INICIAR SESIÓNLaura soltó una risa fría:—Ya que es tuyo, recíbelo. —Antonio no lo necesita, y Leo tampoco va a necesitar nada tuyo.Laura echó un vistazo al reloj en el suelo y, al volver a mirar a Catalina, su tono se volvió despectivo:—¿Y sabes qué? —Ese tipo de cosas que tú compras, yo puedo hacérselas yo misma.Laura cruzó los brazos y se acercó a Catalina:—Esa es la diferencia entre tú y yo. —Tú solo puedes depender de un hombre en casa, pedirle dinero y mantener una vida que parece digna. —Yo, en cambio, soy diferente. —Mi dinero, todo lo que tengo, lo he conseguido con mi propio esfuerzo. —Sin Leo, no serías nada. —Pero yo sigo siendo yo.Catalina miró el objeto en el suelo y sonrió con suavidad:—Será mejor que sigas pensando así.Levantó ligeramente el pie y devolvió el reloj hacia Laura con un pequeño golpe.Su voz era casi imperceptible:—Es cierto que es mío. —Tuve el valor de regalarlo y tengo el valor de reconocerlo. —Antes amaba mucho a Leo, por eso quería que este reloj f
Catalina respondió directamente que no iría.Laura respondió rápido: "Quiero hablar contigo."Catalina volvió a escribir: "No tengo nada que hablar contigo."Laura tardó un buen rato en volver a escribir.Cuando Catalina ya se estaba alistando para salir, llegó otro mensaje de Laura.Decía que estaba en la Residencia Lago.Seguramente Laura ya la estaba esperando afuera desde antes, solo esperando a que Catalina bajara.Catalina bajó al sótano y sacó el auto.Entonces vio el auto familiar afuera.Era el auto de Leo, con el chofer que había traído a Laura.Laura estaba de pie junto a la puerta del auto.Catalina abrió la puerta y bajó:—¿Qué quieres?Laura fue directa:—En el hospital ya lo viste, Leo todavía me ama.Catalina esbozó una sonrisa burlona:—Sí, lo vi. —¿Viniste solo para decirme eso?Laura bajó la cabeza:—Lo siento. —Antes, de verdad solo veía a Leo como un amigo. —Sabía que entre nosotros había sentimientos, pero no les di importancia.—Pensé que todo eso ya había q
Manuel se sentó junto a Catalina.Miró un momento el televisor y luego le tendió un paquete de caramelos sin decir nada.Ese día, Manuel también había ido a ver a Leo.Pero no entró; se quedó afuera.Cuando escuchó a Mateo decir que Leo se había soltado el cinturón para salvar a Laura en el accidente, vio la expresión perdida de Catalina y cómo sus ojos se enrojecieron de repente.Supo que en ese momento ella debió sentirse tan mal que quiso morirse.Tuvo muchas ganas de abrazarla, pero no podía.El profesor Andrés se sentó frente a Catalina con su bandeja:—Mañana daré una conferencia en la Universidad Ajina. —Ven a escucharla, te vendrá bien distraerte.Catalina lo miró:—Está bien.No rechazó la invitación. Sabía que era un gesto de buena voluntad del profesor Andrés.Esa noche, Catalina regresó a la Residencia Lago. Noelia ya había preparado la cena.En cuanto entró, sintió el fuerte aroma de la comida. Colgó el bolso en el perchero de la entrada.—¿Tan abundante? ¿Hoy hasta hi
Leo bebió otro sorbo de agua y le devolvió el vaso vacío:—Sirve otro.Javier echó un vistazo a su celular:—Polo viene en camino. —Yo me voy antes de que llegue, no quiero oír sus tonterías.Leo levantó la vista lentamente:—¿Acaso yo quiero oírlas?—Buena suerte.Catalina estaba frente al espejo del baño, casi metiendo la cabeza en el lavamanos.Dejó correr el agua del grifo sin parar y se mojó la cara una y otra vez, presionando el agua helada contra sus labios.Hasta que la temperatura bajó, Catalina se miró en el espejo y respiró hondo.Sacó un pañuelo de papel y se secó las gotas de agua del rostro.Doña Carla estaba detrás de ella, no sabía desde cuándo.Levantó la mano y le dio una palmada suave a Catalina, con una chispa de dolor en los ojos.La abrazó:—Catalina, te compensaremos. —Dime lo que quieras.Catalina esbozó una sonrisa amarga:—Abuela, si te digo que quiero el divorcio, ¿aceptarás?Doña Carla se quedó rígida.Miró a Catalina y respondió sin dudar:—No.Catalina d
Al oír eso, doña Carla casi se desmayó.Miró a su alrededor buscando a Catalina, pero ya no había rastro de ella.Dentro de la habitación, Laura apoyó suavemente la mano sobre la sábana:—Leo, ¿por qué te soltaste el cinturón en el último momento para salvarme?Su voz temblaba:—¿Sabes? Cuando me enteré de que habías estado ayudando a Antonio, la verdad me alegré mucho. —Desde que volví al país, he estado reprimiendo mis sentimientos por ti, porque sé que no puedo amar a un hombre casado. —Me dije a mí misma que los arrepentimientos del pasado ya habían pasado, que solo quería trabajar bien y cumplir mis sueños.La voz de Laura se quebró:—Pero, justo en el momento del accidente, me arrepentí muchísimo. —¿Acaso vamos a pasar toda la vida perdiéndonos el uno al otro? —Me protegiste sin pensar, es porque me amas, ¿verdad? —Siempre eres frío con todos, a veces no sé qué sientes realmente por mí. —Pero en ese momento lo supe: me amas.Laura apretó la sábana de la cama, se mordió el l
El beso de Leo se detuvo lentamente.Aún seguía abrazando a Catalina con fuerza, el rostro hundido en la suave tela de su ropa.Los latidos de su corazón, el temblor de su cuerpo cálido...Todo revelaba su fragilidad en ese momento.Catalina intuía que lo que él temía no era la muerte.Leo la sostuvo en silencio, sin decir una palabra.Hasta que Catalina intentó apartarlo.Entonces sus labios se pegaron a su oído:—No me apartes.Leo bajó la cabeza, la punta de su nariz apoyada en el hombro tibio de ella. Sus dedos rozaron varias veces la cintura de Catalina antes de soltarla lentamente.Catalina preguntó de forma aturdida:—¿Qué es lo que temes?Leo apretó los labios durante un largo rato.Luego, Catalina lo escuchó decir con voz áspera y ronca:—Laura.Se apartó de ella, levantó las sábanas y preguntó con urgencia:—¿Dónde está Laura?Leo se arrancó el gotero de la vena y salió corriendo de la habitación gritando:—¡¿Dónde está Laura?!Doña Carla, que estaba en la puerta, dijo angus







