LOGINGRACETodos los días me decía que ese sería el día en que llamaría Knox y le contaría la verdad, pero a último momento, o surgía algún imprevisto o el nerviosismo me ganaba la batalla. Llevaba postergándolo por un par de semanas más y todos los malestares me estaban matando lentamente.¿Por qué no había sido bendecida como Margoth que apenas si sufría de sueño o agrieras? No, a mí me tenían que caer las molestias con todas sus fuerzas. Ese bebé sería todo un incordio como su padre, ya lo intuía.Muchos a mi alrededor empezaban a sospechar que estaba embarazada, y no era que me molestara que hablaran de mí, pero los chismes que corrían de quién era el padre empezaban a calar muy hondo. Estaba supremamente sensible, con las emociones a flor de piel y no me gustaba que mi bebé estuviera en boca de todo el mundo.No había sido nada responsable, pero era mi cuerpo y mi problema si decidía tenerlo o no. Y como no tenía corazón para abortar a un ser humano a pesar de que apenas se estaba for
GRACE ¿Podía tener tan mala suerte en la vida? No lo dudaba, si siempre que hacía algo, me salía todo mal.Cuando terminé con Dixon había prometido nunca más volver a enamorarme y cerrarme a la más mínima posibilidad si se me llegaba a presentar. Entregarle el corazón a alguien más que solo te lo destruiría en pedazos y te lo devolvería convertido en cenizas, era algo que no quería repetir.Mi madre bien decía que aprendiera de los errores. Y Dixon me había dejado marcada de por vida, por eso nunca más volvería a entregarlo todo de mí.Pero eso no quitaba el hecho de que pudiera divertirme, salir con amigos y disfrutar de mi vida. Si él lo había hecho cuando estábamos juntos y decía amarme, ¿por qué yo no podía hacerlo si era soltera, joven y hermosa?Desde hacía un año vivía mi libertad y mi soltería a lo grande, disfrutando de todo sin arrepentimientos, pero teniendo especial cuidado en no meter las patas.Y ahí estaba, sin entender cómo demonios había pasado esto. Planificaba y si
Sebastián Miré mi reloj y volví a enfocar los ojos en el pasillo por el que se había ido Margoth. Ya habían pasado veinte minutos y no entendía qué les tomaba tanto tiempo si no era que el restaurante estuviera especialmente lleno. —¿No crees que se están tardando demasiado en regresar? —dije, sintiendo esa ansiedad de que algo malo pudiera volver a pasarle a mi esposa. Knox soltó una risa y se estiró con despreocupación, cruzando los brazos a la altura de su pecho. —Relájate, hombre. Solo están en el baño haciendo cosas de chicas. —Sí, pero ya pasaron veintiún minutos. Mi amigo volvió a reír, me acercó la copa de vino que seguía intacta desde que la sirvieron y me instó a tomarla. —Bebe un poco para que te relajes. Deja de ser tan controlador. Aquí no va a pasar nada malo. —Cierto...Me tomé toda la copa de vino de golpe, mermando la ansiedad que me carcomía por dentro.Desde que Valeria la secuestró e intentó matarla, vivía constantemente pensando lo peor, alerta a cualquier
—Sabía que esa mujer estaba loca, pero nunca pensé que llegaría a hacer algo así —me dijo mi amiga mientras bebía un sorbo de su jugo de naranja—. Te dije que esa tipa no me daba buena espina. Desde el primer momento que la vi supe que era falsa y que estaba loquita por tu esposo, aunque se hiciera la mustia y se encubriera tras su enfermedad.—Sí, yo también me di cuenta de eso la primera vez que la vi —suspiré—. No quiero hablar de Valeria. Una parte de mí siente pena por ella, pero la otra no porque era consciente de lo que estaba haciendo y solo pensaba en hacer el mal. No quiero amargarme más los días con su recuerdo.—Es cierto, no hablemos más de esa loca —sacudió la mano con desdén y me miró con picardía—. ¿Cómo van las cosas con tu esposo ahora que logró embarazarte?—¡No lo digas así, Grace!—¿Entonces cómo más quieres que lo diga? Sabes que Sebastián te retuvo dejándote embarazada.Negué con la cabeza, divertida.—Las cosas entre nosotros van muy bien. Cada día me demuestra
MargothSalir del hospital fue como volver a respirar aire puro después de haber estado atrapada en una pesadilla interminable. Sin embargo, el médico fue categórico con las advertencias antes de firmar el alta: si sentía el menor dolor de cabeza, pérdida de conciencia, mareos, la vista nublada o si veía repentinas manchas negras, debía regresar de inmediato a emergencias. Tenía una conmoción cerebral en recuperación y fracturas leves en las costillas que requerían extrema cautela.Pero Sebastián no dejó que ninguna de esas advertencias me abrumara. En ningún momento se despegó de mi lado. Ignoró llamadas, pospuso reuniones y delegó por completo la gestión de la clínica a otra persona. Para él no existía nada más en el mundo que mi cuidado. Nada le importaba excepto asegurarse de que yo estuviera a salvo.Incluso la sombra de Valeria había dejado de perseguirme varios días después. El juez finalmente dictó su sentencia: quince años de prisión sin derecho a fianza por secuestro e inten
Margoth Escuchar la voz de Sebastián a unos pocos metros de mi cama me devolvió, de golpe, una paz que creía perdida para siempre. Sin embargo, cuando las palabras comenzaron a brotar de sus labios con esa frialdad punzante y despiadada, un escalofrío me recorrió la espalda de pies a cabeza. Mantuve los ojos apretados, forzando una respiración pausada y rítmica para que ninguno notara que llevaba varios minutos despierta.Escuché cómo le explicaba a mi padre, con una calma espeluznante, que Valeria ya estaba tras las rejas. Sentí un alivio inmenso, una presión enorme que se desprendía de mi pecho al saber que esa mujer ya no podría hacernos daño ni a mí ni a mi bebé y que dejaría de ser un problema en mi vida. Pero el alivio se transformó en una punzada de alarma cuando Sebastián continuó hablando.—Yo tengo una obsesión enfermiza por su hija —decía su voz, grave, baja, resonando en la penumbra de la habitación—. Siento por ella un amor de una magnitud que nadie más en este mundo pod







