LOGINDespués de darle vueltas en mi cabeza al asunto y a sabiendas de que no iba a estar tranquilo si no hablaba con Grace, salí a las dos de la mañana a mi apartamento y fui a buscarla al suyo, con el corazón a mil, el miedo arraigado en el pecho, pero decidido a dar la cara. Tal vez podría haber desconfiado por un segundo, pero quería seguir convenciéndome que Grace me estaba diciendo la verdad y no estaba jugando conmigo.Llamé a su puerta con insistencia, sin pensar si dormía o no. Pero quise creer que no porque Grace abrió un par de minutos después, vistiendo una bata fina que le quedaba como un guante y me obligó a admirarla de pies a cabeza. Sus pezones se marcaban a través de la fina tela, haciéndome pensar en cómo se sintió tenerlos en mi boca y estirarlos con los dientes.Joder, ahí iba de nuevo quedándome en blanco con la sangre caliente por culpa de su belleza.Era imposible no mirarla a pesar de la situación en la que nos encontrábamos, era preciosa, con una figura sensual y
Knox El mundo pareció detenerse en el mismo instante en que Grace habló. El murmullo del restaurante, el tintineo de las copas a lo lejos y la suave música de fondo se transformaron en un zumbido sordo dentro de mis oídos.Me quedé perplejo, estupefacto, sin poder creer lo que Grace me estaba diciendo.—¿Qué dijiste? —la pregunta me salió apenas como un susurro.—Lo que escuchaste, Knox. Estoy embarazada —repitió ella, sosteniéndome la mirada con una seguridad que me congeló.¿Embarazada? ¿Era una maldita broma? Si era así, era una de muy mal gusto. Miré sus ojos buscando la burla, la broma, la picardía que la caracterizaba, pero no había nada. Solo había una tensión y una intensidad que hacía vibrar su cuerpo. La seriedad con la que me miraba me dejó claro que no estaba haciendo ningún chiste.¡Maldita sea! ¿Cómo diablos pasó esto?Es decir, sí sabía cómo pasaba. Recordar aquella noche aún me revolvía la sangre y me calentaba la cabeza en cuestión de segundos. Grace era una mujer de
GRACETodos los días me decía que ese sería el día en que llamaría Knox y le contaría la verdad, pero a último momento, o surgía algún imprevisto o el nerviosismo me ganaba la batalla. Llevaba postergándolo por un par de semanas más y todos los malestares me estaban matando lentamente.¿Por qué no había sido bendecida como Margoth que apenas si sufría de sueño o agrieras? No, a mí me tenían que caer las molestias con todas sus fuerzas. Ese bebé sería todo un incordio como su padre, ya lo intuía.Muchos a mi alrededor empezaban a sospechar que estaba embarazada, y no era que me molestara que hablaran de mí, pero los chismes que corrían de quién era el padre empezaban a calar muy hondo. Estaba supremamente sensible, con las emociones a flor de piel y no me gustaba que mi bebé estuviera en boca de todo el mundo.No había sido nada responsable, pero era mi cuerpo y mi problema si decidía tenerlo o no. Y como no tenía corazón para abortar a un ser humano a pesar de que apenas se estaba for
GRACE ¿Podía tener tan mala suerte en la vida? No lo dudaba, si siempre que hacía algo, me salía todo mal.Cuando terminé con Dixon había prometido nunca más volver a enamorarme y cerrarme a la más mínima posibilidad si se me llegaba a presentar. Entregarle el corazón a alguien más que solo te lo destruiría en pedazos y te lo devolvería convertido en cenizas, era algo que no quería repetir.Mi madre bien decía que aprendiera de los errores. Y Dixon me había dejado marcada de por vida, por eso nunca más volvería a entregarlo todo de mí.Pero eso no quitaba el hecho de que pudiera divertirme, salir con amigos y disfrutar de mi vida. Si él lo había hecho cuando estábamos juntos y decía amarme, ¿por qué yo no podía hacerlo si era soltera, joven y hermosa?Desde hacía un año vivía mi libertad y mi soltería a lo grande, disfrutando de todo sin arrepentimientos, pero teniendo especial cuidado en no meter las patas.Y ahí estaba, sin entender cómo demonios había pasado esto. Planificaba y si
Sebastián Miré mi reloj y volví a enfocar los ojos en el pasillo por el que se había ido Margoth. Ya habían pasado veinte minutos y no entendía qué les tomaba tanto tiempo si no era que el restaurante estuviera especialmente lleno. —¿No crees que se están tardando demasiado en regresar? —dije, sintiendo esa ansiedad de que algo malo pudiera volver a pasarle a mi esposa. Knox soltó una risa y se estiró con despreocupación, cruzando los brazos a la altura de su pecho. —Relájate, hombre. Solo están en el baño haciendo cosas de chicas. —Sí, pero ya pasaron veintiún minutos. Mi amigo volvió a reír, me acercó la copa de vino que seguía intacta desde que la sirvieron y me instó a tomarla. —Bebe un poco para que te relajes. Deja de ser tan controlador. Aquí no va a pasar nada malo. —Cierto...Me tomé toda la copa de vino de golpe, mermando la ansiedad que me carcomía por dentro.Desde que Valeria la secuestró e intentó matarla, vivía constantemente pensando lo peor, alerta a cualquier
—Sabía que esa mujer estaba loca, pero nunca pensé que llegaría a hacer algo así —me dijo mi amiga mientras bebía un sorbo de su jugo de naranja—. Te dije que esa tipa no me daba buena espina. Desde el primer momento que la vi supe que era falsa y que estaba loquita por tu esposo, aunque se hiciera la mustia y se encubriera tras su enfermedad.—Sí, yo también me di cuenta de eso la primera vez que la vi —suspiré—. No quiero hablar de Valeria. Una parte de mí siente pena por ella, pero la otra no porque era consciente de lo que estaba haciendo y solo pensaba en hacer el mal. No quiero amargarme más los días con su recuerdo.—Es cierto, no hablemos más de esa loca —sacudió la mano con desdén y me miró con picardía—. ¿Cómo van las cosas con tu esposo ahora que logró embarazarte?—¡No lo digas así, Grace!—¿Entonces cómo más quieres que lo diga? Sabes que Sebastián te retuvo dejándote embarazada.Negué con la cabeza, divertida.—Las cosas entre nosotros van muy bien. Cada día me demuestra







