Abrí los ojos despacio, dejando que la penumbra de la habitación me devolviera a la realidad. A mi lado, el ritmo pausado y profundo de una respiración me recordó, como cada mañana desde hacía dos años, dónde estaba y con quién compartía la vida.Me giré apenas unos centímetros, lo suficiente para ver la silueta de Sebastián. Su rostro, relajado por el sueño, carecía de la firmeza dura que solía llevar durante el día. Era un hombre atractivo, no podía negarlo; alto, de facciones marcadas y una presencia que imponía respeto en cualquier salón. Pero para mí, no era más que un desconocido con el que compartía un apellido y un techo.Un suspiro pesado se me escapó del pecho, apagado por la inmensidad del dormitorio.«Un día más, un nuevo día de este calvario silencioso», me dije en un susurro.Resultaba increíble —y francamente agotador—, pensar que, tras setecientos treinta días durmiendo en la misma cama, la proximidad de su cuerpo me siguiera resultando ajena, casi invasiva. Jamás pude
Last Updated : 2026-09-03 Read more