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Jamás te voy a perdonar

last update Veröffentlichungsdatum: 28.09.2026 09:07:51

Sebastián

Me quedé junto a mi esposa sin despegarme un solo segundo. Cada latido del monitor cardíaco marcaba el ritmo de un martirio que se me metía bajo la piel, recordándome a cada instante lo cerca que estuvimos de perderlo todo. Su mano seguía fría entre las mías, pequeña y vulnerable, mientras el silencio de la habitación de hospital solo se interrumpía por su respiración pausada.

Un leve gemido se le escapó entre los labios, la vi fruncir el ceño, como si el simple acto de volver a la co
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Kommentare (2)
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Leida Contreras
las personas tiene que ver con sus propios ojos para creer que las personas a veces no son lo que parecen pero su letal y su seguera no los dejar ver más aya lástima por seba
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Marilyn Roca Mayo
Eres un ciego Sebastián, esa ceguera casi le cuesta la vida a Margoth
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    El eco del disparo retumbó en la bodega vacía, llenando el aire con un olor a pólvora recién quemada que opacó por completo el hedor a humedad. Apreté la empuñadura de mi arma contra la palma de la mano. El metal estaba frío, firme, en un contraste con la descarga de adrenalina que corría por mis venas. Esteban respiraba con dificultad a unos metros, histérico, dando zancadas torpes mientras intentaba flanquear mi posición. —¡Da la cara, cobarde! —bramó, con la voz quebrada por el descontrol—. ¡Sal de ahí! Salí de la sombra de la columna ejecutando un movimiento rápido, con el arma levantada a la altura de los ojos. El proyector de luz me encandiló un instante, pero logré encuadrar el silueta desgarbada de Esteban. —Se acabó, Esteban —sentencié. Giré el pulgar para liberar el seguro, pero no me dio tiempo. En su desesperación suicida, Esteban no buscó cubrirse. Simplemente apretó el gatillo tres veces consecutivas, disparando a ciegas en mi dirección. El primer proyectil pasó r

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    Margoth A pesar de la impresionante burbuja de seguridad que Sebastián había desplegado a nuestro alrededor —con guardias armados patrullando el perímetro y sistemas de vigilancia revisados minuciosamente cada segundo del día—, la calma nunca era absoluta. Sin embargo, tras el susto del desmayo y las estrictas advertencias del médico, había hecho un esfuerzo sobrehumano por mantenerme serena. Respiraba hondo, me concentraba en la en mi vientre y me repetía a mí misma, como un mantra, que debía confiar plenamente en el hombre que había prometido protegernos con su propia vida. Sebastián estaba más alerta que nunca. Su mirada no pasaba nada por alto y no permitía que pusiera un solo pie fuera de la propiedad. Sin embargo, con una ternura infinita, hacía todo lo posible por regalarme días normales. Preparaba desayunos tranquilos para los dos, me acompañaba a caminar lentamente por el jardín interno durante las tardes y me leía en voz alta en el despacho mientras acariciaba mi crecida

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