una adolecente.

—Lo… lo siento —Se aclaró la garganta antes de continuar—, no quería despertarte.

—Entiendo —respondió él mientras se levantaba—, anoche me pasó lo mismo contigo, te mirabas tan cansada que me dio mucha pena despertarte. —Y no fue solo eso, si esa era la forma de pasar más tiempo con ella, no la iba a despertar. Se quedó observándola por un tiempo antes de llevarla en sus brazos y dejarla en la habitación donde él dormía cada vez que se quedaba en casa de Jack.

—Pero debiste hacerlo —dijo ella y esta vez se mostró molesta— no tenías por qué llevarme a una habitación.

—Solo quise ser amable, no podía dejarte aquí —Se defendió mientras señalaba el sofá.

—No debí quedarme, anoche tenía llegar a casa de mis padres —Esta vez se mostró preocupada.

—¿Eres casada? ¿Comprometida? —Preguntó de pronto. Eso mismo se había preguntado él, pero al no ver ningún anillo en su dedo, dedujo que no tenía ningún compromiso— Lo siento, no, no sabía…

—No, no lo estoy —respondió—. Pero mi familia me esperaba anoche. Deben de estar preocupados. Te agradezco, pero ya debo irme.

  —Espera, toma al menos un café, prepararé algo rápido —Ofreció mientras se giraba para dirigirse a la cocina.

—No —respondió de inmediato—. De verdad no es necesario. Adiós —Musitó antes de darse media vuelta y caminar hacia la salida. Estaba por alcanzar la puerta cuando él la detuvo de su brazo.

—Aria, espera —Ella cerró sus ojos y tomó aire antes de darse la vuelta. Era difícil controlar sus pensamientos estando tan cerca de él. Sabía que lo mejor era salir de ahí, pero él se lo estaba poniendo muy difícil. Ella miró su mano que aún la sostenía. Alex hizo un esfuerzo por soltarla, lo menos que quería era asustarla, pero con lo que iba a decirle tal vez sea justo eso lo que suceda.

—Lo siento —Se disculpó— Aún no estoy listo para dejarte ir —No tenía idea que le estaba pasando con aquella chica que era una completa desconocida, pero en menos de veinticuatro horas, ya le había quitado el sueño y se sentía como un imán, atraído por ella.

—Alex…

—Quédate un poco más, por favor —pidió.

—No puedo… —Él dio un paso hacia ella y Aria retrocedió.

—¿Entonces, puedo verte otra vez? Me gustaría…

—Imposible, no vivo en esta ciudad, solo vine por un asunto familiar.

—Entonces… dame algo con lo que pueda recordarte.

—¿Algo? ¿Cómo qué? —Se dijo que hubiera sido mejor no preguntar. Alex dio otro paso y ella intentó alejarse nuevamente, pero la pared se lo impidió.

—Como esto —Dijo tomándola de su cintura y besándola en los labios sin que ella pudiera reaccionar. Una de sus manos presionó su cabeza para que ella no pudiera escapar.

Aria se quedó inmóvil sin saber qué hacer. Cerró sus ojos y se permitió sentir aquellos labios. Aún se estaba debatiendo por si corresponderle o no. Bueno, esa sería la única vez que lo vería y para ser sincera, sus labios se sentían tan bien sobre los de ella. Aria correspondió a su beso y se dejó llevar. Sus manos estaban sobre su pecho y los fue deslizando hasta su cuello.

Ese beso que empezó siendo delicado, se volvió más y más demandante y feroz.

Hace mucho que no besaba a nadie. Pensaba que tendría que pasar mucho tiempo para eso, incluso en algún momento pensó que jamás podría volver a estar así con otro hombre.

Nunca reconocería en voz alta todo lo que estaba sintiendo en ese momento y, lo peor es que le gustaba más de lo que creyó posible. Además, no recuerda haberse sentido de esa manera alguna vez. Su cuerpo se sentía caliente. Él pasaba sus manos en su espalda y cintura, se sentía como si sus manos tuvieran fuego que amenazaban con consumirla ahí mismo.

Alex soltó sus labios solo para besar su cuello. A ella se le escapó un gemido y Alex volvió a capturar su boca, luego pasó a su cuello otra vez. Tomó su rostro entre sus manos y bajó la intensidad de sus besos para que pudieran respirar. Dejó sus frentes unidas mientras sus alientos se mezclaban con sus respiraciones agitadas.

—¿Ya puedo… irme? —Preguntó con su voz entrecortada y su corazón acelerado. Alex negó con la cabeza.

—Ese beso fue demasiado increíble como para dejarlo así nada más ¿No crees?  —Se miraron directamente a los ojos. Ella abrió su boca para decir algo, pero Alex ahogó su voz con otro beso.

Aria intentó alejarse, aun cuando sabía que eso era imposible. Él era alto y fuerte, si acaso ella podía llegar a sus hombros, no podría quitárselo de encima, aunque quisiera. Y no quería.

Sin dejar de besarla Alex la llevó hasta el sofá. No está segura como fue que terminó recostada con él encima de ella, todo lo que podía explicar era que: otra vez se había dejado llevar por ese excitante hombre que se le había atravesado en su camino.

Sintió las yemas de sus dedos rosar su piel por debajo de su blusa. Soltó un gemido que él se tragó cuando acarició uno de sus senos y aunque se sentía placentero no podía simplemente ceder al deseo y al placer que sentía su cuerpo, no debía. Pero si debía hacer algo para evitar lo que estaba a punto de suceder. Estaba segura que después se arrepentiría si se dejaba llevar aún más.

Alex acarició una de sus piernas y fue en ese momento que Aria mordió su labio inferior. Con un gruñido Alex se separó de ella. Aprovechó para empujarlo, se levantó lo más rápido que pudo y se alejó de él.

—Ni creas que vas a obtener algo más —Dijo ella mientras acomodaba su ropa y su cabello.

—Pero te han gustado mis besos. Aun puedo sentir tu cuerpo estremecerse entre mis brazos. —Él saboreó el sabor metálico de la sangre que salía de su labio, pero no importaba, había valido la pena, aunque al ver una gota de sangre en sus dedos hizo que se sintiera mareado y no podía evitarlo, eso no era bueno.

Entrelazó sus manos apoyando su cabeza en ellas. Tenía que resistir, solo era un poco de sangre nada más.

«Sangre» —repitió en su mente.

—No suenes tan confiado —dijo ella recordándole su presencia.

—¡Maldición! —Casi gritó él. Se dejó caer de espalda sobre el sofá y cerró sus ojos, su hematofobia se estaba siendo presente, aunque algunas veces podía controlarla, no siempre era posible y, por desgracia esta sería una de ellas.

Aria pudo darse cuenta de que algo no estaba bien con él, estaba pálido y sudaba.

—Oye ¿estás bien? —preguntó.

—Déjame, vete —musitó molesto— ¡carajo! debo llamar a Jack.

Ariadna se acercó a él, tocó su frente, estaba frío y sudaba. Él ni se inmutó con su tacto.

—Mi teléfono —susurró él.

Ella miró por todos lados. Localizó el dispositivo en una esquina del sofá, lo tomó y luego se acercó a él.

—Lo llamaré por ti —dijo ella. Buscó en los contactos y marcó sin pensarlo.

—Ya sé, quieres que te lleve el desayuno —dijo la voz de Jack del otro lado de la línea.

—Hola, soy Aria —dijo ella.

—Oh, hola ¿estás bien? —preguntó recordando el accidente y el golpe que ella se había dado en la cabeza la noche anterior. Si se sentía mal era muy probable que tendría que llevarla al hospital para hacerle un chequeo más completo.

—Sí, sí. Es Alex. Estábamos conversando y de pronto empezó a sentirse mal.

—¿Mal? Él es la persona más sana que conozco a menos que… espera, ¿se hizo alguna herida? —Aria inmediatamente vio la pequeña cortadura en su labio inferior— ¿Aria?

—Eh… sí él se hizo una pequeña cortadura.

—Alex tiene hematofobia. Eso es miedo a la sangre —explicó él.

—¿Entonces, que hago?

—¿Aún está consciente?

—Sí, creo.

—Mantén sus piernas más alto que su cabeza y trata de distraerlo.

—Está bien —se despidió y colgó.

Aria hizo lo que el doctor le recomendó. Subió las piernas de Alex en una pila de almohadas. Luego se arrodilló a su lado con el botiquín de primeros auxilios que encontró. Limpió su labio e hizo presión.

—Alex ¿Te sientes mejor? —preguntó ella un rato después. Él no respondió.

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